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EL LEGADO DE UNA TRADICIÓN
 
La obra de Oscar Pino Santos no requiere presentación en Cuba. La historiografía republicana sería distinta sin sus aportes. Pino Santos introdujo cambios decisivos en los estudios de la historia republicana... Con su nueva perspectiva hizo posible una ruptura abierta con el esquema positivista de Guerra.


Jorge Ibarra Cuesta | La Habana


La obra de Oscar Pino Santos no requiere presentación en Cuba. La historiografía republicana sería distinta sin sus aportes. Por otra parte, quienes podrían valorar mejor su obra, desde la perspectiva común que compartían, sus compañeros de estudios marxistas de la economía cubana, Carlos Rafael Rodríguez y Jacinto Torras, ya no se encuentran entre nosotros.

De ahí que estas líneas solo tengan por objeto aportar un testimonio de época sobre la significación que tuvieron algunos de sus escritos en los medios universitarios y revolucionarios en los años 50. Un testimonio histórico que es también un testimonio de gratitud, pues nuestra toma de conciencia revolucionaria estuvo vinculada en más de un sentido a la lectura de sus escritos. De manera parecida sus ensayos y síntesis históricas publicadas, con posterioridad al triunfo revolucionario, contribuyeron a nuestra formación como historiadores. De ahí que escribamos estas líneas no solo como testigos de una época, sino también como legatarios de una tradición.

Hay un hecho que el autor de este libro, sin dudas por modestia, no destaca en su introducción y que resulta imprescindible para comprender la significación de la página que escribió para la revista Carteles de 1954 a 1958. Durante esos años la única sección periodística fija en los medios masivos de comunicación escrita con un enfoque marxista fue la de Pino Santos. Ahora bien, para que su mensaje llegase a las capas más amplias de la población, sin que la dirección de la revista se percatase de su orientación, era preciso que prescindiese de la terminología marxista. Se trataba entonces de revelar los hechos de la explotación y el dominio imperialista de manera tal que los lectores llegasen por su cuenta a conclusiones opuestas a las que predicaba la burguesía dependiente y la dictadura. Sin incurrir en las formulaciones vagas o estridentes de algunas corrientes populistas, ni reduccionistas y apodícticas de cierto sectarismo marxista, el autor encontraría un lenguaje ameno y accesible al alcance de los lectores de la revista.

La diversidad de temas que abarcaron estos escritos, definió el propósito del autor de llegar a todas las capas del pueblo cubano. Las denuncias que formuló constituyeron un llamamiento a la conciencia de todos los cubanos, no a las de un grupo o una clase social en particular De ahí que los diversos problemas que afectaban la vida cotidiana de los cubanos de los más distintos credos y procedencia social, fueran analizados de manera sistemática por el autor.

La crítica a las políticas de la dictadura de Batista y la burguesía dependiente evidencia que éstas afectan de manera parecida a la clase media urbana, al campesinado y a los trabajadores. Así la restricción azucarera, el sistema arancelario y fiscal, las prácticas crediticias de las instituciones financieras, la deforestación, el latifundismo, los tratados de Reciprocidad Comercial firmados con Estados Unidos, eran expresión de un sistema de privilegios que excluía de sus beneficios a las grandes mayorías populares y mantenía estancada a la economía cubana. Los datos que evidenciaban la existencia de una crisis económica permanente fueron expuestos por Pino cuando analizó los niveles de vida de los inicios de la República y los comparó con los de la década de 1950. El creciente deterioro de los salarios reales y del nivel de vida de  las clases laboriosas y la clase media, evidenciaban el proceso catastrófico al que estaba abocada la República en la década de 1950.

Ahora bien, en la literatura económica de los años 40, las referencias al proceso de proletarización que tenía lugar eran más bien escasas. Este hecho no fue obstáculo para que Jacinto Torras previese en 1949, las dimensiones desproporcionadas que tomaría el desempleo con la agudización de la crisis y en 1953, describiese al desempleo como un fenómeno que comenzaba a tomar un carácter global en la medida que abarcaba a cerca de un 67% de la población en edad laboral. No obstante le correspondió a Pino Santos, desde las páginas de Carteles, profundizar en el desempleo como un proceso que afectaba en gran escala a la juventud en las ciudades y en el campo. De ahí sus reportajes sobre la juventud y el forum referido a la crisis económica, que se efectuó en la Universidad de la Habana. Y en otros artículos vinculaba la emigración de jóvenes a otros países al creciente desempleo.En la medida que el paro era uno de los males que incidía de manera particularmente aguda sobre la juventud, los escritos de Pino Santos eran discutidos en los medios universitarios y la crisis que afectaba a la nueva generación era vinculada a la que sufría todo el país, Uno de los artículos que tuvo mayor repercusión en el país, por el hecho de revelar las cifras del desempleo, a partir de fuentes gubernamentales, fue uno que tituló, «Más de 1 235 000 desempleados en Cuba.»

En dos reportajes que publicó para su página de Carteles Pino Santos denunció con posterioridad el proyecto de dividir la Isla en dos, el llamado Canal Vía-Cuba. La denuncia contribuyó a movilizar la opinión pública contra el engendro promovido por el régimen e intereses norteamericanos.

A lo largo de toda la Isla tuvieron lugar actos de protesta escenificados en distintos centros estudiantiles. En la Universidad de Oriente, se incendió un ómnibus en acto de repudio contra el designio de la dictadura y los principales dirigentes universitarios fueron encarcelados. Los partidos políticos y la prensa rechazaron de manera unánime el proyecto. Tal fue la oposición que encontró el plan entreguista de la soberanía nacional, que un mes después la dictadura hubo de desistir de sus propósitos.

Los escritos que recoge este libro, resultado de una investigación sistemática de su autor en las publicaciones estadísticas y en una diversidad de archivos, constituyen, de por sí, una fuente de primer orden para la historia social del período. Algunos de los resultados de esta investigación primaria fueron incorporados con posterioridad a las síntesis históricas de más largo aliento que escribió luego el autor. Ahora bien, la historiografía cubana tiene todavía ante sí la tarea de reconstituir la influencia que ejerció el periodismo de la época, en la forja ideológica del proceso revolucionario y en el pensamiento de las vanguardias políticas. En ese sentido nuestro más encarecido deseo es que estas notas constituyan un estímulo al comienzo de estudios sobre el papel que desempeñaron pensadores como Oscar Pino Santos.

Prólogo a Los años 50. Instituto Cubano del Libro. La Habana,2001.

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