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La saga del trovador
Una
de las primeras ganancias del encuentro fue el
deslindarlo del concepto de aprovechar la ocasión para
seleccionar, en materia de cantautores, a los proyectos
nacionales de la AHS. Asociado a esta ventaja, el evento
se armó en torno a la realización de conciertos, en la
mayoría de los casos llevados a cabo entre varias
figuras, pero con la posibilidad de que cada trovador
pudiese interpretar alrededor
sus temas.
Joaquín Borges Triana
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Santa Clara
Fotos:
Alain Gutierrez
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Opiniones del Festival Longina
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Galería de fotos
Hace tres años, en
las páginas de El Caimán Barbudo, escribí un
elogioso comentario a propósito de la celebración por
aquellos días de la quinta emisión del Festival Longina,
encuentro nacional de trovadores organizado por la
Asociación Hermanos Saíz villaclareña. Por distintos
motivos no pude asistir a las siguientes dos ediciones,
pero hasta mí llegaron las opiniones generalizadas en
cuanto a que el evento había comenzado a languidecer y
que ya no se comparaba a lo que yo pude presenciar. Fue
ese un motivo más que suficiente para que al recibir
semanas atrás la invitación para concurrir a la
convocatoria del presente 2004, no dudase un instante en
abrir espacio en mi apretada agenda y trasladarme hasta
Santa Clara. Felizmente, los miembros de la AHS de Villa
Clara recargaron sus baterías y el Longina cobró algo
así como un segundo aire.
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Una de las primeras ganancias del encuentro fue el
deslindarlo del concepto de aprovechar la ocasión para
seleccionar, en materia de cantautores, a los proyectos
nacionales de la AHS. Con ello, se eliminaron las
tensiones que siempre conlleva todo certamen de carácter
competitivo. Asociado a esta ventaja, el evento se armó
en torno a la realización de conciertos, en la mayoría
de los casos llevados a cabo entre varias figuras, pero
con la posibilidad de que cada trovador pudiese
interpretar alrededor de seis temas. Entre quienes
tuvieron esta oportunidad estuvieron los cienfuegueros
Ariel Barreiros y Junior Navarrete (perfecto complemento
uno del otro en tanto la ternura que emana el primero y
la proyección performática que asume el segundo); los
spirituanos Delvis Sarduy, Luis Ulloa y Raidel «Fito»
Bernal (profundos conocedores de la trova de su región
natal); los matanceros del dúo de Lien y Rey (cada vez
que los escucho le doy gracias a la vida porque exista
el arte musical); los habaneros Inti Santana, Ariel
Díaz, Fernando Bécquer, Silvio Alejandro, el dúo Karma,
Diego Cano (hoy por hoy, una de las mejores voces de
nuestro país) y el avileño Pavel Poveda.
Entre los momentos
climáticos del Longina estuvieron las presentaciones de
Yamira Díaz y su grupo, en el patio del Museo de Artes
Decorativas, y una de William Vivanco en el teatro La
Caridad, un concierto que si bien tuvo el atractivo de
ver al santiaguero con el respaldo de algunos músicos,
en un pequeño formato ideal para su propuesta, resultó
por momentos un tanto plano y carente del rapor de que
fuera gala su última actuación en el Centro Pablo.
Asimismo, el evento sirvió para hacer el lanzamiento del
fonograma titulado Desde el umbral, conformado
con los proyectos nacionales elegidos en el Longina 2003,
es decir, el villaclareño Michel Portela, la camagüeyana
María Eugenia Blanco, el matancero Antonio Ávila y los
ya mencionados Inti Santana, Karma, Lien y Rey.
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En
la sana intención de extender el festival fuera de Santa
Clara, las voces y guitarras de varios de los
participantes se oyeron en instalaciones culturales de
los municipios de Ranchuelo, Camajuaní, Remedios y
Cifuentes. Lamentablemente, la actividad programada para
Sagua la Grande tuvo que ser suspendida por la no
comparecencia del transporte destinado a trasladar a los
artistas. En mi caso, visité Caibarién, que me dio el
privilegio de ir una vez más al cementerio donde se
encuentran los restos de Manuel Corona y de su musa
Longina y poder presenciar la peña Versos entre
cuerdas, que en dicha localidad lleva adelante cada
mes el trovador Yony Cabrera. Allí actuaron, entre
otros, el holguinero Fernando Cabreja, el dúo Anhelos,
con un trabajo muy sólido tanto en la interpretación de
versiones como a la hora de asumir sus propias
composiciones, y el dueto local de Janet y Quincoso,
para mí todo un hallazgo por la tremenda calidad de su
propuesta, armada en lo fundamental en torno a la
musicalización de diversos poetas cubanos como José
Martí y reconocidos escritores hispanos, de la talla de
un León Felipe, con una labor guitarrística muy
influenciada por aires de la música clásica.
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Sería imposible
hablar del Longina sin aludir al formidable concierto de
despedida, protagonizado por la gente de la casa, es
decir, Alain Garrido, Michel Portela, Yordán Romero,
Leonardo García, Diego Gutiérrez, Raúl Marchena y
Rolando Berrio, sin duda, el alma del movimiento en la
ciudad, quienes invitaron al tunero Fredy Laffita.
Asimismo, vale la pena recomendar el replantearse la
nómina de participantes, pues al ser tantos los artistas
invitados, literalmente no alcanzan los espacios para
programarlos a todos y siempre hay algunos que apenas
intervienen, como les sucediese al dúo Salamandra, al
pinareño Yordy Toledo, al guantanamero radicado en
Holguín Alito Abad y a varios de los propios
anfitriones. También hay que referirse a las descargas
en la sede de la UNEAC, donde se reunía el mejor público
que hay en Cuba para este tipo de música y en las que
brillaron nombres como los de Víctor Quiñones, el
bajista Alejandro G. Ibarra, el percusionista Ariel
Marrero, Adrián Berazaín en la armónica, la corista
Mayela, los violinistas Asley y Liván Labrador (Achecha),
quien resumiera en una canción el espíritu del
encuentro, de la cual reproduzco un fragmento, y con la
que todos los participantes le agradecíamos las
atenciones a la gente de la AHS provincial, entre
ellos, Yanelis, Baby y Eliot, por organizar esa fiesta
de buenas canciones que fuera la octava emisión del
Longina:
Conozco un sitio en
la tierra / donde no vi la mañana. / Iba yo de fiesta en
fiesta, / tarde, noche y madrugada. / Era un pueblo muy
bonito / con un parque muy alumbrado a gente linda. /
Eso sí, un ron intomable (fula-fula) / La resaca es
infinita.
Mira que el planeta
come mierda en tantas guerras / si según los mayas el
2012 pone fin / nada, de aquí a allá nos quedan unas
cuantas farras / pa’ poder contar la historia como notas
de un violín.
Con una guitarra
damos paso a la esperanza / somos el terror, no damos
tregua por igual / mas con tantas almas fundiremos a la
vida / para en la partida volvernos a encontrar.
Cuando veas a Longina
/ pregúntale por Eliot / un poco triste y cansado en una
esquina lo vi / tocar su viejo trombón.
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