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resonancias
Edel
Morales |
La Habana
Yo
tuve la certeza de que no tenía otra alternativa que
sentarme en esta mesa para dar mi punto de vista sobre
Carilda,y por tanto, lo que voy a hacer es intentar
interpretar el sentimiento. Verdaderamente daré mi
criterio como poeta, no como crítico literario, —porque
tampoco lo soy en demasía—, porque creo que todos los
esfuerzos que he hecho por tratar de transformar la
poesía de Carilda en un análisis riguroso de la obra, no
me han sido retribuidos en el sentido de que no he
logrado escudriñarla desde un aparato crítico.
Una
lectura personal, poética de momentos distintos donde se
ha ido sedimentando una admiración por una que considero
de una grandeza enorme.
Yo
creo que mi primera imagen de la poesía de Carilda llegó
por los años 80, y se la debo a la voz de una poeta de
mi mismo grupo de formación literaria que se llama Sonia
Díaz. Recuerdo todavía aquel momento cuando un grupo de
escritores jóvenes, entre los 20 y los 22 años, nos
reuníamos en un lugar bastante poco conocido de Cuba,
Cabaiguán, a leer poesía. Un día Sonia comenzó a leer en
una de esas tertulias de madrugada “Matanzas, lenta, yo
adoro tus líquenes putrefactos, .... tus pactos con
crepúsculos de oro, y sigo aquí, no demoro mi camino en
otros valles...”
Ese
momento para nosotros fue muy importante porque nuestra
apertura para este tiempo de formación, estaba muy
marcada por la búsqueda de una expresión de vanguardia,
quizás a ultranza, quizá tratando de romper con la norma
literaria al uso en Cuba. En esa época intentábamos
probar una voz de generación, que en cierta medida,
podía entrar en contradicción con la forma de expresar
la poesía por Carilda.
Para
entonces, nosotros abogábamos por un lenguaje de
vanguardia, donde las metáforas debían ser profundamente
agresivas y subversivas, en cuanto a la construcción del
discurso. Y estos versos de Carilda recuperaban la
manera en que la poesía se arma desde una actualidad,
desde un lenguaje capaz de comunicar, de retomar lo más
íntimo de la voz. Nos permitió, entonces, ampliar
nuestro estrecho marco de referencia.
En mi
formación como poeta este momento es de una
trascendencia decisiva. Desde esa noche, los poemas de
Carilda se hicieron frecuentes en nuestras tertulias, y
nos ayudó a interpretar el sentido de poder escribir
poesía fuera del centro que siempre representó la
capital.
Hace
unos días tuve una experiencia que me hizo recordar la
voz de Sonia Díaz Corrales leyendo la poesía de Carilda,
y el sentido que le atribuimos entonces al
descubrimiento que para nosotros significaba Carilda
Oliver Labra. Fui llegando a Matanzas, y en la medida
que nos íbamos adentrando, pude ver en los distintos
lugares de esa ciudad los versos que había leído, el
diálogo que se establecía entre la poesía de Carilda y
el paisaje. De ahí, pude entender finalmente el sentido
profundo de esa lectura que había hecho de joven de sus
poemas.
Esa capacidad de Carilda de comunicar, de reinventar el
lenguaje, de devolverles a las palabras el sentido
original y enriquecerlas con su referencia inmediata,
para mí, es lo que hace de la poesía de Carilda, como
lector personal, algo que la diferencia notablemente de
otros poetas de la Isla.
Palabras de Edel Morales en el Coloquio sobre Carilda
Oliver Labra |