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PALABRAS DE PRESENTACIóN
El Diablo Ilustrado I
Fernando
Luis Rojas |
La Habana
El
Diablo Ilustrado
me asaltó por manos de otros en 1998. Persistía la
creencia adolescente y “cuasi” tonta, de la
convergencia entre el ser moderno y asumir patrones,
creía yo, “diferenciantes”: vestirme de negro, evitar la
mención de ciertas palabras, violar el reglamento de la
escuela, preciarme de ello y esquivar la lectura común,
recomendada en mi Pre, de una sesión – sobra decir cuál
– de la revista Somos Jóvenes. Recuerdo las
veladas de pasillo o aula, la competencia con el pinero
Junior consistente en desempolvar lo que entendíamos
como “cursilerías”: las alusiones de él a Buesa y sus
citas novelescas; mi acercamiento tangencial al Diablo,
su sesgo a conveniencia, y mi derrota, mi derrota por
“no cursi”. Entonces me detuve en el Diablo, o con
él. Saltando entre sus citas, “viniendo de cualquier
parte y andando por los siglos”. Le descubrí martiano y
trovador, que es casi sinonimia; con esa urgencia de
guitarras deslizada en sus letras, que logró tocar
multitudes.
La magia
del Diablo se sabe en sus historias: las masivas
lecturas escolares, los coincidentes regalos de pareja o
los debates colectivos para “identificar” genérica
(sexualmente) al escritor. Por vez primera, jóvenes
exploraban a Maquiavelo y Aristóteles, definían
“pragmatismo” o “existencia”, memorizaron a
Tagore, Borges, Pessoa y Eliseo. Podría decirse,
utilizando al Aute mencionado en estas páginas “que al
Diablo le sobran los segundos de ternura”.
Este libro
que presentamos (su reimpresión) se eleva sobre
“estetismos” – aclaro, se eleva, no los niega – y ofrece
una dimensión acertada de la contemporaneidad: describe
este mundo devorado por la publicidad, signado por el
individualismo, definido “improbable” hace unos años;
pero simultáneamente, en sus páginas se respiran
alternativas, basadas en una ética que debía hacerse
común. ¿No será el Diablo, sus escritos y cartas
cruzadas, el camino hacia esa identidad actitudinal?
Probablemente.
“Hace
siglos que lo humano es lo mismo: amor frente al
desamor”. No hay opción en identificar lo humano con el
desamor, y el Diablo disculpa la “no coincidencia”.
Te agradezco el rescate de palabras, ahora desnudas,
antes ocultas, parapetadas por el miedo de los amantes
en proclamarse tales. Te aplaudo ese cosmopolitismo de
proverbio chino, letra difícil y refranero popular. Te
confío, digo “amor” sin tapujos y estoy más lejos
de los patrones. Te dibujo, con la anuencia de Fariñas,
ese mágico diablillo conocido que te dio forma
haciéndote tocable; el graffiti de los numerosos diablos
que se lanzan a ilustrarse y a soñar. |