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Envío para Carilda Oliver Labra
Miguel
Barnet |
La Habana
El
gato gordo, barcino, se subió al alero,
lo
vimos saltar entre las telarañas
y
Félix cantó un aria del Trovador
mientras tu pulias con lascivia,
la
daga de bronce y los cuchillos
Urania
se vistió de Ofelia con lianas del patio
y
Ángel Luis apareció detrás del muro mohoso
con la
espada de Hamlet
Abismada en soliloquios metafísicos,
Georgina hervía en un jarro de lata
sus
brevajes de hojas amargas
La
noche olía a jazmín y a esperma
el
gato gordo, barcino,
contemplaba la escena subido en el alero.
Todas
las mañanas el tren de Hershey se nos iba
Los
años setenta nos preparaban su celada,
su
llave turca
Entonces decidimos hacernos partidarios tuyos
Comimos de tu fantasma
Abrazamos al planeta en tu casa de Tirry 81
Jugamos a no perder la luz
En el
último tute
Sabíamos que te habías casado con tus gatos
pero
de algún modo te quisimos desposar
Como
la ciega que se mira en sus espejos
te
entregaste a tu propia sarabanda
sobre
esteras de incienso
cuando
con poemas inéditos huíamos del miedo
a caer
en el miedo
Pero
qué bueno presentir señales
No
podía ser posible que el gato gordo,
barcino, bajara del alero
Con
salvas y rastrillos lo espantamos
Y
henos aquí, al socorro del alba
recogiendo estrellas pequeñitas |