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Contestando a tu encuesta
La
XIII Feria Internacional de Libro de La Habana celebra
el centenario del nacimiento del poeta chileno Pablo
Neruda, con un coloquio con la participación de
relevantes figuras de las culturas cubana y chilena.
Indira
Valero Taboada |
La Habana
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Pregunta usted que pasará con la
poesía en el año 2000, es una pregunta peluda. Si
esta pregunta me saliera al paso en un callejón
oscuro me llevaría un susto de padre y señor mío,
porque, qué sé yo del año 2000 y sobre todo, qué sé
yo de la poesía. De lo que estoy seguro es de que no
se celebrará el funeral de poesía en ese próximo
siglo. En cada época han dado por muerta la poesía,
pero esta se ha demostrado centrífuga y sempiterna,
se ha demostrado vitalicia, resucita con gran
intensidad, parece ser eterna...
“Contestando a una encuesta”
Pablo Neruda |
Pude
verlo. Sé que trató de ser discreto, de perderse entre
las sombras, entre las pinturas de las paredes, para que
no lo vieran escondido en el rincón donde lo descubrí
recostado, sereno, casi fantasma.
Vi
como sonreía, lloraba y movía los labios para entonar
los versos suyos que otros leían con su lengua, que
manaban con su sangre, que sentían propios.
Y
sabiéndolo presente, aún sin verlo, hablaron de él.
Amigos, colegas todos de ideales y de empeño.
Hablaban de su evolución poética: del Neruda de
“Crepusculario” y de “Veinte poemas...” con una
interpretación del amor que a más de una generación ha
cautivado con su magia.
“Residencia en la tierra” y surrealismo; luego el salto
tremendo a la poesía social que viene junto con la
militancia comunista y el compromiso ético y estético
con la causa de los humildes.
Neruda
caminó por la frontera frágil de la poesía social y de
amor, con el talento necesario para no perder el
equilibrio y caer en la cursilería y lo panfletario.
También hablaban del Pablo Neruda amigo de muchos poetas
en los tiempos lindos de Chile, aquellos de poemas y
canciones en casa. Así lo recuerda Isabel Parra,
entonces niña, que junto a su madre Violeta, gozó de esa
atmósfera “reposada y amorosa”.
Luego,
los días tristes del golpe a Allende, la huida
clandestina. Neruda enfermo y muerto.
Los
militares rompen paredes, saquean su casa mientras está
siendo velado. “Lo llevan al cementerio y algunos amigos
se atreven, a pesar de los días terribles que se vivían
en Chile, a gritar consignas y a decir: Compañero Pablo
Neruda, ¡Presente!; arriesgándose a la muerte, porque no
se podía hablar, habían asesinado a medio Chile”.
Dicen
que a los cien años del nacimiento de Pablo Neruda, hay
en Chile una “neruditis” constante que molesta a
algunos.
Por
acá quedó claro que Neruda ―como Vallejo y Guillén― fue
“ejemplo y enseñanza de perenne inquietud renovadora del
pensamiento literario y revolucionario para la América
Latina”.
Se
marcha. Quiero detenerlo para que en su nuevo viaje se
lleve dos respuestas: una a la pregunta hecha, otra a la
pregunta que quizá pensó pero no podía responder con
extrema certeza: en este próximo siglo, la poesía, con
seguridad, no ha muerto... Él, tampoco. |