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premio nacional de ciencias sociales 2003
palabras de elogio a
maría del carmen barci
a
 
Olga Fernández Ríos | La Habana
Fotos: Alejandro Ramírez

Cuando en 1971 comencé a trabajar en el Dpto. de Filosofía de la Facultad de Humanidades de la Universidad de La Habana muy pronto conocí acerca de los méritos que ya se le reconocían a Carmita Barcia, joven profesora quien desde entonces era uno de los cuadros docentes más destacados de la Escuela de Historia adscrita a aquella Facultad no solo por sus habilidades en el campo de la pedagogía, sino además por sus dotes como estudiosa investigadora.

Carmita formó parte de un excelente grupo de los graduados de la Escuela de Filosofía y Letras de la Universidad de La Habana en el curso 1963- 1964 ―por cierto, la mayoría de ellas eran mujeres― que en ese mismo año fueron seleccionadas para trabajar en la entonces recién creada Escuela de Historia convirtiéndose en una de las fundadoras de esa entidad. Esa institución fue el centro matriz del que emanó una nueva generación de historiadores altamente responsabilizados y comprometidos con la reconstrucción de los estudios históricos en el país y en particular con las necesarias reformulaciones y revalorizaciones de la historia patria tan distorsionada por la política oficial y las tendencias antinacionales antes de 1959.

En un contexto universitario de extraordinaria creación intelectual y de necesarios debates y búsquedas teóricas muy pronto se destacó la joven profesora por su trabajo docente y por su vocación de investigadora, por su rigor profesional y por su calidad humana. Estas cualidades le han acompañado a lo largo de su vida académica siempre vinculada con instituciones dedicadas al rescate de la memoria histórica, al análisis y la reflexión acerca de las tareas de la Historia, la responsabilidad del historiador y el papel de las ciencias sociales. Los resultados de sus trabajos le permitieron obtener las categorías de Profesora Titular e Investigadora Titular en 1976 y 1988, respectivamente, y el título de Doctora de Ciencias Históricas en 1985.

Su entrega a la docencia y a la investigación no fue impedimento para que ocupara importantes responsabilidades en la Universidad de La Habana, primero en la Escuela de Historia, donde fue jefa de Cátedra de Historia Antigua y de Historia de las Formaciones Precapitalistas y más tarde fue nombrada Directora de esa Escuela hasta el cambio de estructura universitaria que tuvo lugar en 1976. En la Facultad de Filosofía e Historia fue Vicedecana Docente, Jefa del departamento de Historia de América y Directora del Departamento de Historia de Cuba. También ha sido Directora del Departamento de Historia Colonial del Instituto de Historia de la Revolución Cubana y es miembro de la Unión Nacional de Historiadores de Cuba.

No son solo esas instituciones las que se han beneficiado con los aportes de esta profesora e investigadora. Ella ha mantenido una activa colaboración con importantes instituciones de nuestro país como son, entre otras, el Archivo Nacional, la Casa de África y la Fundación Fernando Ortiz, integrando los Consejos Científicos o Asesores de dichas entidades. Es miembro de la UNEAC, colabora con la Casa de Altos Estudios Fernando Ortiz y con otras dependencias de la Universidad de La Habana, además de ser Miembro Activo del Tribunal Permanente de Grados Científicos en las especialidades de Historia y Academia titular de la Academia de Ciencias de Cuba.

También es miembro del Consejo Editorial de la revista Universidad de La Habana, del Consejo de Redacción del Boletín del Archivo Nacional de Cuba y de los Consejos Asesores de la Editorial de Ciencias Sociales y de la revista Debates Americanos.

En el plano internacional ha mantenido colaboración con instituciones de España y EE.UU. como son el Consejo Superior de Investigaciones Científicas de Madrid, la Universidad de Murcia; la Universidad de Santiago de Compostela, el Centro de Estudios de América Latina de la Universidad de Chicago, entre otros.

Sería interminable reseñar en esta oportunidad los numerosos proyectos de investigación que ha dirigido y desarrollado desde 1964 hasta la fecha y las más de 50 publicaciones de Carmen Barcia, muchas de ellas en importantes revistas culturales y de ciencias sociales de nuestro país y del extranjero. En sus trabajos ha predominado el rigor científico y la calidad de la exposición que le permite llegar tanto a los especialistas y estudiosos de la Historia y las Ciencias Sociales, el público no especializado. Mencionaremos solo algunos de los libros que considero de gran trascendencia en la obra de esta autora y de impacto en creación intelectual en nuestro país:

  • Burguesía Esclavista y Abolición publicado en 1987.
  • Historia de Cuba II (1868 – 1898) (en colaboración con otros dos profesores);
  • Elites y Grupos de presión. Cuba (1878 – 1895) publicado en 1998;
  • Una Sociedad en Crisis: La Habana a finales del siglo XIX, publicado en el 2000;
  • Capas Populares y Modernidad, Cuba (1880 – 1930) publicado en el 2003;
  • La otra familia (Parientes redes y descendencia de los esclavos en Cuba) Premios Casa de las Américas de Ensayo histórico social 2003;
  • Coeditoria de CDROM Cuba   1898

Además ha sido Directora de Redacción de dos de los tomos de la Historia de Cuba que en la década de los años 90 editó el Instituto de Historia. Ellos son el dedicado a “La colonia, evolución socioeconómica y formación nacional (1492 – 1867)” en el que además redactó un capítulo y el tomo que analizó “Las luchas por la independencia nacional y las transformaciones estructurales (1868 – 1898)” en el que también tuvo la responsabilidad de redactar dos capítulos. Ambos libros merecieron el Premio de la crítica en 1995 y 1996, respectivamente, y fueron reconocidos con premios al resultado de más trascendencia y originalidad otorgado por la UH en esos años.

Una de las facetas del trabajo científico que merece mayor atención y reconocimiento es el que concierne a la capacidad que debe desarrollar cada investigador para compartir conocimientos, habilidades y recursos metodológicos con otros estudiosos de forma tal que la labor investigativa llegue a trascender el espacio individual del creador e influye en la creación de una comunidad científica y en la necesaria continuidad del quehacer en la ciencia del país. En esta dirección también se debe reconocer el aporte de Carmen Barcia en la realización de un gran número de tutorías a tesis de Doctorado, Maestría y de Diploma, algunas de las cuales también han merecido importantes reconocimientos por parte de la ADHILAC y del Premio de la Crítica. Aquí, sin duda, algunos de los discípulos siguen los pasos de su tutora.

La capacidad de compartir sus resultados también se ha desplegado en una rica agenda de conferencias y ponencias impartidas o presentadas en numerosas instituciones y eventos nacionales e internacionales cuya mención alargarían demasiado estas palabras de reconocimiento.

Solo acotaré una observación que me sugiere el largo listado de artículos, conferencias o ponencias que incluye la obra de Carmen Barcia: se trata de la capacidad de esta historiadora para incursionar con éxito y desde perspectiva multi y transdisciplinaria en temas de contenidos sociopolíticos de actualidad y de importancia para el desarrollo de las ciencias sociales en nuestro país y en América Latina. Entre ellos se encuentran sus estudios sobre la familia, mujer y relaciones de género; vida cotidiana, raza, clases sociales, esclavitud, migraciones y marginalidad, entre otras que muestran importantes aportes de esta autora a las ciencias sociales cuando aborda el estudio de problemas de investigación de  interés cognoscitivo y de propuestas heurísticas desde una perspectiva que trasciende los límites o marcos de una disciplina.

Por la calidad de su amplia obra, por su autoridad científica y por sus aportes al conocimiento de la sociedad el Premio Nacional de Ciencias Sociales del año 2003 suma en su haber otras prestigiosas distinciones y reconocimientos como son:

·        Dos premios por resultados destacados de la ACC en 1996 y 1998.

·        Premio al trabajo de mayor originalidad y trascendencia de la UH 1996.

·        Premio en la dirección Historia y Desarrollo de la Sociedad, UH 1997.

·        Premio al profesor investigador más destacado de la UH 1997.

·        Premio provincial del CIDMA 2002.

·        Premio Juan Marinillo 1999.

·        Medalla 250 Aniversario de la UH.

·        Medalla Rafael María Mendive.

·        Sello 270 Aniversario de la UH.

·        Medalla Pepito Tey.

·        Orden Carlos J. Finlay.

·        Premio Félix Valera otorgado por la SEAP en 2002.

·        Premio Casa de las Américas 2003.

Aunque me he esforzado en reseñar los aportes más importantes de Carmen Barcia debo reconocer que la necesidad de la síntesis deja fuera algunos de ellos, pero sería imperdonable de mi parte si no mencionara una circunstancia y una cualidad presentes en la vida de nuestra premiada.

Con relación a la primera ―que a simple vista pudiera parecer banal o ajena a un elogio de esta naturaleza, pero que en mi opinión es algo fundamental en la vida de las mujeres ante la necesidad de conciliar las metas profesionales con los intereses y las cotidianas demandas familiares― no puedo dejar de mencionar que la fructífera carrera de nuestra premiada y su vasta producción teórica no le impidió una exitosa maternidad por partida doble. Nietos incluidos.

Con respecto a lo segundo, debe tenerse en cuenta que el premio a la obra de una vida no solo reconoce lo que puede inventariarse y calificarse en cuanto a resultados y aportes, sino también lo que es susceptible de valorarse más allá de la calidad. Me refiero a la ética profesional que debe guiar el trabajo del científico, del académico, del creador; su compromiso con la verdad, con su país y con su pueblo. Son cualidades y valores que han guiado la obra de María del Carmen Barcia, los que, unidos a un cierto encanto personal y a la sencillez y claridad que trasmite al formular sus puntos de vista y criterios de convencimiento, enriquece la autoridad científica y moral necesarias para recibir el Premio Nacional de Ciencias Sociales.

Termino estas palabras reconociendo el mérito del Premio instituido por el Instituto Cubano del Libro y la Academia de Ciencias de Cuba que constituye un gran estímulo a la comunidad de las ciencias sociales de nuestro país, que es parte de un pueblo culto y heroico que construye una de las páginas más bellas de su historia cuando la cultura, las ideas, el pensamiento transitan por novedosos peldaños que día  a día consolidan nuestra victoria. A la vez expresamos a Carmita el reconocimiento de esa comunidad y le deseamos el mayor disfrute de su premio que le llega en momentos en que su carrera joven en la madurez seguramente continuará enriqueciendo las Ciencias Sociales tanto en lo que respecta al conocimiento de la sociedad como en el trabajo para influir en su permanente perfeccionamiento.

Elogio a María del Carmen Barcia Zequeira en ocasión de recibir el Premio Nacional de Ciencias Sociales 2003

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