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EL VIRGILIO PARA ULISES
Tania
Cordero |
La Habana
Fotos: Andrés Barca
En un día de ajetreo
y de mucho teatro dentro de la Feria, Ulises Rodríguez
Febles recibió el Premio de Dramaturgia Virgilio Piñera
2004. El matancero de 35 años es graduado de Literatura
y desde temprano se decidió por este género, mitad
literario, mitad espectacular. Ante el milenario arte no
pasó inadvertido, pues desde finales de la pasada década
había sido distinguido con varios lauros. Este diálogo
apresurado, pero lúcido revela a un dramaturgo inquieto,
humilde, que se confiesa deudor de todos los grandes
autores dramáticos de su ciudad natal y, más
recientemente, de los valiosos talleres que han
impartido en Cuba dramaturgos de la compañía inglesa
Royal Court.
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“La idea de El
concierto -título con el que conseguí el Virgilio y
el premio del Royal Court- la tenía desde hacía un
tiempo. La presenté en forma de proyecto a los talleres
del Royal aquí. Fueron tres ciclos intensos de trabajo
en el Escambray, en Matanzas y en Cienfuegos, y el texto
se fue enriqueciendo con las observaciones de los
profesores y de mis propios compañeros. El proceso
resultó muy enriquecedor como experiencia creativa.
También en esos talleres participó Gerardo Fulleda,
quien ahora acaba de estrenar el texto con su compañía
Rita Montaner”.
¿Cómo te relacionas
con el hecho de haber ganado el Virgilio Piñera, el
premio del Royal Court y que días antes la obra se
estrenara?
La coincidencia en
opinión del jurado extranjero y el nacional me hizo
sentirme como alucinado. Claro, que eso no da derecho a
vanagloriarse, sino que invita a trabajar más. Además,
la importancia del Virgilio y el fervor con el que lo ha
tomado el movimiento teatral parte de la decisiva figura
de Piñera en nuestra vida escénica. Cada entrega del
premio es un homenaje a ese gran autor.
Se te conoce sobre
todo como dramaturgo para títeres. ¿Qué peculiaridad le
atribuyes a esta escritura?
El títere permite
desarrollar por completo la imaginación y la libertad
creadoras. También vivo en Matanzas y he tenido la
posibilidad de trabajar con el maestro René Fernández,
con Rubén Darío Salazar, Zenén Calero, Migdalia Seguí,
participar de la atmósfera creadora de los talleres
internacionales que se celebran cada dos años. Todo eso,
sin duda, me inclinó hacia esta especialidad dentro del
teatro.
Escribo mucho y tengo
varias obras en la computadora esperando y algunas son
de títeres para adultos. Me interesan las relaciones
entre las figuras públicas y la sociedad. Ya había
escrito una sobre Chaplin y en El concierto me
propongo un diálogo entre la figura de John Lehnon y la
sociedad cubana actual, volver a la polémica de los 60 y
70, siempre intentando hacerme preguntas inéditas que
cumplan con aquella vocación que decía el dramaturgo
ruso Guelma de que el arte debe tener un poder de
anticipación. Creo que el público está ansioso por
encontrarse con sus problemas y debatirlos. |