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DANZA CONTEMPORÁNEA:
ANIVERSARIO Y DISYUNTIVA
 
Danza Contemporánea de Cuba intensifica sus experiencias artísticas y lo hace con la base del rigor. Nuestros votos por que la internacionalización y el fogueo no limiten, sino que propicien la consolidación de un discurso coreográfico sólido y propio.


Tania Cordero| La Habana


En el último bienio la participación de coreógrafos extranjeros y la entrada de un numeroso grupo de excelentes bailarines egresados de la Escuela Nacional de Arte han insuflado nuevos bríos a la labor de Danza Contemporánea de Cuba (DCC). Justo comenzando  el año de su aniversario 45, la compañía asume su primera temporada indicando  que seguirá ese sendero interesante y levemente polémico.

Si bien los aplausos de Compás, del prestigioso Jan Linkens, todavía se escuchan y le han valido a la emblemática tropa el codiciado Premio Villanueva de la Crítica 2004, no todo apunta a que esta colaboración consiga brindar siempre los mismos frutos. Se sabe de lo fructífero de estos intercambios con coreógrafos entrenados en el lenguaje actual del movimiento danzario internacional, de lo provechoso que debe resultar esta cooperación en un proceso de formación profesional como en el que se encuentran buena parte de los integrantes de la compañía. De hecho Misa en piso, del italiano Luca Bruni, y Carmen, según el sueco Kenneth Kvamström, las obras con que DCC inauguró este año, hablan de un camino de indagaciones que se aviene a lo que parece una zona que incentiva al equipo de Miguel Iglesias.

El pero ha comenzado a murmurarse entre espectadores avisados y especialistas, y aparece en forma de inquietas preguntas. ¿Conseguirá la compañía mantener el equilibrio entre la producción de los coreógrafos cubanos y los visitantes? ¿Se mantendrá al tanto de que las propuestas nuevas se integren, teniendo en cuenta el repertorio sin repeticiones temáticas o de soluciones estéticas ya vistas?

Bruni ha escogido para su encuentro con nuestra agrupación una obra ya probada con su Oplas Teatro. Este alumno de la Escuela Nacional de danza de Roma y de la Escuela de Maurice Béjart se ha confesado un revisitador de los clásicos para aproximarlos a los avatares actuales. Con Misa en piso nos regresa a uno de los temas más recurrentes de nuestra escena: el ensayo a horas de la función. Sin la típica barra ni implantando una mímica aburrida, la sesión recrea las pasiones y expectativas de jóvenes bailarines recién incorporados a una compañía profesional. Los movimientos en conjunto alcanzan armonía y los planos escénicos se complementan con inteligencia. Los intérpretes logran, desde el trabajo de grupo, distinguir las peculiaridades de cada uno. Isabel Blanco vuelve a lucir su carisma en su rol de ensayadora. Lástima que algunas situaciones se tornen largas y previsibles, o que los micrófonos ensucien la comunicación.

Más inquietud despierta la Carmen, de Kvamström, considerado uno de los principales coreógrafos nórdicos de hoy. Palpita, cuestiona, utiliza la parodia aguda esta versión de un clásico asumido solo por hombres. Los cuerpos trasmiten energía continua, lucha, pasión y ternura; los roles se traspasan y los bailarines viven el triángulo amoroso desde todos los ángulos. La parodia, aunque a ratos extensa, incluye lo varonil yuxtaponiendo amaneramiento y virilidad. Los intérpretes vuelven a mostrar su virtuosismo técnico, así como lo dúctil de sus cuerpos.

La autenticidad y el orgánico tejido argumental que enseña Cara o cruz, del cubano Jorge Abril, no por conocida dejó de cautivarnos. Este solo de la experimentada y carismática Luisa Santiesteban permite disfrutar a una bailarina madura, en plena capacidad técnica y con variedad en sus registros expresivos. Abril se apoya en una exquisita selección musical (Canciones Remotas No. 3, de Leo Brouwer, y Camerata en Guaguancó, de Guido López Gavilán) para mostrarnos los tormentos, las obsesiones y las alegrías de su protagonista.

Danza Contemporánea de Cuba intensifica sus experiencias artísticas y lo hace con la base del rigor. Nuestros votos por que la internacionalización y el fogueo no limiten, sino que propicien la consolidación de un discurso coreográfico sólido y propio.
 

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