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ELOGIO AL DISEÑADOR
Alfredo
Montoto Sánchez |
La Habana
Fotos:
Alejandro Ramírez
Buenas tardes a todos.
Para quien no suele hacer uso del verbo, ni domina, como
los que lo han precedido en esta sala, los secretos de
la oratoria, realizar el elogio de un compañero colega,
amigo, y digo más, hermano, resulta una tarea harto
difícil. Bien saben ustedes que nuestro bregar diario es
con imágenes, fondos, tipografías y textos, no así con
la palabra.
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El Ministro de Cultura Abel Prieto junto a Roberto
Artemio,
Premio Nacional de Diseño 2003 |
A este Sancho, perdón, a este Artemio, que para nada se
puede confundir con Abstemio, lo que me resulta
personalmente muy agradable, lo hemos visto cabalgar,
sin Quijote, sobre dos cómodas y despachurradas
sandalias de cuero, acompañado, eso sí, de sus armas, a
saber: pinceles, plumas de dibujo, cartulinas, temperas,
óleos, engrudos y hasta pentiums, para armar, diseñar o
crear: libros, carteles, plegables, revistas,
ilustraciones, en fin todo el amplio espectro de las
formas de comunicación visual que puede abarcar un
diseñador en una ya larga y fructífera trayectoria.
No voy a extenderme en hacer recuentos de cómo fueron
sus inicios, de cuando defendió su tierra o cuando
defendió otras tierras del mundo que clamaban por el
concurso de sus modestos esfuerzos, nunca le he
preguntado y me parece que de haber usado su currículum
para redactar esta apología, el resultado sería algo muy
frío ante las que han sido siempre unas cálidas
relaciones, que nada tiene que ver con grados más o
grados menos de alcohol, sí diré que ha sido y es, por
encima de todo, lo que haya podido ser en su ya larga
trayectoria, formador de nuevas generaciones de
comunicadores, y es aquí en esta, una de sus tantas
facetas donde vienen a mi mente anécdotas que reflejan
rasgos de su carácter.
Recuerdo la primera vez que nos encontramos en un aula
universitaria, en el curso para diseñadores de la
Facultad de Periodismo de la Universidad de La Habana,
dando inicio a un semestre de taller sobre el diseño del
libro, cuando alguno de los allí presentes, realmente no
recuerdo quién, le llamó profesor Artemio. Con toda la
sencillez que lo caracteriza rectificó diciendo:
profesor no, colega, que ustedes con el tiempo que
llevan haciendo libros ya son profesionales, lo que sin
papel.
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Ricardo Alarcón, presidente de la Asamblea Nacional
entrega el Premio Roberto Artemio |
En otra ocasión, y para finalizar este brevísimo elogio,
luego de la discusión de mi tesis, nos acompañó a mi
casa para celebrar, él como tutor, yo como licenciado,
el éxito obtenido. Después de amplias degluciones y
libaciones traté de devolverlo a su hogar, sin embargo,
dificultades con el transporte lo impidieron, por lo que
decidimos que pernoctara en casa. Ya en ella mi esposa
le preparó una habitación y cuando fuimos a la sala a
avisarle que ya estaba todo listo, nos lo encontramos
acostado en el suelo con un cojín del sofá como almohada
y al tratar de convencerlo de que fuera para la cama que
le habíamos preparado, nos espetó señalando hacia el
piso con un gesto contra el que no cabía objeción
alguna, ¡Aquí!, respeten mis derechos.
Hoy, ustedes y los que somos sus colegas, celebraremos
¡aquí! el derecho que también nos asiste, de hacerlo
acreedor a este Premio Nacional del Arte del Libro “Raúl
Martínez” que él seguramente va a decir que no merece,
pero que todos sabemos que es inobjetablemente justo.
Muchas gracias.
Palabras de elogio al Premio Nacional de
Diseño de Libros 2003 Roberto Artemio. |