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UNIÓN y polémica
Lo
más importante es el contenido mismo de la revista, pero
la profundidad de la discusión y el diálogo establecido
alrededor de estos números equilibran la balanza para
que la crítica y las opiniones divergentes no se
conviertan en «discusiones de café con leche».
Jorge
Sariol|
La Habana
Un
espacio de polémica y creatividad, como extensión de su
propio marco impreso, resultó la presentación de los
números 48 y 49 de Unión, Revista de Literatura y
Arte de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba,
realizado en el Palacio del Segundo Cabo. La conocida
revista ocupó el ya habitual espacio de encuentro entre
los lectores y las publicaciones culturales, que
auspician la Revistería Plaza de Armas y el Círculo de
la Crítica del Instituto Cubano del Libro (ICL).
Con la
participación de Antón Arrufat, Luis Marré, Desidero
Navarro y numerosos escritores, críticos, poetas y
creadores de varias generaciones, Jorge Luis Arcos,
director de la revista, realizó la presentación de estos
dos números y, junto a Edel Morales, vicepresidente del
ICL, diálogo con los asistentes en una tarde armada para
la sabrosa polémica, causa y efecto en dialéctica de
lujo.
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Edel Morales y
Jorge Luis Arcos
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Ambos
números de Unión son una propuesta que expresa
claramente la posición de esta revista de ejercer el
derecho al espacio de libertad necesaria en la creación
artística y el pensamiento sobre arte, cultura y
sociedad, que una vez más resulta puesto en duda por los
hechos que caracterizan una época y un contexto
internacional sumamente difícil.
El
número 48 tiene en su portada —muchos matarían por
tener la foto en la pared del hogar— una imagen «que es
casi» como una declaración de fe: Lezama y Cortázar
sentados ante una mesa circular y de fondo un lienzo de
pared, «que es casi» una muralla; entre ambos, el propio
fotógrafo Chinolope, con una muy filosófica y tibetana
expresión de cubano nacido en Jesús María, de «….para
que luego no digan».
Trae
esta Unión —la revista en su número 48, claro—
el Premio Juan Rulfo, en la opinión autorizada de
Cintio Vitier, quien lo había recibido en el 2002; La
Voz, por Grotowski; textos de Drumond de Andrade,
poemas de Mario Martínez Sobrino y Jesús David Curbelo,
el ojo ubicuo de Chinolope, según Lázara Castellanos, y
una mirada que hace Jorge Luis Arcos tras mascaras e
identidades.
De
igual modo el número 49 recupera la poesía de Guillermo
Rodríguez Rivera, mediante la publicación de una amplia
muestra de El libro rojo, y la publicación de un
poema verdaderamente ambicioso de este autor Cuba
(poema mitológico). Otros poetas recogidos en este
número son Alberto Rodríguez Tosca e Ismael González
Castañer. Aparecen también el texto leído por Rogelio
Rodríguez Coronel en la entrega del Premio Nacional de
Literatura 2002 a Lisandro Otero, y una larga respuesta
de Rufo Caballero a Duanel Díaz, a propósito de una
reseña sobre el libro de Caballero, Sedición en la
pasarela, realizada por Díaz en la revista
Extramuros. Se anunció la continuidad de esa
polémica en el número 50 de Unión, que circulará
en los primeros días de febrero.
Es este
un espacio habitual donde cada mes el Círculo de la
Crítica auspiciado por el ICL y la Revistería Plaza de
Armas proponen al público una de las revistas que se
promocionan y comercializan habitualmente en sus
espacios junto a Revista Bimestre Cubana,
Temas, La Gaceta de Cuba, Extramuros,
Matanzas y otras que de una u otra manera marcan
un espacio de información, difusión y polémica, de
expresión de opiniones, y también de diálogo en general
sobre la creación en cultura en el país.
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Desiderio Navarro |
«Sin
libertad para criticar no hay elogio que merezca la
pena» citaba de memoria Arrufat a Bon Marché en el
debate. «Si la polémica no genera conocimiento es acción
estéril» terciaba Desiderio Navarro.
En
opinión de Edel Morales, «es este un muy útil espacio
para las revistas, sus colaboradores y sus lectores,
pues permite establecer visiones no sólo para pequeños
grupos, sino para grupos más amplios, reencontrar
criterios propios y puntos de vista distintos, para
enriquecerse o para discrepar, y junto al que auspicia
en ese mismo sitio alrededor de la poesía el Café
Literario Aire de Luz, coordinado por Basilia
Papastamatíu, y las sesiones de la Casa de Letras, que
dirigen Antón Arrufat y Reina María Rodríguez, muestran
la claridad y tensión expresiva que se vive en el
antiguo Palacio, desde su patio hasta su torre».
La
recuperación del concepto de revolución, después de la
lectura de dos de los tres tomos de las memorias de
Ernesto Cardenal —Vida perdida, Ínsula Extraña
y Revolución Perdida— y la importancia de ese
concepto para el desarrollo de una revolución —caso
Cuba— fue una entre las opiniones de Jorge Luis Arcos en
este encuentro. El Director de Unión consideró
que fue este, junto a la presentación del número
anterior (47) en la Casa de Letras, dos de los momentos
más importantes en su experiencia al frente de la
publicación.
En
tiempos en que el pensamiento único de la derecha
norteamericana intenta fijar el «Esto» o el «Aquello»,
Unión muestra una manera en que la política hacia la
cultura esclarece la posibilidad de visiones personales,
de grupo o alternativas, en textos muy diversos.
Lo más
importante es el contenido mismo de la revista, pero la
profundidad de la discusión y el diálogo establecido
alrededor de estos números equilibran la balanza para
que la crítica y las opiniones divergentes no se
conviertan en «discusiones de café con leche».
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