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Coloquio y homenaje:
Carilda siempre
Esta
vez, Carilda, Premio Nacional de Literatura en el año
1997, sintió el homenaje patente de su Isla, su
reconocimiento y devoción a una obra literaria de más de
cincuenta años.
Sandra del
Valle Casals |
La Habana
Fotos: Jorge Luis Baños y Alejandro Ramírez
Nuevamente la sala José Antonio Portuondo en la
fortaleza de San Carlos de la Cabaña estuvo pletórica de
seguidores del credo poético de una matancera insigne:
Carilda Oliver Labra, a quien está dedicada la XIII
Feria del Libro, se unió al diálogo abierto sobre su
obra en el coloquio que presidiera el poeta Virgilio
López Lemus, junto al editor zaragozano Antonio Piedra y
el poeta y crítico literario Edel Morales.
Había
mucho respeto y admiración en cada una de las palabras
de los participantes del encuentro: es lo que desprende
la mirada sabia y delicada de la poetisa de los
reconocidos versos “me desordeno, amor, me
desordeno/cuando voy en tu boca demorada/ y acaso sin
estar enamorada...”. Pudiera ser ella esa “clásica
contemporánea” como la describiera Antonio Piedra, o
quizá la Carilda de siempre, la de Al sur de mi
garganta, Desaparece el polvo, o los libros
que fueran presentados hoy, 50 años de Poesía y
Los huesos alumbrados, en una nueva edición.
Insertados en el público, Carlos Martí, presidente de la
Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) y Antón
Arrufat, Premio Nacional de Literatura, también
estuvieron en el coloquio que devino tertulia de
recuerdos y congratulaciones.
En la
rememoración de la idea genésica del libro Los huesos
alumbrados, Carilda dedicó el acto a Julián Alemán,
mártir de la lucha clandestina en Matanzas, y a quien
inmortalizara en uno de los poemas que integra este
volumen de poesía.
Esta
vez, Carilda, Premio Nacional de Literatura en el año
1997, sintió el homenaje patente de su Isla, su
reconocimiento y devoción a una obra literaria de más de
cincuenta años. |