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UN CENTENARIO
IMPRESCINDIBLE
Alejo Carpentier es una de esas figuras, ricas,
profundas, que cada vez tiene algo nuevo que enseñarnos.
Su narrativa exquisita, su periodismo cultísimo, son
modelos que ya varias generaciones de intelectuales se
han trazado como metas.
Yinett
Polanco|
La Habana
No
a todos los hombres se les celebra el centenario de su
nacimiento aún después de muertos. Solo los
“imprescindibles” son capaces de seguir generando desde
su posteridad, reflexiones una y otra vez en torno a su
vida o a su obra. Solo los hombres que han dejado una
honda impronta en la historia son recordados por muchos,
aún después que han dejado “el reino de este mundo”.
Alejo
Carpentier es una de esas figuras, ricas, profundas, que
cada vez tiene algo nuevo que enseñarnos. Su narrativa
exquisita, su periodismo cultísimo, son modelos que ya
varias generaciones de intelectuales se han trazado como
metas; pero Carpentier va más allá, Carpentier tiene más
facetas, tiene vigencias sorprendentes que están
nuevamente propuestas como tema de análisis entre los
estudiosos de su obra. Aprovechando la propicia
coyuntura de la Feria Internacional del Libro de la
Habana, se realizó esta mañana en la Cabaña un coloquio
acerca de las diferentes facetas del más mundialmente
conocido novelista cubano.
Cuando
evocamos al Carpentier novelista o periodista, olvidamos
su “faceta de hombre de su tiempo, comprometido con la
época que le tocó vivir”, afirmó la investigadora cubana
Ana Cairo en este conversatorio. La investigadora cubana
se refirió a la visita de Alejo Carpentier a Berlín en
enero de 1933 y a las crónicas donde este plasmó después
el “polvorín” que era entonces esa ciudad, con los
intelectuales formando grupos a favor y en contra del
fascismo; esa visita sería el punto de partida de su
focalización de la problemática alemana y europea en
general, en la cual tomó siempre una postura de
periodista militante con la causa antifascista.
Ana
Cairo apuntó además que las nociones de Carpentier sobre
Alemania abarcaban no solo sus opiniones antifascistas,
sino también una profunda admiración por Bertolt
Brecht, a quien pudo ver personalmente, y un hondo
conocimiento de los textos de Alexander Volt Humboldt,
constituido en una suerte de guía científico del periplo
hecho por el continente americano que diera lugar a
Los pasos perdidos.
Aunque
pudiera parecer paradójico que en este coloquio una
cubana hablase de la relación carpenteriana con la
cultura de Alemania, y un alemán hablase sobre la
vigencia de lo real maravilloso en América, la verdad es
que así ocurrió.
Hans Otto
Hill, intelectual alemán y viejo amigo de Cuba, comenzó
su exposición afirmando que “no se puede escribir una
historia de la literatura mundial sin tener en cuenta la
teoría de lo real maravilloso” Esa teoría enunciada por
Carpentier para tratar de comprender un poco ese
sustrato mágico que servía de fondo a toda la realidad
americana aún sigue vigente según Otto Hill, pues en
nuestro continente siguen coexistiendo todos los
estadios evolutivos del hombre.
Ilustrativo
resultó también que hablase Leonardo Padura, un escritor
y periodista cubano cuya labor investigativa estuvo en
un principio muy marcada por la continuidad de las rutas
seguidas por Carpentier. Aunque, para decepción de
algunos, Padura no se refirió a esta influencia en su
obra, sí dio lectura a un ensayo suyo sobre los
basamentos filosóficos de lo real maravilloso donde
reconocía en este la influencia del surrealismo francés
que había sido superado por el sentimiento
latinoamericano del autor de El siglo de las Luces;
este sentimiento se hizo evidente en una frase de
Carpentier leída por el propio Padura “lo maravilloso se
alcanza no solo como un proceso mental (porque) en
América existe todavía un sustrato real para
producirlo”.
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