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ENTRE LA RESPONSABILIDAD
Y EL RIESGO
Periodista, economista, escritor, historiador… Oscar
Pino Santos supo llevar el conocimiento con gran
sencillez y virtuosismo. El vasto espectro de sus
intereses investigativos unido a su natural talento para
las más duras pesquisas testimoniales y bibliográficas,
lo convierten en uno de los más dotados cientistas
sociales de la Revolución.
Magda
Resik Aguirre|
La Habana
Ante su biblioteca
personal cualquier conocedor admiraría la organización y
riqueza de títulos. Los libros fueron sus tesoros,
quizás sólo superados por su amor filial y esa fidelidad
inconmovible a la nación cubana.
Heredero espiritual
de grandes pensadores como José Antonio Saco, José de la
Luz y Caballero y Félix Varela, sus investigaciones se
inscriben en tan alta tradición humanista de nuestro
pensamiento y en la vocación independentista que ha
caracterizado a la vanguardia intelectual de Cuba en
todos los tiempos.
Periodista,
economista, escritor, historiador… Oscar Pino Santos
supo llevar el conocimiento con gran sencillez y
virtuosismo. El vasto espectro de sus intereses
investigativos unido a su natural talento para las más
duras pesquisas testimoniales y bibliográficas, lo
convierten en uno de los más dotados cientistas sociales
de la Revolución.
Ensayos como El
asalto a Cuba por la oligarquía financiera yanqui,
su análisis del impacto del imperialismo en la economía
cubana y su participación como ponente de la Ley de
Reforma Agraria que dio al traste con el latifundio y la
concentración de las tierras en manos de la oligarquía
financiera y foránea, son ejemplos de su lucidez y
eficacia intelectual. No por gusto, recibió el Premio
Nacional de Ciencias Sociales en el 2002; lauro merecido
que no logra abarcar la extensión de sus méritos
profesionales.
Pino Santos también
fue un periodista ejemplar. Pocos como él retrataron en
lúcido y desgarrador testimonio, el triste capítulo de
nuestra historia prerrevolucionaria. Bajo el título de
Los años cincuenta, Ediciones especiales del
Instituto Cubano del Libro, nos trajo de vuelta
veintiocho de sus reportajes, artículos y ensayos,
publicados en el semanario Carteles entre 1954 y 1958.
Con el complemento poderoso de las fotografías de Raúl
Corrales, constituyen una muestra de lo mejor del nuevo
periodismo que se produjo en Cuba.
De sus dotes como
escritor hablan especialmente Complot y JFK
¿quién lo mató? Dos testimonios que bien pueden
confundirse con la más lograda ficción, dada la belleza
de su escritura y el manejo de un suspense que
nos devela el hilo conductor de las pesquisas
investigativas del autor. Al final, la lectura agrega
evidencias a la hipótesis de que manos entrenadas para
disparar contra Fidel Castro fueron también las
responsables de uno de los más trágicos magnicidios de
la era contemporánea.
Pino Santos es de
esos entrevistados nobles, cuyo discurso fluido y sagaz
conquista. Si algo duele de su ausencia, es la
imposibilidad de sostener ese diálogo sustancioso y
reparador del cual nos volvemos fácilmente adictos.
Esta conversación
breve pero reveladora de su ser, la sostuvimos ante una
cámara de televisión, artefacto escudriñador que no le
resultaba agradable, de seguro por su escaso afán de
protagonismo.
Ese día, mucho gustó
de una frase de Ernesto Sábato que elegimos para
concluir el espacio Entre Libros: «La historia, la
política, la economía, la literatura, la vida sencilla,
son artes que sólo puede desarrollar el ser humano, y el
único modo en que puede hacerlo sin traicionarse, sin
traicionar a la humanidad es asumiéndolo con entera
responsabilidad y sentido del riesgo.»
El periodismo, la
investigación histórica y la economía han sido tres
vertientes que han confluido en su obra, ¿cómo ha sido
posible que las tres se entremezclen?
En primer lugar,
pienso que la inquietud social, el desenvolverme y
tratar de dirigir mis trabajos hacia los aspectos
sociales, ya lleva implícito el elemento económico. Es
una experiencia que hemos vivido muchos intelectuales
cubanos, particularmente los que nos hemos dedicado a
las ciencias sociales.
Hay un momento en que
buscamos la raíz de nuestra nacionalidad y si uno
comienza por el camino de las cuestiones sociales y los
aspectos económicos de la sociedad, va indefectiblemente
a tratar el tema histórico. Tengo la impresión de que
muchos intelectuales cubanos, incluso hasta los poetas,
hacen alguna vez una investigación de carácter
histórico. Además, las ciencias sociales son muy
complejas, comprenden muchos aspectos pero todos esos
aspectos están muy interrelacionados.
¿Asume usted alguna
dinámica especial a la hora de investigar?
Déjame decirte algo
que tal vez otros escritores no confiesen. Hay dos tipos
de escritores: el escritor fácil que se enfrenta a la
máquina de escribir antes y a la computadora ahora y
espontáneamente va escribiendo, produciendo sin romperse
demasiado la cabeza ¡y lo extraordinario!, le sale bien.
Ese no es mi caso.
Cierta vez hice esta
investigación sobre mi modo de trabajar. ¿Cuántas
cuartillas me lleva terminar una bien hecha? He sacado
la cuenta varias veces y por cada cuartilla que envío al
periódico o a la editorial hay once en el cesto.
Siempre me impresionó
una frase de John Kenneth Galbraith, eminente economista
norteamericano. Por ahí anda el viejo con sus noventa y
pico de años y sus más de seis pies de estatura todavía
actuando, produciendo y escribiendo libros… Me la dijo a
mí en una entrevista en Cambridge, Harvard: «La verdad y
la belleza están en el séptimo borrador.»
En sus más notables
libros sobre la historia, la economía ocupa un lugar
importante ¿Por qué tanta preponderancia de los asuntos
económicos en las obras de Oscar Pino Santos?
Eso tiene una
explicación muy sencilla y comprensible. Desde muy joven
me inicio como marxista. A los dieciséis años, lo que
había publicado en español en Cuba de Marx, Engels y
Lenin —que no era mucho—, lo había estudiado. Desde esa
época era marxista.
No se concibe a un
marxista que no tome en cuenta como base del desarrollo
social a la economía, lo cual no quiere decir que uno
desprecie ni mucho menos los aspectos ideológicos y
superestructurales. Eso forma parte de lo que llamamos
materialismo histórico.
Su vida ha estado
ligada a nombres tan importantes como Carlos Rafael
Rodríguez, Ernesto Che Guevara y Raúl Roa. ¿Cómo
influyeron en el profesional que se ha desarrollado
hasta hoy?
El Che fue muy
importante para mí como lo ha sido para cuantos han
conocido de su vida y mucho más para quienes de alguna
manera o de otra lo trataron. Era un caso realmente
increíble. Me impresionaba mucho su objetividad.
En el caso de Roa, no sólo le tenía la admiración que le
tenemos todos los cubanos, llamándole como le llamamos:
el Canciller de la Dignidad, sino también porque siempre
me impresionó literariamente; con independencia de que
su personalidad era irrepetible. Exhibía un sabor
criollo en su forma de expresión literaria como creo no
ha tenido ningún otro cubano.
Trabajé algunos años
con Carlos Rafael, incluso habíamos tenido reuniones
cuando la lucha contra la tiranía de Batista en las
condiciones del clandestinaje. Podría resumirte mi
impresión sobre él afirmando que es un heredero legítimo
de la generación de Saco, Luz y Varela.
¿Y por qué son las
Ciencias Sociales su pasión?
Son mi pasión porque
tal vez por vocación, o por algún otro factor personal,
ha sido la forma en que he interpretado la manera de
contribuir mejor a nuestro desarrollo social.
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