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EL CAMAJÁN: UN LIBRO QUE
NO PODÍA FALTAR EN ESTA FERIA

 
En la vecindad de personajes como este no hay nada de candidez. Están el odio irracional hacia la pequeña Isla convertida en gigante moral que debe ser castigado ejemplarmente, los que a sangre y fuego intentan mantener un orden de privilegios e injusticias y los que conforman una estructura de corrupción y beneficio personal que se evidencia en los escándalos que estallan en cadena en la medida en el mundo desarrollado.


Tubal Páez | La Habana

 Descargar El Camaján (.PDF)

Colegas de la prensa;

Invitadas e invitados:

Es la segunda vez que me corresponde la extraordinaria satisfacción de presentar esta obra de Arleen Rodríguez y Lázaro Barredo. En ambas, por esas casualidades gratas, se ha presentado en ambientes de particular contentura. La primera vez, en medio de las fiestas del verano pasado, con la alegría incrementada por los éxitos alcanzados en los Juegos Panamericanos y la extraordinaria repercusión de la visita de Fidel a Paraguay.

Ahora, en esta feria, potenciada a planos insospechados como uno de los programas sociales, cuando vemos ese río, ese río humano sediento de letra impresa, correr por las venas de esta fortaleza, para complacer, con la lectura, el alma y la conciencia de las familias de una Isla donde se ha perdido toda medida del asombro.

La vida de ambos periodistas es pública. Cuando este libro fue presentado a la prensa extranjera, nos detuvimos en la trayectoria laboral y profesional de Arleen y Lázaro. Entre cubanos, obviaré los datos conocidos, y agregaré que ambos son ejemplos, excepcionales trabajadores, con una gran capacidad laboral, estudiosos y ejemplos para todos sus colegas en la utilización de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación, como herramientas para la investigación y la multiplicación de las ideas.

Este libro, resultado de una labor periodística muy seria, y que se apoya en fuentes documentales de autenticidad irrefutable, desenmascara el rejuego anticubano de Elizardo Sánchez-Santa Cruz Pacheco, “a quien —como se consigna en la contraportada—, le hicieron creer que podía ser el número uno de la disidencia fabricada por el imperio como alternativa flexible a la intolerancia de la mafia de Miami y que se acomodó en la idea, en el más rancio estilo de los camajanes de antes de 1959”.

En tiempos de la república de opereta, cuando algún que otro hecho sobresalía de la política cotidiana, los reporteros solían correr hacia el Caballero de París, absorto en una esquina de La Habana, para sacar de su mente desorientada alguna respuesta cuerda a la demencia de la época. Los colegas, recuerdo, se presentaban circunspectos, conteniendo la burla cruel que los dominaba por dentro.

Medio siglo después, la colonia reporteril extranjera, acreditada en Cuba, con la seriedad de la tarea encomendada y la carcajada contenida entre pecho y espalda, solía acudir a este Caballero de la SINA, cuya locura es de otro tipo. Le llovían las entrevistas para conocer el punto de vista de la “oposición” moderada, cuando una coyuntura determinada se hacía noticia explotable por los grandes medios.

Ahora sin respuesta ante la sorpresa y la fuerza de la denuncia, tartamudearía y se enredaría en sus propias mentiras. Sus amigos y jefes, entre la duda y el estupor, no encontraban argumentos serios para contrarrestar los datos, las fotos y las opiniones publicados por Arleen y Lázaro.

En Miami, donde la inmoralidad suele ser la norma, la histeria local le perdonaba todo: estafador, vivebién, mentiroso, haragán, traidor a su Patria o negociante inescrupuloso. Todo, menos haber colaborado con la Seguridad Cubana.

El Camaján es un libro que no tiene prólogo, pero se inicia con un breve y sorprendente capítulo titulado “Doble juego: primera parte” en el que mencionan un asunto que tratarán con detenimiento al final: las labores de Elizardo como el agente Juana, Eduardo o Pestana, de la Seguridad del Estado cubana, moviéndose e informando desde dentro de la SINA, sobre las delegaciones visitantes y la prensa extranjera. 

En el capítulo inicial se destaca el papel del dinero como denominador común, o las actividades que conducen a él. Este es el objetivo de todos los proyectos que este pescador en río revuelto lanza como anzuelos a diestra y siniestra, siguiendo instrucciones, entre otros, de Carlos Alberto Montaner, un ex agente de la CIA y fabricante de bombas devenido político liberal, columnista y escritor.

Su alimento proviene de las mismas ubres en las cuales han estado mamando verdaderas piaras de holgazanes, a costa de contribuyentes y donantes de los países, desde donde OGN, partidos, gobiernos, fundaciones, agencias oficiales o servicios especiales les hacen llegar dinero constante y sonante.

En lo fundamental, el truco del Camaján consistía en apoderarse de buena parte del financiamiento destinado a la fabricación artificial de una oposición interna y a la ayuda destinada a supuestos presos de conciencia y sus familias.

Este posmoderno paladín de una especie de novela de anticaballería se dedica principalmente a esas dos líneas de “trabajo”, sin que repudiara o se divorciara, como puede apreciarse en las páginas de esta obra, de los productos más sucios de los gerentes de las corporaciones terroristas de la Florida.

El contenido de este libro a veces divierte, por la ingeniosidad propia del timador de ocasión que se aprovecha de los cándidos, pero en realidad indigna, porque en la vecindad de personajes como este no hay nada de candidez. Están el odio irracional hacia la pequeña Isla convertida en gigante moral que debe ser castigado ejemplarmente, los que a sangre y fuego intentan mantener un orden de privilegios e injusticias y los que conforman una estructura de corrupción y beneficio personal que se evidencia en los escándalos que estallan en cadena en la medida en el mundo desarrollado.

Entre los documentos recopilados por los autores está una notificación de rimbombante lenguaje y ridículas formalidades, por medio de la cual, oigan esto: bajo “el régimen de ayudas singulares de convocatoria abierta y permanente para las actividades de cooperación y ayuda al desarrollo”, el Gobierno de Aznar destina 50 000 dólares a estos pícaros.

También podemos enterarnos, gracias a la investigación de estos colegas, de otras tuberías para la recirculación de “la pasta”. Diplomáticos convertidos en mulas de agencias clandestinas de remesas “al cashe”, y otros suministradores que se prestan al financiamiento de actividades ilegales como si Cuba fuese el país gobernado por políticos de relajo como suelen encontrarse en otras partes.

Leyendo la correspondencia de El Camaján resulta llamativo el régimen de cuotas establecido para la plata que se distribuye dentro de Cuba. Corresponden a los mercenarios que están en la cárcel 30 dólares, mientras que a los cabecillas que andan sueltos se asignan 500. Vean los recibos firmados, deténganse en su curiosa duplicidad y confiesen, con sinceridad, estimados colegas, si no pensaron mal como yo.

No busquemos, en cambio, en los textos asumidos por el propio CAMAJÁN, estrategias, propuestas, programas o enfoques de cierta coherencia. No los van a encontrar. Ese no es su campo de acción. Su obsesión es que nadie meta las manos en el flujo de caja o en el cuadre de cuentas.

El despiste de este caballero es descomunal cuando en marzo de 1997 suscribe a título personal unas propuestas para solucionar la crisis de Cuba, en un documento que evidentemente le echaron en la maleta en ocasión de un viaje. En uno de los puntos se pretende nada más y nada menos que Fidel Castro se preste a una componenda para solucionar lo que el documento llama “la situación de crisis general en Cuba”, con “una oferta que no pueda rechazar”.

Elizardo se mete tanto en la piel de El Camaján, que  interioriza su psicología, construye un mundo a su imagen y atrasa su reloj 50 años, con un entusiasmo ciego. Desconocer las innumerables pruebas de lealtad del Comandante en Jefe a los principios y al honor durante toda su vida, es de una ignorancia colosal, para tratarlo con generosidad, que no requiere comentarios.  

Lo de “alternativa flexible” al extremismo de la derecha terrorista es puro cuento. Las pugnas, trifulcas y diferencias de El Camaján con otros cabecillas no son de fondo, sino por fondos.

Su participación en la implementación de la ley más infame y anexionista de la historia, engendrada en matriz batistiana, la Helms-Burton, suscribiendo una carta para aterrorizar a los inversores extranjeros, lo deshonra definitivamente.

En este volumen, que reproduce una gran cantidad de esos informes y adiciona abundante material gráfico, Lázaro Barredo y Arleen Rodríguez analizan las razones que explican cómo el afán de dinero y protagonismo que había en el fondo de las aspiraciones de este sujeto y el camaleón que siempre llevó dentro lo distanciaron definitivamente de su compromiso con la defensa y la seguridad de su propio país.

El fósil viviente protagonista de la historia de este libro y de mucha otra gente de su calaña que se desnudan en este libro y en Los Disidentes, de Rosa Miriam Elizalde y Luis Báez, no serían objeto de investigación periodística alguna si no formaran parte del entramado de la agresividad anticubana cuya violencia verbal y práctica ejercida por los jefes supremos de la extrema derecha global adquiere en estos momentos las características muy peligrosas, de cruzada inquisitorial posmoderna, que ha anunciado su disposición a hacer que ardan 60 o más oscuros rincones del mundo, en el cual a Cuba la han colocado en uno de los lugares de mayor tiniebla.

La prensa cubana, el Ministerio de Relaciones Exteriores y el compañero Fidel, han remarcado en más de una ocasión el contenido peligrosísimo e inaceptable de las declaraciones de varios de los integrantes del equipo Bush, muchos de los cuales son verdaderos forajidos que debían echárseles el guante por donde primero asomaran.

Pretexto tras pretexto para la agresión se echan a rodar, algunos son nuevos y otros se desempolvan, como el reciente de Cuba como factor de desestabilización en la región.

Las tres grandes mentiras para la guerra con Iraq se usan ya contra Cuba: armas  de exterminio masivo, vínculos con el terrorismo y el deseo de los cubanos de recibir con alegría la intervención militar.  A eso súmese una cartita de Condollesa Rice (“no debe dudarse de la firmeza de la política de Bush con respecto a Cuba”); de las amenazas de Roger Noriega (“la Administración está comprometida” …” “en hacer caer a Fidel Castro”; de las declaraciones de Colin Powell (el uso de la fuerza militar se ha reservado solo como la última opción, si fracasan los embargos, sanciones comerciales y la presión diplomática, pues Cuba ya no es tolerable); de las medidas de Bush (siete millones de dólares este año para los grupos ilegales internos, 23 millones para las trasmisiones de televisión y radio contra Cuba, 10 mil receptores de radio, dos millones de ejemplares, folletos y suscripciones dirigidos a los cubanos de la Isla, nuevas represalias para los que viajen desde EE.UU., etcétera.)

Y como colofón, una llamada Comisión de transición que es como servirles en bandeja a estos pillos la opción del dinero en el proyecto de ocupación. Pero no tienen gente, sus reservas de cuadros están en blanco. Están en crisis en sus cálculos para implementar aquí lo que se les dificulta más cada día en Iraq. Ahora piden ideas para acabar con la contrarrevolución; parece que se les acabó el ingenio.

Tanto en los cuarteles del extremismo terrorista de Miami, Elizardo ha sido calificado como una víctima de la represión oficial en Cuba, al igual que los sancionados en abril del pasado año por actividades de mercenarismo ampliamente probadas.

Sin embargo, es el propio empleador quien publica con inaudita desfachatez el fondo de salario asignado a sus agentes en Cuba y el que utiliza términos cada vez más claros, que no tienen la más mínima relación con la democracia, los derechos humanos y las relaciones civilizadas entre los estados, para referirse a nuestro país.

Por el extraordinario impacto que ha causado en nuestro pueblo esta obra de la Editora Política, que recoge la investigación de dos colegas que, comprometidos con la verdad, no pueden mantenerse al margen y callar, El Camaján no podía faltar en esta XIII Feria Internacional del Libro.

Muchas Gracias.

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