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PRESENTACIÓN DE OBRAS ESCOGIDAS
Abelardo
Estorino |
La Habana
Primero dar
las gracias. Ante todo a la editorial Letras Cubanas, es
decir, a Daniel García; porque editorial es demasiado
abstracto, es necesario nombrar a los que se han
preocupado porque este libro, este, llegue a las manos
de los lectores. Y editorial incluye a Olga Rosa,
encargada de que se editen libros de teatro, que aunque
forman parte de la literatura de un país, a veces
resultan preteridos. Frente a la novela o la poesía, el
teatro es un hijo de otro matrimonio, casi de una
relación adúltera, no tiene la legitimidad que se da a
otros géneros. A nos ser que ese dramaturgo esté avalado
por otras disciplinas,
como Shakespeare, Lope y
Calderón o Virgilio, Antón y Triana, que además escriben
poesía, novela o ensayos, entonces son además, esa
palabra tan usada en los años treintas, polígrafos.
Pero no
solo Olga Rosa, están la editora Mayra Hernández,
corrigiendo con cuidado cada bocadillo o acotación para
eliminar preposiciones inútiles, gerundios fuera de
lugar, o cualquier otra palabra que obstaculice la
comprensión de la idea. Y algo importante, los
responsables de la presentación concreta, del libro en
sí, que descansara en el estanquillo: Jacqueline,
Berardo y el diseñador Montoto, quienes se
responsabilizan con la belleza de cada ejemplar, primer
enfrentamiento del lector con el libro y debe
prometerles que el tiempo empleado en la lectura será
tiempo ganado, no perdido. Pensándolo bien esa
responsabilidad es mía.
Ahora debo
hablar de Reinaldo Montero. Llevamos años trabajando
juntos. Cada obra que he escrito ha pasado por sus manos
antes del proceso de escenificarla. A él se deben
análisis lúcidos, charlas con los actores, horas
perdidas para hacer que yo descubra lo que el
inconsciente puso en el lenguaje de algunos personajes y
que para mí resulta un misterio incapaz de tachar en el
manuscrito.
Eso está en
lo más oscuro de la profesión, es lo que he tratado de
describir en mis últimas obras. De dónde surgen esas
criaturas, cómo se van convirtiendo en palabras y
gestos, por qué actúan como lo hacen frente a los que
los rodean, cómo cargan con una idea que me quita el
sueño y solo es posible exorcizarlos convirtiéndolos en
signos en blanco y negro sobre una hoja de papel virgen.
Reinaldo
conoce el oficio y me conoce y pone sus conocimientos en
este libro
para
completar lo que se me quedó en el tintero-ordenador.
Un
agradecimiento especial, muy especial para Omar Valiño.
Omar es el gran arquitecto de este proyecto. Suyo es el
afán porque se llevara a cabo, y suyos todos los
memoranda, visitas, búsquedas que lleva el trabajo de lo
que sería un buen productor. En su caso, es arquitecto y
padre. De él surge la idea de estas Obras escogidas
y con él tuve contradicciones que resolvimos después de
conversaciones. Iba a escribir discusiones, pero a veces
se entiende discutir coma alterarse y gritar e insultar
y ese no fue nunca el caso.
Estuve en
desacuerdo al principio en que apareciera “La casa
vieja”. La consideraba perteneciente a una etapa
superada, la de mi adhesión a la estructura ibseniana,
la piece bien faite que en la obra
siguiente había superado. Ahora le doy la razón. No
toda, por mi terquedad. He analizado, no muy
profundamente, es verdad, pero si antes de escribir
estas notas. Porque esa obra es como el pórtico, no el
que escribió Omar, el pórtico por donde se llega a las
demás. Podría utilizar otras metáforas y decir, “La casa
vieja” es el tronco, la semilla, la tierra madre de
donde parte la cosecha. Pero me cuido. Todo parte de
ella, aquí están las pocas ideas con que enfrento la
vida y trato de convertirlas en arte. Utilizo siempre
las mismas de una forma diferente en cada título, escojo
algunos matices, nuevos caminos para abordarlas, pero
son tres o cuatro, con ego me basta. En algunas logro lo
que me he propuesto, no del todo, siempre quedo por
debajo de lo soñado por mi deseo de querer escalar
cimas, a lo que no renuncio; si aspiro al Everest, puedo
llegar al Turquino. Es una cuestión doméstica.
Descubro en
“La Casa vieja” la lucha entre hermanos, el machismo, la
situación del artista y el medio, el ser y la
apariencia, la doble moral, la muerte como catarsis,
revulsión, detonador, la situación de la mujer en la
sociedad... Y todo utilizando la familia coma referencia
a problemas más amplios.
“Los mangos
de Caín” siempre me ha parecido “La casa vieja”
convertida en mito bíblico; “Ni un sí ni un no” amplía
la relación de pareja y las transformaciones de la mujer
en una sociedad que se propone cambios radicales; “Morir
del cuento” echa mano al suicidio de un joven para
desplegar el amplio mundo de la lucha por la tierra y
está presente el amor, la sumisión de la mujer; en
“Vagos rumores” el artista se adueña del centro de la
escena para volver la mirada a la historia, partiendo de
la experiencia de la contemporaneidad; “Parece blanca”
utiliza una obra artística previa para describir la
inconformidad con el pasado vivido y está de nuevo el
ocultamiento de los conflictos, los prejuicios de todo
tipo.
Hay
personajes que he bautizado con el mismo nombre; la
camisa manchada de sangre la llevan Tabito y Plácido;
las relaciones teñidas de matices incestuosos son
comunes a Eva y Caín, Cecilia y Leonardo o Leonardo y
Rosa. Descubro el ritmo y a veces resultan casi
idénticos ciertos textos. ¿Es falta de imaginación u
obsesiones de las que no puedo deshacerme? Me da igual.
Eso es lo que pude hacer. Las revisé múltiples veces,
hice todas las versiones que me parecieron necesarias,
cambié escenas de lugar, oí opiniones autorizadas y sin
autorizar. He trabajado mucho desde que por primera vez
quise contar una historia utilizando el diálogo como
medio expresivo. Me hubiera gustado ser novelista o
director de cine. Por lo que veo, los dioses, siempre
sabios, me pusieron en el camino correcto.
“El baile”
resulta una síntesis de lo expresado hasta el momento.
Su protagonista, Nina, vive la soledad a que se enfrenta
el ser humano en la vejez, perdida la unión familiar por
la muerte y las migraciones, el temor a la muerte, los
sueños no realizados, todos son sentimientos o
situaciones presentes en las obras anteriores.
A veces, al
arribar a los 80, pienso que debo tomarme un largo
descanso y cambiar, transformarme y comenzar después de
nuevo. Ya lo dijo un personaje en “La casa vieja”: “Yo
creo en lo que está vivo y cambia”. Esta es una manera
de ser optimista.
Gracias. |