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Elogio al editor
Olga Marta
Pérez|
La Habana
Fotos:
Jorge Luis Baños y Alejandro Ramírez
Queridos colegas, queridos amigos:
“De
Matanzas me han dado un recado y me han dicho que a ti
te lo dé”, este bien pudo ser el segundo lema de esta
XIII Feria Internacional del Libro, ya que ha sido
dedicada a Carilda Oliver y se entrega hoy el Premio
Nacional de Edición a Esteban Llorach, ambos de
Matanzas, de nuestra Matanzas. Agradezcamos pues, que
Matanzas tendiera sus puentes como el de la Concordia
sobre el Yumurí, e hiciera más expedito el camino hacia
La Habana ―no solo para los matanceros, ya se sabe.
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Esteban Llorach recibe en Premio Nacional de Edición
2003 de manos
del Ministro de Cultura Abel Prieto. |
Hace
unos días, con su acostumbrada voz susurrante, Edel
Morales me pidió que hiciera este elogio, y fungiera
como bate emergente ante la posible hospitalización del
compañero jurado, Pablo Pacheco. Y aquí estoy cumpliendo
con la tan dulce petición. Pero además, y sobre todo
porque se trata de un colega de los que ha bregado con
las incomprensiones en ocasiones ante la urgencia
administrativos de un original aún no maduro, y un
defensor a ultranza e incanzable del gremio y un
compañero al que admiramos por sus ediciones, opuesto
siempre a la mediocridad.
A
partir de que me dieron la encomienda, comencé a
registrar los nueve años en que fui compañera de Esteban
en la Editorial Gente Nueva y también los años
posteriores en los que de una manera u otra hemos estado
en contacto. ¡Y hasta fue mi profesor de diplomado! Y
empezaron a surgir, como espigas olorosas a trabajo, a
amoroso empeño, a profesionalismo acucioso, libros como
En el corazón de un poeta, la muy elogiada
antología de Neruda, que tiene ya tres reimpresiones;
las Fábulas de Esopo, también con tres ediciones;
En mi pecho bravo, selección de textos de José
Martí; Platero y yo, edición que ofrece por
primera vez el texto íntegro; Luna de otoño, que
recoge haikús; las Fábulas de La Fontaine;
Cuentos latinoamericanos. La lista es enorme.
Recordé los días en que Esteban rastreaba en las
bibliotecas las ediciones de Ivanhoe, para que en los
dos tomos de su edición aparecieran las más notables
ilustraciones, y enseguida pasaron ante mí sus aventuras
en la Biblioteca Juvenil de Matanzas; su pasión por los
clásicos que marcó el trabajo de la Editorial Gente
Nueva.
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Esteban Llorach |
Y con
la misma pasión con la que Esteban trabajaba y luchaba
para que sus ediciones tuvieran tapa dura,
sobrecubiertas, guardas, frontispicios, y también un
ilustrador de lujo. Con esa misma pasión, reitero,
Esteban asumió la tarea fundacional de la Biblioteca
Familiar, en papel gaceta, en fascículos, en fin, con un
mínimo de recursos materiales; pero el contenido, el
cuidado de los textos, la selección de estos, tienen el
sello de un editor que logra trascender la precariedad,
y que por sobre todas las cosas quiere comunicar.
Porque
como todo buen editor, Esteban es un gran comunicador, y
ya no solo para hacer que funcione la obra del escritor,
ya no solo para trabajar con certeza las notas y los
glosarios, sino para trasmitir sus conocimientos y
experiencias a los nuevos que se suman a nuestra labor.
Nuestro colega ha ejercido un magisterio envidiable
desde las aulas de superación, en provincias, hasta los
espacios universitarios para posgrados, diplomados y
maestrías. Pocas son las editoriales provinciales que no
han recibido su asesoría, su magisterio.
Con
igual afán, Esteban se sumó desde sus inicios, en el año
1995, al movimiento de coordinadores de la UNEAC para el
trabajo comunitario, y aún realiza esta labor con la
misma pasión con la que prepara una edición.
En la
nota Al lector, de la antología En el corazón de un
poeta, Esteban coloca esta cita de Neruda:
“Si no
se sienten las cosas
verdaderamente y profundamente
no hay que intentar la poesía”.
Nuestro colega Esteban Llorach ha tomado como norma, la
mejor norma de vida, esas palabras del poeta, sintiendo
verdadera y profundamente todo lo que intenta. Este es
mi regalo, Esteban, muchas felicidades.
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