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PREMIOS CALENDARIO 2003
VIVIR TE PONE AL LADO DEL FILO
 
Bladimir Zamora Céspedes | La Habana

Cuando en el 2002 , junto al fraterno maestro Antón Arrufat y a Caridad Atencio, fallé a favor de Soma y viento como Premio Calendario, no sabía naturalmente quién lo había escrito, ni cuál era el teatro particular en donde sus textos se habían abierto a la luz. En cambio, coincidí con los otros miembros del jurado, en que este poemario destacaba por sobre el resto de obras concursantes, porque exhibía de manera más rotunda la necesaria armonía entre la necesidad de bucear en  preocupaciones y otras angustias de su autor y el lenguaje usado para dejar su reclamo indagador,  como una banderita insistente delante del posible lector. 

Dra Beatriz Magui y Bladmir Zamora, jurados del premio,
junto a Libio Conesa y Abel González Melo, premiados.

Supe después, al abrirse  las plicas del certamen, que era un poeta residente en Alamar y en la feria pasada, el día de la premiación, apenas si le vi la cara a Livio en la brumosa media distancia de una de las incontables bóvedas de La Cabaña, visiblemente atrapado entre la timidez y el regocijo.

El dos y dos de la poesía puede resultar tres o un insospechable número infinito. Por ello no es improbable que alguien –poeta– escribiera estos poemas en una torre de El Vedado; pero, sin duda, al reencontrarme con él allí en Alamar y al oler, tener en el tacto, en la curiosidad de los oídos, por lo menos los timbres más sobresalientes de esa comunidad habanera, me dije: No podía ser de otra manera. Esta poesía es de aquí, o por lo menos estalla más auténticamente aquí, como un grito natural y no como la fabricación de un espiral hueco de la imaginación. 

Carlos Lage Dávila asiste a la premiación del Calendario 2003

Soma y viento es el primer libro que le publican a Livio Conesa Torres, al que habrá llegado después del tráfago fatal, sin el cual no podría mostrarse en estos poemas, apoderado de la metáfora del adolescente, que casi nunca concuerda consigo mismo, ni con el resto de los que y lo que se le atraviesa en el camino. 

Flor, beso, vivir, destino, ciudad, lágrimas, amar, nacer, morir, dolor, ramo de flores, comino a peso, sueño, felicidad, corazón...palabras de toque de la poesía de Livio, como la de tantos que no hemos tenido otro remedio que agarrarnos del clavo insospechable de la poesía. Palabras con las cuales se puede articular un suave discurso complaciente y también hacer  un perpetuo equilibrio sobre el filo, como es el caso del autor de Soma y viento. Necesidad de estrujar el lenguaje de a diario y hacerlo vocear encrespado sobre lo que ve, o lo que necesita ver.

Desde ese universo lingüístico común al que pugna por subir o por bajar del insondable transporte colectivo, o la mujer que otra vez advierte que se escapa la mañana mientras escoge el arroz salvador, o de la niña que puede todavía sostener una rosa sin nostalgia...Desde ese territorio, Livio se pregunta: “¿he regalado o he vendido mis huesos/ a una bandera?”. “y en el marco de esta reunión (país)”, vuelve a preguntar : “en qué parte de la historia/ me pusieron fin (...)”. Admite incluso: “por obviarla/ también la paz se me resiste/ y más importante que amar/ es el destino que incluye el propio amor (...)”. 

El cuaderno se inicia con estos versos: “y es/ es infrahumano mi corazón de moda/ señores qué pasa con la sangre/ fuera del triángulo (..)” y concluye: “marchito/ nombrar las cosas por (2da.)/ ver espada (yo) lindo sobre un trono/ mujer dándome la espalda/ curva por 2da. (especificar) ”. Una clara ruptura con las manualidades de quienes se obcecan con lograr un abrir y cerrar del poemario cual si fuera una cajita de música. Livio ha dispuesto sus fichas para lograr la impresión de que entramos a Soma y viento como a un soliloquio ya mucho antes iniciado y tras el último texto nos tenemos que marchar, sin que él haya dicho todavía la última palabra.

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