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MAESTRO DE GENERACIONES
Despedimos
a un hombre de la cultura, un marxista, a
un martiano. Premio Nacional de Ciencias Sociales, al
sagaz y valiente periodista que escribió reveladores
reportajes de denuncia en la revista Carteles,
fiel reflejo de una época que el imperialismo trata de
imponernos.
Froilán
González|
La Habana
Desde el sábado 17 de
enero hemos vivido bajo una constante e impresionante
emoción de dolor y asombro. Ese día visitamos a nuestros
entrañables amigos Oscar Pino Santos y su esposa Elsa
Ruiz.
Fue una tarde llena
de aprendizaje, como todas las que compartíamos con él,
de optimismo, de proyectos, de cómo seguir defendiendo
los principios, de la visita programada a la Universidad
Agraria, de la siembra de árboles en lo que será el
Bosque Latinoamericano Simón Bolívar y el acto de
homenaje a José Martí.
Hablamos, nos reímos,
y compartimos sueños. Nos despedimos para ver el
programa en televisión «Entre Libros» ese día dedicado
a su vida y obra. Nos acompañó con una cariñosa sonrisa,
fijada para siempre en nuestra memoria.
Poco después de ver
el programa, recibimos la llamada de Elsita que llorando
nos comunicaba que Oscar acababa de fallecer. Resultaba
algo increíble que su noble corazón hubiera dejado de
latir.
Compartiendo el dolor
de su hija Carina y de Elsita, estuvimos
en la funeraria hasta que lo trajeron cubierto con
la bandera cubana y todas sus medallas de combatiente
pleno y digno. Todo fue pasando como una irrealidad.
En el cementerio,
Elsa y Carina me pidieron que
dijera unas palabras. Nuevamente el dolor y el asombro.
Allí dejábamos a uno de los grandes e importantes
intelectuales cubanos, a un hombre de la cultura, un
marxista, a un martiano. Premio Nacional de Ciencias
Sociales, al sagaz y valiente periodista que escribió
reveladores reportajes de denuncias en la revista
Carteles, y que recientemente fueron publicados en
forma de libro Los Años 50, fiel reflejo de una
época que el imperialismo trata de imponernos.
Allí despedíamos al
diplomático que abrió las relaciones con la República
Popular China, primer Embajador Cubano y Latinoamericano
en ese inmenso país durante siete años.
Pino Santos fue el
último occidental que conoció a todos los dirigentes de
la Gloriosa Revolución China, desde Mao y Chou En Lai,
hasta el mariscal Chen Yi.
Despedíamos al que
escribió las primeras cuarenta y cinco palabras de la
Ley de Reforma Agraria, de las que dijo que era lo mejor
que había escrito en su vida.
Un hombre que
escribió artículos, reportajes y más de una veintena de
libros, entre ellos El Asalto a Cuba por la
Oligarquía Financiera Yanqui, premio ensayo Casa de
las Américas 1973, Los Tiempos de Fidel, el Che y Mao
e Historia de Cuba: aspectos fundamentales.
No, no queríamos
despedirnos de esa forma. En ese momento recordé como un
día nos contó como siendo Embajador cubano en China fue
a visitar a Compay Segundo, cuando aún no era célebre,
y se desempeñaba como Comisario Político de los primeros
pilotos de guerra de Cuba que se preparaban en China.
Al entrevistar a
Compay Segundo para un libro, en
preparación, sobre China nos dijo: «Lo publican
cuando muera». Meditó un poco y afirmó: «Aunque yo no
voy a morir nunca. Cuando ese momento llegue, me
transformaré y seré una mariposa. ¿Cuántas personas
vivirán como mariposas entre las rosas? Por eso yo nunca
mato una mariposa».
Nosotros recordaremos a Oscar vivo, como las mariposas de Compay Segundo entre
las flores, o en los árboles de nuestra Patria que ayudó
a liberar, en sus libros, como maestro de generaciones,
en la Batalla de Ideas, en su fidelidad a la Revolución
y a Fidel, de lo que dio pruebas en todas las
circunstancias vividas.
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