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ALEJO CARPENTIER
UNA VEZ MÁS ENTRE NOSOTROS
 
Sofía Grandés | La Habana


Por segunda vez el más grande novelista cubano, Alejo Carpentier, nos convoca en esta Feria Internacional del Libro de La Habana para hablar de su perenne ubicuidad. Alejo, para los cubanos, cuando de cultura se trata, está en todas partes, nos conduce en todos los caminos.

Pero Alejo se escapa de las fronteras de nuestra isla, Alejo es más que cubano, es latinoamericano, europeo, es un hombre del mundo. Por eso no somos los criollos que en esta isla habitamos, los únicos autorizados para disertar sobre su figura o su quehacer, así, si ayer un alemán nos demostró la vigencia en América de la tesis de lo real maravilloso carpentieriano, hoy una italiana, la profesora de Literatura latinoamericana de la Universidad Oriental de Nápoles, Alexandra Riccio, ahondó en las influencias de la plástica dentro de la literatura de Carpentier, en especial de la influencia del pintor francés radicado en Nápoles, Monsiu Desiderio, en particular de su cuadro Explosión en la Catedral, dentro de su obra El siglo de las Luces.

En opinión de esta especialista “la significación de (esta) obra pictórica tiene un alcance ideológico tan alto que puede resumir en el reducido espacio contenido en su marco las trescientas y pico de páginas de la novela” y quizás lo que Alejo nos esté queriendo decir, según ella, es que “la cultura puede ser un camino para salvarnos de las mutaciones de la historia gracias a la fijeza de las imágenes que ella misma produce y que quedan como una tabla de salvación entre historia y utopía, en el delicado momento de la transición, cuando acechan las trampas escondidas en la tierra de nadie que separa el deseo de redención de la toma del poder”.                                       

Una afirmación tremendamente importante hecha por la profesora italiana fue que “Carpentier es imprescindible para que América y Europa se conozcan y se comprendan”, con lo que estaba reiterando la universalidad de los temas y valores defendidos por este gigante de las letras latinoamericanas.

Continuando por la misma línea estuvo la exposición de José A. Baujín, profesor de Literaura española de la Facultad de Artes y Letras de la Universidad de La Habana, pues si bien no continuó con la relación entre Carpentier y Monsiu Desiderio, enrumbó el tema por las influencias de Picasso en la obra novelística y periodística carpentieriana y señaló como principales referentes las obras El recurso del método y La Consagración de la primavera, donde estos usos son más ostensibles aún.

Baujín agregó, además, que Carpentier se convirtió a través de su periodismo en el difusor más importante de la obra del malagueño en Cuba, pues en 1926 dedicó en la revista Social, un monográfico dedicado a él titulado el arte múltiple de Picasso y esas críticas y alusiones a la obra del español se mantuvieron mucho tiempo aún.

Araceli García-Carranza, jefa del Departamento bibliográfico de la Biblioteca Nacional leyó la extensa bibliografía carpentieriana con que cuentan los archivos de la institución, donados a esta por el propio novelista y la labor de rastreo que viene realizando la propia Araceli en cuanto a la bibliografía usada por Carpentier para la escritura de sus obras.

Para cerrar el encuentro, porque el tiempo parece conspirar siempre contra los buenos momentos, habló la doctora Graziella Pogolotti, profunda y magistral como siempre, que se refirió a la concepción procesal en la obra del autor de Los pasos perdidos, El siglo de las luces y otras tantas joyas literarias, y a su preocupación por el tiempo inherente a su escritura. Graziella culminó el encuentro con una afirmación que podría ser más que un axioma, casi una ley: “la narrativa de Carpentier sigue funcionando en nosotros y también (seguirá funcionando) para el día de mañana, con esa carga de futuridad presente en sus obras”.

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