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EL CRÍTICO ES ALGO MÁS QUE UNA MIRADA
Experiencia de la crítica,
una selección de Luz Merino Acosta que reúne ensayos y
artículos fundamentales de la crítica de arte escritos
por Graziella Pogolotti, fue presentado este viernes en
el patio del Palacio del Segundo Cabo
en un acto que desbordó las expectativas habituales de
un evento de este tipo en la
sede del Instituto Cubano del Libro.
Carina Pino-Santos |
La Habana
Experiencia de la crítica,
una selección de Luz Merino Acosta que reúne ensayos y
artículos fundamentales de la crítica de arte escritos
por Graziella Pogolotti, fue presentado este viernes en
el patio del Palacio del Segundo Cabo
en un acto que desbordó las expectativas habituales de
un evento de este tipo en la
sede del Instituto Cubano del Libro.
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Así, más que
lanzamiento convencional, el suceso se convirtió en un
homenaje a la doctora que cumplirá mañana, 24 de enero
72 años y, simultáneamente, en un conjunto de
intervenciones que develaron significativos ángulos
sobre su obra
La doctora Luz Merino Acosta se refirió, entre otros
aspectos, a aquellos temas que Pogolotti trabajó y que
se adelantaron mucho a criterios que luego la historia
del arte y la crítica desarrollaría, así como a sus
aportaciones en cuanto a los análisis de las vanguardias
artísticas.
Por su parte, Helmo Hernández , presidente de la
Fundación Ludwig de Cuba y uno de sus colaboradores,
expuso —en lo que pudiera ser considerada una magistral
conferencia—, la obra de Graziella, como un poliedro de
múltiples aristas, de las cuales la crítica de arte
refleja las otras múltiples interconexiones con el resto
de las manifestaciones artísticas, y se refirió a la
autora como una de las protagonistas de la fundación de
la nación y de la cultura cubana, así como a la
importancia de su formación intelectual europea, y a la
visión también avanzada de sus días de estudiante en
París, donde fue selectiva para participar en los
eventos de mayor significación de su época, además de
discursar, de forma panorámica, sobre importantes hechos
biográficos y reflexiones que abre la obra de Pogolotti.
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Luz Merino, Helmo Hernández y Grazziela Pogolotti en
la presentación |
Experiencia de la crítica
es para la editora de este libro y quien suscribe estas
líneas, en primer término, una de las contribuciones
fundamentales a la historia de la crítica de arte en
Cuba; camino que, por cierto, espera nuevos y rigurosos
abordajes.
Paralelamente no pudiera dejar de relacionarlo con la
trascendencia que la personalidad de la propia Pogolotti
tuvo en el período de labor del antiguo jefe de
redacción de arte de la Editorial Letras Cubanas (que
publica este libro). Para el editor Radamés Giro, la
doctora ha sido, como una luz necesaria ante cualquier
incertidumbre, inquietud, dilema, o sencillamente, el
pensamiento imprescindible al que acudir para
reflexionar sobre cada proyecto. Y, por tanto, en mi
experiencia editorial, y bajo la dirección de Giro, la
asesoría de Graziella ha constituido un aprendizaje
insólito de cultura y un inusitado ejercicio de
pensamiento.
Siempre he pensado en esta generación, la suya, la de mi
padre, la de esos intelectuales que han aplicado el
marxismo desde profundas convicciones —sin dogmatismos
innecesarios—; poseedores, además, de una capacidad
excepcional de trabajo y del saber que proporciona una
vastísima cultura que les ha permitido no solo
aprehender, sino asimilar y transmitir complejos
procesos de la cultura, sin dejar de ejercer, en tiempos
difíciles, la práctica de una eticidad y un sentido del
deber hacia la historia y la sociedad cubanas.
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Entre el público asistente al Palacio del Segundo
Cabo el Ministro de Cultura Abel Prieto, Jorge Luis
Arcos (izquierda) e Iroel Sánchez (derecha),
presidente del ICL |
Pese a los cambios que el arte cubano nos ha deparado en
la última década, como resultado de una continuidad en
la tradición histórica del arte, la obra de Graziella
sigue constituyendo una de las contribuciones más
esenciales y coherentes, con vigentes aportes resaltados
por la doctora Luz Merino Acosta en su estudio
introductorio a esta selección, preparada luego de una
minuciosa investigación de la historia de la crítica en
Cuba y de la propia obra de la autora.
Experiencia de la crítica,
no obstante la distancia cronológica que media entre la
producción de Graziella y la actualidad, considero, es
también un libro esencial dadas las circunstancias en
que se observa el devenir de la crítica de arte en Cuba
que, en algunos ejemplos, deriva en exceso hacia las
corrientes teóricas y centristas en boga, se inclina
hacia el ahistoricismo, deriva en historiografía, en un
concepto formalista del arte, o se convierte —en el peor
de los casos—, en una reducción del género solo cual
promoción de obras y artistas, como resultado de una
comercialización turística, o de la inserción de los
cubanos en la mainstream.
En una fecha tan lejana como abril de 1959, Pogolotti
publica un artículo donde declara: «Porque me hubiera
gustado encontrar en la joven pintura un deseo menos
manifiesto de complacer al público. Esperaba un conjunto
de obras menos agradable, más agresivo, más innovador».
Los ensayos de arte de Graziella se erigen, entonces, y
como he subrayado, y no obstante el tiempo, subraya en
su introducción Luz Merino, como «textos no superados,
en los cuales si bien es coincidente con la difusión
legitimante, la trasciende a través de la dialéctica
entre explicar y comprender el fenómeno», y la
investigadora apunta, además, cómo la autora descubre
los entonces nuevos valores: Antonia Eiriz, Raúl
Martínez y Ángel Acosta León.
Mas estas revelaciones no conforman el devenir de una
crítica complaciente. Graziella es una fina, aguda y
acerada polemista, sin dejar de ser delicadamente
constructiva, valores que lamentablemente se debilitan,
cada vez más, en nuestro acontecer actual. En este
sentido, su polémica con el artículo publicado en
Nuestro Tiempo (1959), titulado «La pintura
abstracta y la dictadura» es todo un magisterio: «...
sin quererlo —nos dice Graziella— Roberto Fandiño
atribuye al gobierno de Batista una política cultural.
Lo que nunca existió».
Sus conceptos sobre la recepción de la crítica se
adelantan un cuarto de siglo a la actualidad. Pareciera
que el eminente ensayista Edward Said y el investigador
Irvin Howe, profesor de la Universidad de Nueva York,
continuaran en 1989 criterios que desde la pequeña Isla
ya había develado Graziella en 1965, al hablarnos de la
oscuridad y el exclusivismo de la crítica, cual
entelequia, como resultado de la tendencia, cada vez
mayor, de alienarse del público lector más extenso, y de
la especialización en todos los campos académicos.
Pogolotti aseveró estos riesgos hace ya más de dos
décadas cuando advierte que ello «reduce muchas veces la
crítica a un lenguaje hermético, destinado a unos pocos
iniciados. De ahí —asevera la doctora— mi obstinación
por reducir las etiquetas con que se quiere clasificar
la sorprendente riqueza del arte contemporáneo, a unos
cuantos términos, los que tienen ya asegurada una mayor
difusión».
La crítica de arte de Graziella Pogolotti devela no solo
lo factual de la obra, sino también su propia dialéctica
interior que incluye la penetración en las
contradicciones sociales e históricas en las que ha sido
creada, y que genera lo que el crítico norteamericano
Donald Kuspit ha llamado «el mito de la profundidad del
arte».
Ejemplo de lo anterior es su ensayo sobre el
expresionismo abstracto, donde, de forma directa, sin
ser simplista, nos dice: «Porque no reducen su obra a un
simple juego formal, se han dado el nombre de
expresionistas abstractos...» Y más adelante, explica:
«Dirán algunos que ese arte no representa el momento que
está viviendo Cuba. Pero podría añadirse que si no lo
representa, por lo menos, en cierta medida, lo
‘expresa’».
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Carina Pino-Santos, editora del libro, lee las
palabras de presentación |
Más allá de las múltiples interpretaciones críticas y de
estudios serios como el de la doctora Luz Merino Acosta
que acompaña este libro, pienso en la autora como una
sismógrafa de su época, pero no solo en la distancia
científica, sino desde su profundo amor a la savia de la
cultura cubana, que es inseparable de la formación que
le inculcara su padre, el artista y escritor Marcelo
Pogolotti, a quien, pese a vivir la mayor parte de su
vida en el extranjero, no considera en ningún modo, y
con la sinceridad de su afecto de hija, un desarraigado.
«Conservó siempre en su memoria, con precisión
sorprendente —asevera con convicción y cariño filial
Graziella— la imagen de su ciudad, la descripción exacta
de las calles, de la arquitectura de las casas y, sobre
todo, del drama social de su país. Quizás el rasgo
fundamental de su conducta fuera el de la fidelidad a su
tarea de intelectual, a la patria, a los ideales del
socialismo, a sus efectos.»
«El crítico es algo más que una mirada» advierte en una
de las páginas de este libro Graziella, y es, me atrevo
a añadir, gracias a su magisterio insoslayable, el
intelectual comprometido, capaz de privilegiar las
dificultades, cualesquiera que estas sean, antes que la
pérdida de dignidad.
Experiencia de la crítica
es, desde luego, un paradigma de estas verdades que una
generación ha hecho realidad. Siento que a la dedicación
de estas vidas debemos una continuidad, como la de
seguir la inextinguible enseñanza diaria de Graziella,
de su trabajo cotidiano desde la UNEAC, de su obra y
labor que, cada día, nos devela nuevos caminos para la
construcción de nuestra cultura. |