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"Los disidentes": Verdad vs. Mentira
"El
contenido de este libro se torna en un arma de gran
eficacia para frenar y liquidar la mentira, la calumnia
y la demagogia sobre la que descansa la más brutal y
despiadada campaña contra la obra, las ideas y la ética
de la Revolución cubana". Palabras de Tubal Páez,
presidente de la Unión de Periodistas
de Cuba, en la presentación del libro "Los
disidentes".
Tubal Páez
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La Habana
Fotos: Jorge Luis Baños
Compañeras y compañeros:
Este
es un libro de periodismo puro, escrito por periodistas
natos y presentado por un compañero en quienes los
colegas han depositado el inmenso honor de
representarlos. Consideren, pues, que mi palabra es la
de los
tres
mil
miembros de la UPEC que se sienten
honradísimos y orgullosos de tener entre sus filas a dos
colegas como Rosa Miriam Elizalde y Luis Báez. Tengan
presentes, también, que periodistas, escritores y
editores son parte del conjuro de la letra impresa y del
esfuerzo titánico y hermoso de dotar a los cubanos de
una cultura general integral masiva, única vía para el
goce pleno de la libertad por la que tantos cubanos han
muerto.
Sumergidos en el mar humano de esta feria, ya nacional,
respondamos con el disfrute y la alegría que nos deja
esta fiesta a los que desde Europa con un ridículo
“portadazo” pretendieron cerrar el libro del diálogo y
la cooperación. Al sumarse a las posiciones contra Cuba
del equipo gobernante más torpe, agresivo e ignorante en
la historia de los EE.UU., quisieron dar un aspecto muy
sensible del pueblo cubano: su alimento cultural
mediante la lectura. La feria y los cubanos no nos
merecíamos eso. Debemos sumar ese proceder al alto
precio que debe pagarse por tener una actitud digna e
independiente en estos tiempos de vasallaje y
concesiones humillantes.
A los
amos del mundo no suele molestarles la indignación ni
las protestas ni las rebeliones. Eso se resuelve
mintiendo, manipulando, descontextualizando, fabricando
realidades virtuales, rehuyendo toda relación histórica,
imponiendo un discurso de presente continuo, para que no
miremos ni hacia atrás ni hacia delante, o sometiéndonos
a un ras de mar informativo que nos ahogue y aturda. Y
cuando esto no es suficiente, acudiendo a palos, perros,
gases lacrimógenos y el terror de las armas inteligentes
hechas para matar a la mismísima inteligencia.
Lo que
sí les preocupa son los seres humanos que piensen, que
expongan ideas novedosas, y que reflejen la vida y los
problemas con conceptos claros, simples y directos, como
en este libro que nos vuelve a llegar hoy. Por eso los
desnudados en “Los disidentes” han quedado
enmudecidos. No han podido refutar un solo hecho,
cuestionar un dato, una cifra, una fecha, un nombre, un
documento. Ni en Miami, donde se produjo una gran
polémica, ni en la Oficina de M y Malecón, se haya
desmentido una sola cosa. Tal es la contundencia de las
verdades y de los hechos expuestos en este ejemplo de
periodismo de investigación.
La
gran prensa decidió quemar este libro en la hoguera del
silencio. Rosa Míriam recorrió casi toda España. En
convocatoria pública, con debates concurridos e
interesantísimos. Nada. Censura. La tecla quieta, la
mano en el lente, la cámara sin rollo, los oídos en otra
parte. La democracia mediática española padece en estos
momentos un atoramiento de comercialismo frívolo muy
característico de las sociedades neocolonizadas
culturalmente.
Los
medios de los circuitos alternativos, sometidos a la
precariedad y el acoso permanente, en cambio, sí
recogieron en sus espacios las pruebas de ese mundo
sucio, oscuro de farsantes, de cuatreros ideológicos que
descuartizan la patria para venderla en pedazos al
victimario de su propio pueblo.
El
adversario alucina con la información. Tiene las
computadoras abarrotadas. Creo que muy pocos de los que
estamos en esta sala puedan darse el lujo de no tener un
terrenito propio en esos almacenes informáticos que se
agigantan cada vez más, a donde va a parar todo lo que
espían en todas partes a todas horas, todos los días.
Este
libro, en cambio, se basa en el conocimiento, que es
otra cosa. Usa la información, pero solo para que
movilicemos, de manera estructurada, el conocimiento. Al
investigar y reflejar la misión de estas heroínas y
héroes que se movían dentro de las partidas mercenarias
y entregarnos las vidas de estos luchadores anónimos nos
motivan a la acción, a la promoción de una actitud de
defensa de la verdad, el honor, la justicia y la
independencia, valores heredados de una riquísima
historia patria, que nos corresponde a todos consolidar
y multiplicar.
En su
contenido no hay relatos novelados de aventuras
intrépidas, duelos de artes marciales, escalamiento de
paredes, ganzúas que abren todas las gavetas o saltos de
noche en paracaídas tras las líneas del frente. Hay algo
todavía más apasionante y humano, más efectivo y
estimulante. Hay un mundo de ideas, conceptos claros,
simples y directos. Hay historias apasionantes de esta
guerra a pensamiento que nos ordenó librar José Martí, y
de entrega a la causa de la solidaridad y la dignidad
humanas.
El 24
de junio del pasado año, “Los disidentes” se
presentó a la luz en el Memorial José Martí. El impacto
que causó en nuestro pueblo fue conmovedor. Al conocer
sus hazañas, los protagonistas fueron acogidos como
héroes en todas partes. No como Rambos, sino como
fieles, modestos e inteligentes hijos surgidos de lo más
profundo valioso del pueblo. Los primeros ejemplares se
agotaron en minutos los ejemplares. Cada familia quería
atesorar uno. Un cartel improvisado en una librería
advertía a los numerosos interesados: “No pregunte:
“Los disidentes” no han llegado”.
Esta
nueva presentación se hace seis meses después de aquella
en una coyuntura donde lo acontecido desde esa fecha
ratifica la denuncia de los planes agresivos del
gobierno norteamericano contra Cuba, por tanto, no ha
perdido actualidad. Si refrescamos algunas declaraciones
de los personajes de extrema derecha que se hospedan en
la Casa Blanca nos damos cuenta de que la obra de Rosa y
Luis mantienen toda su vitalidad.
Las grandes
mentiras para la guerra con Iraq, más otras nuevas que
se asoman como pretextos amenazantes, denunciados por
Fidel recientemente, se usan contra nuestro país: armas
de exterminio masivo, vínculos con el terrorismo y el
deseo de los cubanos de recibir con alegría la
intervención militar yanki. A eso súmese una cartita de
Condollesa Rice (“no debe dudarse de la firmeza de la
política de Bush con respecto a Cuba”); de las amenazas
de Roger Noriega (“la Administración está
comprometida”…”en hacer caer a Fidel Castro”; de las
declaraciones de Colin Powell (“Cuba ya no es
tolerable”); de las medidas de Bush (“siete millones de
dólares este año para los mercenarios internos, 23
millones para la trasmisiones de televisión y radio
contra Cuba, 10 mil receptores de radio, dos millones de
ejemplares, folletos y suscripciones dirigidos a los
habitantes de la Isla, nuevas represalias para los que
viajen desde EE.UU., una comisión para una Cuba libre,
etcétera”.)
Este
libro excepcional, sin antecedentes en este tipo de
obras, recoge las entrevistas realizadas a 12 agentes de
la Seguridad del Estado de nuestro país que durante
varios años estuvieron infiltrados en las filas de las
organizaciones mercenarias defendiendo la soberanía y la
independencia de la Patria. Se apoya, también, en más de
100 documentos y casi medio centenar de reseñas de
organizaciones y personajes de la contrarrevolución, que
prueban lo que todo el mundo sabe: la llamada oposición
interna ha sido fabricada, organizada, estimulada,
financiada y propagandizada por el gobierno de los
EE.UU.
El
contenido se torna en un arma de gran eficacia para
frenar y liquidar la mentira, la calumnia y la demagogia
sobre la que descansa la más brutal y despiadada campaña
contra la obra, las ideas y la ética de la Revolución
cubana.
Cada
testimoniante narra su historia a medida que las
preguntas de los periodistas los van precisando: qué
día, quiénes, cómo, dónde…, buscando la respuesta que el
lector querría saber, sin consignas, sin esquemas o
discurso panfletario.
Quiero
ratificar hoy en esta feria lo que dije en aquella
ocasión, porque es justo que se repita: Este libro
también tiene su propia historia. Se reunieron en primer
lugar dos prestigiosos periodistas cubanos, que expresan
dos generaciones distintas, un hombre y una mujer, uno
con más edad que la otra. Uno que lleva en sí con la
iniciativa del sabueso reportero que huele la noticia
como un acto reflejo, una envidiable profesionalidad
para sacarla a la luz venciendo obstáculos e
incomprensiones. La otra, con un aval indiscutible como
cuadro joven de la prensa, en la dirección de equipos de
investigación y en la armazón del trabajo colectivo en
función de un objetivo periodístico de impacto.
Esa
combinación fue el detonante que probó cuánto puede
hacer una obra colectiva, al elaborar una estrategia de
trabajo que permite armar un grupo de contingencia para
dar una respuesta inmediata a un problema periodístico
de gran envergadura.
La
inteligencia de los entrevistados, el valor de su
trabajo patriótico y el estímulo a la marcha en
ofensiva, motivaron tanto a todos que el trabajo iba
fluyendo a una velocidad tremenda: una vez grabada una
entrevista, un equipo de compañeras las transcribía
inmediatamente. Así fueron procesadas 80 horas de
grabación, sin horas, sin exigir salario adicional ni
descanso. Lo mismo hacían los que se encargaban de
cotejar datos, confirmar fechas, cifras o nombres en
centenares de documentos, o los que llamaban la atención
sobre un detalle. Era importante una entrega rápida,
pero mucho más era la exactitud de lo consignado, la
seriedad del contenido. Era preferible desechar lo que
no estuviera rigurosamente comprobado ni documentado,
para que la denuncia no perdiera contundencia.
Los
autores, junto a periodistas de la Redacción de Cuba
Sí y Juventud Rebelde, al fotógrafo Liborio
Noval y diversos colaboradores se unieron en una obra
que por su experiencia y resultados pasará a la historia
de la prensa como una evidencia de la posibilidad de dar
un golpe editorial rápido y contundente cuando se une un
equipo eficiente, consagrado, claro en sus objetivos.
Por
supuesto, el entusiasmo no concluyó con la confección
del contenido. En la Editora Política, casi no se
durmió, como en la no menos compleja parte editorial a
la imprenta Alejo Carpentier.
Para
esta ocasión no ha sido necesario reeditar –usemos el
término familiar― alguno de aquellos esfuerzos
memorables, pero sí ha habido que repetir otros en estos
días en que las editoras, las máquinas de impresión y
los mecanismos de distribución se han tensado
extraordinariamente.
La
lectura mueve a una enorme admiración hacia la
generosidad y el desinterés de un pueblo noble y heroico
que como ningún otro se ha visto obligado a defenderse
durante casi medio siglo de un bloqueo criminal, un
espionaje descarado y un terrorismo despiadado. Al
cerrar esta obra –como dijimos aquella vez―, habremos
crecido como personas, como patriotas, como cubanos y
como parte de la humanidad que desea paz, justicia y
libertad para que sus derechos como seres humanos sean
respetados.
Nos
brotará del alma también el desprecio profundo hacia
seres repugnantes nacidos por equivocación en Cuba y
hacia gobiernos cuyas políticas mezquinas tienen como
fin mantener a toda costa las ambiciones de grupos
privilegiados y relaciones injustas.
Este
libro es parte de la batalla de las ideas. En él se
enfrentan el pensamiento avanzado y la fuerza bruta, la
verdad y la mentira, la cultura y la ignorancia, la
dignidad y la desvergüenza. Este libro es temido por los
que han hecho el ridículo en lugar de practicar la
diplomacia y es amado por los lectores agradecidos, que
en Cuba y en el mundo admiran a los que se sacrifican
por el bien de los demás.
Muchas gracias.
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