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Feria del Libro 2004
La democracia en México
de Pablo González Casanova
 
Este libro es una invitación al lector a examinar el presente a la luz de su enfoque metodológico, en un mundo donde, cada vez con más frecuencia, surgen intentos de cuestionar y adulterar el principio de soberanía plasmado en el derecho internacional, se convierte en una prioridad no solo para el estado nación, sino también como democracia global.


Juan Luis Martínez | La Habana


Introducción
Desde mis años de estudiante de Sociología, Pablo González Casanova ha sido una figura casi mítica. Para mí esa imagen se vio gradualmente fortalecida con la lectura de varios de sus trabajos, muy en especial, un análisis, publicado en la década del 80, sobre los aportes de la Sociología Latinoamericana a la Sociología Mundial. Con estas palabras quisiera hacer notar que si digo: “es para mí un honor presentar este libro en el día de hoy” no se trataría de una figura obligada de retórica, sino de la expresión de un sentimiento muy sincero.

Aunque esta, una de las obras más conocidas, y editadas, del profesor González Casanova, estoy seguro de que algunos se preguntan por qué, de un autor con una obra tan vasta y actual, fue seleccionado un libro escrito, hace ahora 40 años, sobre el funcionamiento real y las perspectivas de la democracia en una nación específica, aun cuando esta nación sea tan entrañable para nosotros y tan importante para América Latina como la sociedad mexicana. La lectura del libro esclarece inmediatamente esta pregunta.

Si bien los datos y los nombres que expresan los procesos bajo estudio han cambiado, e incluso, algunos comienzan a ser lejanos en el tiempo, el modelo lógico utilizado, así como el contenido de la absoluta mayoría de sus análisis, no solo tienen total vigencia, sino que constituyen una joya de la sociología lationoamericana y mundial, tanto por sus análisis, síntesis y conclusiones, como por su método.

Desarrollo
Objetivos

Su contenido concreto cumple, cabalmente, cuatro objetivos fundamentales de las Ciencias Sociales (y de toda ciencia): trascender la apariencia formal de los procesos y revelar su esencia; examinar las causas que generan la brecha entre apariencia y realidad; identificar las alternativas probables de transformación y proponer medidas orientadas, no solo por la razón, sino también por la ética.

Estos objetivos se cumplen a través del estudio de la democracia, uno de los procesos más importantes —y sintetizadores— de la sociedad moderna. Al propio tiempo, uno de los, cada día, más instrumentalizados y simplificados por los poderes hegemónicos en el mundo contemporáneo. Esos poderes la apoyan en sus aspectos formales si conviene a sus intereses y conspiran contra ella si las fuerzas populares llegan al poder por la vía democrática. La historia de nuestra región está llena de esos trágicos ejemplos.

En el excelente prólogo a esta edición cubana, escrito por la Ca. María del Pilar Castañón, se expresa que una de las virtudes primordiales de la obra es demostrar cómo el mimetismo que, respecto a Europa y EE.UU., pretenden seguir las estructuras políticas formales en América Latina, en la vida real, funciona de manera muy distinta a la que postulan las teorías al uso, las normas escritas y la propaganda.

En una región en la que algunos intelectuales parecerían tener cierta tendencia a presentar, ante cualquier teoría, tesis o método proveniente del denominado Primer Mundo, una especie de réplica moderna de la fascinación del indio ante la cuenta de vidrio, esta sola demostración posee un valor práctico, teórico y pedagógico muy elevado.

A mi juicio, la otra gran tesis que el libro demuestra es, quizás, aun más importante, la de los nexos inseparables entre democracia y desarrollo socioeconómico.

Estructura interna
A través de sus doce capítulos, apoyados en la información contenida en 55 cuadros estadísticos, la obra va descubriendo las características estructura interna, interrelaciones y funciones de cada uno de los principales factores que determinan la naturaleza y el comportamiento real de la democracia en la sociedad mexicana y su condicionamiento por el nivel y las características del desarrollo socioeconómico de la nación.

Comienza por caracterizar la punta del iceberg, las estructuras formales del poder: Sistema Electoral, Presidencia, Congreso, Corte Suprema, Sindicatos, Federación y Estados, Estructuras Municipales; continúa con el examen de factores de poder menos visibles, formalmente, pero históricamente poseedores de una significativa capacidad de presión política: Caudillos locales, Fuerzas Armadas, Clero, Empresariado.

Para finalizar con la identificación y análisis de los elementos que conforman el sistema de influencias y presiones económicas, militares, políticas y culturales externas al estado nación: comercio exterior, inversiones, crédito, invasiones militares, despojos, tratados políticos, importación de libros, influencia religiosa, suministro noticioso, medios de comunicación y películas.

Confieso que ese fue uno de los capítulos que más disfruté, a pesar de su brevedad. Una buena cantidad de autores o encapsulan el estado nación, ―como si existiera en el vacío o en una probeta―, o restringen el análisis de los factores sociales, políticos y culturales tienden a omitir los económicos. (¡Maravillas del cartesianismo disciplinario!) En esta ocasión, me sentí reconfortado.

Después de que el autor pasa revista al elenco de factores sociales que actúan en la realidad del escenario político, pasa a radiografiar los procesos socioeconómicos a los que da lugar la interacción de esos factores. El autor concentra su mirada en cinco: marginalismo social-marginalismo político; sociedad plural, colonialismo interno y manipulación política; estratificación social e inconformidad política; movilización, movilidad social y conformismo político; manifestaciones de inconformidad y luchas cívicas.

Rasgos metodológicos
Tanto en el análisis de los factores como de los procesos, el autor hace gala de cinco rasgos metodológicos que, a mi juicio, hacen de la obra un ejemplo en su género:

  • El uso de análisis diacrónicos en el examen de todas las variables.
  • La utilización rigurosa del análisis cuantitativo de elementos empíricos para conformar conclusiones y juicios de orden cualitativo.
  • La consideración del contexto interno y externo en el que están colocados cada uno de los elementos que se comenten al análisis.
  • El carácter deductivo de los análisis que usa la teoría como marco pero, esencialmente, va de la realidad a la teoría sin caer en la tentación de subordinar la primera a la segunda.
  • Y, por último, el que considero más importante de todos: la capacidad de remontar los enfoques disciplinarios parcelados y ver la realidad en su naturaleza sistémica y compleja. Los problemas en la vida real no son ni económicos, ni sociológicos, ni psicológicos, ni antropológicos, ni politológicos, son todo eso al mismo tiempo y mientras las Ciencias Sociales contemporáneas no sean capaces de enfocar los problemas en su integridad esencial, como lo hace esta obra de manera ejemplar, su capacidad de elaborar propuestas programáticas será muy reducida y se verán confinadas al diagnóstico y la evaluación parcelarias como tienen a estar hoy.

La obra culmina con un análisis conclusivo plural, teórica y metodológicamente muy interesante, pues partiendo de dos marcos teóricos distintos: el marxismo y la sociología política (particularmente Lipset y Dahrendorff) llega a conclusiones, en esencia, coincidentes.

Algunos elementos de esas conclusiones me han parecido simplemente brillantes, especialmente el que señala:

(Cito) “Nadie puede ocultarse que ni basta con implantar formalmente la democratización en los países subdesarrollados para acelerar el desarrollo, ni estos tienen por qué imitar todas y cada una de las formas específicas de la democracia clásica para que haya democracia: la democracia: la democracia se mide por la participación del pueblo en el ingreso, la cultura y el poder y todo lo demás es folklore democrático o retórica”. (fin de la cita)

En otros, aunque me vea obligado a apartarme de la función clásica de las presentaciones de libros, no puedo sustraerme a la tentación de aprovechar la presencia del autor para formular mis dudas:

En la página 170 se expresa: La tarea de la extrema izquierda —de ser coherente y de buscar ser efectiva— no puede ignorar que si México padece de un colonialismo interno y una absorción permanente del proletariado, un oportunismo estructural, un desarrollo semicapitalista, la lucha debe centrarse en acabar con el colonialismo interno y con el desarrollo semicapitalista; en conquistar los derechos políticos y la libertad política de la población marginal, semicolonial; en acentuar la lucha cívica y la organización política en el campo y en las regiones indígenas y en formar en las ciudades los cuadros dirigentes con los obreros más conscientes y radicales, a sabiendas de que México seguirá siendo un país de partido predominante mientras no se desarrolle plenamente en el capitalismo y no desaparezca el colonialismo interno y que, antes de que eso ocurra, no habrá las condiciones de un partido de masas del proletariado y la lucha de clases no adquirirá sus formas puras”. (fin de la cita)

Han transcurrido cuarenta años desde que se formularon esas afirmaciones. En ese período, América Latina ha transitado (o quizás ha sido transitada) por: las estrategias desarrollistas, la primera década perdida, las luchas de liberación, el fascismo, el neoliberalismo, la segura década perdida y ahora comenzamos a asistir al ocaso del neoliberalismo.

En ese período, una revolución científico técnica continua, ha posibilidado, en los países desarrollados, el incremento sostenido del capital transnacional. Esa forma del capital parecería estar generando nuevas formas de colonialismo interno en los países subdesarrollados, de fragmentación del estado nación y de limitación de su poder real como entidad independiente, creando el correlato de que un estado nación, por separado, parecería tener, cada vez menos posibilidades de desarrollo. Cada día más, desarrollo y democracia parecen tener como requisito la integración de las naciones expoliadas frente a los poderes hegemónicos. Puede ser muy esclarecedor saber cómo aprecia usted el problema en las acátales circunstancias.

No quisiera concluir sin expresar que esta obra tiene una excepcional utilidad para la función docente, pienso, fundamentalmente, en nuestros Departamentos de Sociología y en nuestro Instituto Superior de Relaciones Internacionales.

Es una invitación al lector a examinar el presente a la luz de su enfoque metodológico, máxime, porque la necesidad de la democracia real, en un mundo de exclusión; en un mundo donde, cada vez con más frecuencia, surgen intentos de cuestionar y adulterar el principio de soberanía plasmado en el derecho internacional, se convierte en una prioridad no solo para el estado nación, sino también como democracia global.

La construcción de esa democracia requerirá no solo diagnóstico, sino programa; no solo ciencia, sino también ética y hasta una dosis de poesía como la que existe en ese pequeño texto del Comandante Marcos escrito en los primeros años de la guerrilla y que lleva el sugestivo título de “Instrucciones para Cambiar el Mundo:”

Constrúyase un cielo más bien cóncavo. Píntese de verde o de café, colores terrestres y hermosos. Salpíquese de nubes a discreción. Cuelgue con cuidado una luna llena de occidente, digamos a tres cuartas sobre el horizonte respectivo. Sobre oriente inicie, lentamente, el ascenso de un sol brillante y poderoso. Reúna hombres y mujeres, hábleles despacio y con cariño, ellos empezarán a andar por sí solos. Contemple con amor el mar. Descanse el séptimo día.

Mi agradecimiento al autor y mi felicitación a la Editorial por su selección.

Muchas gracias.

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