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Belén Gopegui, lo real y lo imaginario
Estudió abogacía porque en sus sueños de adolescente
entender las leyes honestamente era la mejor forma de
ayudar a la sociedad, pero luego supo que lo que estaba
mal no eran los juristas, sino las leyes. Entonces
escribió, entre otras novelas, Lo Real.
Jorge
Sariol|
La Habana
Lo Real,
la novela de la escritora madrileña Belén Gopegui está
de nuevo a la disposición de los cubanos como parte de
las muchas buenas acciones de la Feria del Libro. Pero
esta vez la presentación de la obra cuenta con la
autora en un encuentro en la sala José Antonio
Portuondo, donde expone las claves ―algunas― que hacen
―o
hicieron―
posible la creación literaria.
Las
coincidencias en tiempo y lugar resultan siempre una
oportunidad para entender, más que los motivos que nos
impulsan como gente de prensa, las preguntas que nos
asisten como lectores.
Y la
autora, los personajes y la vida misma transitan por una
época a la que la obra responde sin afeites virtuales.
Entonces se pone en boca del personaje central, y entre
las primeras líneas...“Me llaman Irene Arce. No me
gustan los mitos ni creo que puedan nacer héroes en unos
años como los nuestros y aunque voy a contar la historia
de Edmundo Gómez Risco, le considero un semejante.
Incrédulo; como somos a veces. Un hombre no libre, como
casi nadie se juzga a sí mismo. Un vengador, me dije a
los pocos días de conocerle, uno que vengará nuestras
ofensas”.
La novela
aborda ese mundo, o mejor, los mundos que hay que
vivir: la muestras de poder, los chantajes, los
escepticismos, la huelga de los que “perdían” la huelga,
el Madrid de los años 80 y la España de la OTAN.
Belén
Gopegui confiesa que estudió abogacía porque en sus
sueños de adolescente entender las leyes con honestidad
era la mejor forma de ayudar a la sociedad, pero luego
supo que lo que estaba mal no eran los juristas, sino
las leyes. Entonces escribió, entre otras, Lo Real.
“Como no
sabía hacer otra cosa que escribir, además de la carrera
de Derecho, me puse a hacer novelas sobre esas
inquietudes, esas preguntas y esas respuestas.”
“En España
—reconocía Gopegui— la literatura hecha por mujeres es
casi una marca comercial y me resisto a caer en esa
trampa”.
De todos
modos la novelista reconoce que aunque no ha tenido
problemas, no por eso deja de admitir que sí existen
conflictos: “me
parece muy
reaccionario que algunas autoras digan que no existen
los problemas, porque ellas no los tienen.”
En una
sociedad que cada vez se inclina más hacia la literatura
de mercado, escribir es un riesgo: “yo no he tenido
problemas para publicar, pero nadie sabe hasta cuándo
será. Lo cierto es que los argumentos que esgrimen para
rechazar una obra, son, por ejemplo: ‘es que el lenguaje
no es el más aproximado a la realidad’, si es que estás
hablando de Lenin. Si la forma se asemeja a la de
Borges, nadie dice nada o buscan otro argumento”.
“Hoy
—agregó— nadie quiere tocar el tema de los hombres
que maltratan a sus mujeres, por ejemplo”.
Es cierto
que escribir te hace sentir en soledad, —dijo a una
pregunta— por eso hago guiones de cine, porque allí
tienes que encontrar soluciones junto a otras personas.
Pero disfruto mucho todo lo que hago”.
En las 306 páginas de la edición cubana —por Arte y
Literatura— la novela servirá para que cada quien
encuentre sus respuestas, vengan de donde vengan las
preguntas. |