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El cuento de La Jiribilla

COMPOSICIÓN CON INTRODUCCIÓN, NUDO Y DESENLACE

Ernesto Pérez Castillo

INTRODUCCIÓN

Meterse a clasificar cuántos tipos de buzos hay, y cuáles son sus diferencias a partir de los modus operandi, ubicación geográfica, y tarea específica, podría resultar labor de muy larga duración.

Los Larga Duración eran unos discos de plástico que se llamaban así, y lo de Larga Duración, o LD, o LP por las siglas en inglés de Lonplei –que vendría a significar algo así como lon-largo y plei-juego, y entonces sería un juego largo, en pelota (o beisbol, para seguir en inglichs) sería un juego de más de nueve inings, y en fútbol (para hablar de cosas conocidas en Europa, mercado natural de esta historia), un partido con sus dos mitades, tiempo extra y decisión final por tiros libres.

¿Por en dónde íbamos? Ya, eran unos discos de música, que traían entre doce y quince canciones, y que pasaron a la historia cuando aparecieron los Cidis (de compat dis, o disco compacto en español) que traen igual cantidad de canciones, o más, o menos, según sea de hijo de puta el productor, y que son de lo más útiles si usted los cuelga con un cordel del espejo de mirar patrás de su automóvil, pues impedirá a los policías de tránsito, cuando le apunten con la pistola radar, averiguar a qué velocidad viene usted. Si usted tiene automóvil.

Si usted no tiene automóvil, no siga leyendo. Me interesa que me lean tipos que tengan automóvil, pues esos son los que tienen el baro, el melón, los fulas, los dólares, los euros, los yenes o las libras esterlinas, objetivo final de este cuento. Bueno, objetivo final mío al escribir este cuento. Así, pues, deja de leer, que no te toca, y cuando tengas un baro, veremos qué se hace.

Ahora, despejado el perímetro de muertos de hambre, que no me voy a poner a escribir mierda de gratis, sigo. A propósito, mierda es lo que buscan los buzos al ejercer su oficio, tan viejo como la putería. Si no lo cree, fíjese en las pirámides egipsias: ¿de qué están llenas? De dibujitos de mierda, que se llaman geroglificos. Los faraones eran fanes del buzeo, incluso tenían un dios, el dios Aquenatón, que en egipcio de antes significa “aquel que nació en un latón”. Se sobreentiende que se refiere a aquel que nació en un latón de basura.

Y es que como todo, la vida salió de la basura. ¿O usted se creyó el cuento del dios flotando sobre las aguas y que el verbo era lo primero? Usted no puede haberse creído eso, pues entonces usted sería un inocente. Y si fuera un inocente, no tendría automóvil, y si no tuviera automóvil, no estuviera leyendo esta parte de la historia, pues por allá encima yo aclaré que esta historia es para gente con automóvil.

O sea, si usted esta leyéndome es porque tiene automóvil, no es inocente, es tronco de delincuente y sabe perfectamente de qué estoy hablando, sabe de toda la basura de este mundo, porque la ha venido haciendo. Lo que puede que a lo mejor no sea un especialista, y entonces este cuento le puede servir para algo. La superación.

Pues bien, al principio, fue la basura. Y qué sería lo primero, sino la basura, después del gran despingue que se formó después del big-ban... ¿Qué significa big-ban? Big, en inglés, es grande, y ban viene de ba, raíz de la palabra a la que vamos, o van los buzos, esto es, a la ba-sura.

Un último detalle, para terminar con los detalles. Esta hipótesis es desarrollada con amplitud, por otro escritor, alemán, (¡¡¡alemán!!!, que esos sí que nunca se equivocan) en un tratado que tituló El ángel Azul, donde repite una y otra vez el origen del término Ba-sura.

Napoleón fue otro fan del buzeo. Cuando se fue pa Egipto, se llevó con él a un buzo famosísimo, y lo obligó a bucearse cada una de las tumbas de los faraones, hasta que encontró la piedra Roseta, desde entonces reconocida como una de las basuras más importantes de la historia universal.

Después de esta introducción histórica, podemos ir al origen del buzeo en Cuba. Aunque se pueden citar antecedentes del buzeo desde la llegada de Colón, que trajo las carabelas llenas de mierditas (espejitos, cascabeles, y otras basuras de allá para cambiar por la basuras de acá) y puso a los indios a buzear en cuanto arroyo o cañada se tropezaba para que le encontrarán pedacitos de oro, el verdadero desarrollo del buzeo en Cuba, como todas nuestras grandes conquistas, no se da sino hasta 1959, con el triunfo de la revolución.

Los dirigentes del gobierno revolucionario eran conscientes de la gran cantidad de basura que habían generado los regímenes burgueses y el colonialismo español, ambos sistemas basados en la producción e intercambio de basura. En las casas de los cubanos, con sus mentes llenas de rezagos burgueses, se acumulaban refrigeradores viejos, muebles llenos de comején, muñecos de yeso, etcétera, etcétera, etcétera. (Normalmente cualquier escritor hubiera puesto etc, etc, etc. Yo escribo la palabra etcétera completa, porque así ocupa más espacio y estiro el cuento).

Y también, los dirigentes revolucionarios sabían que para la joven revolución era una cuestión de supervivencia acabar con los rezagos del pasado, para que con las casas y las mentes higienizadas, pudiera nacer el hombre nuevo, liberado de la basura. Entonces, se debía acabar con toda esa mierda. Por eso, a la altura de los años 70, se inventaron el Plan Tareco.

¿En que consistía el Plan Tareco? Pues que la gente tirara pa la calle la basura burguesa que tenía en la casa. ¿Cuál era la estrategia revolucionaria? Pues que la gente empezará a ver la basura con ojos nuevos. Claro que, (y es que los rezagos del pasado son una cosa muy fuerte), solía pasar eventualmente que usted recogiera de aquella basura algo que quizás con algún arreglito, pudiera serle útil, y si no le servía ahora mismo, quizá le serviría más adelante, porque quién sabe, ¿no?

La dirigencia revolucionaria comprendió que la estrategia no estaba funcionando al cien por ciento pero, con su amplia perspectiva dialéctica de la historia, comprendió también que, si aquello si no serviría para acabar con la mierda, por lo menos contribuiría a removerla, y algo es algo, ¿no?

De todas maneras, esa etapa fue la génesis del Movimiento Nacional de Inventores y Racionalizadores, capaz de hacer maravillas con la mierda. Como diría el camarada Lenin: un paso palante, y tres patrás. Si le hubiera puesto música, le hubiera salido una conga muy bonita, y con los komsomoles bailando conga en la plaza roja, ¿quién hubiera podido tumbar el comunismo?

Volvamos a Cuba. Esa fue la primera etapa del buzeo. La etapa romántica, imbuida del espíritu victorioso de la revolución. ¿Quién puede decir que no fue un buzo integrado en esa época?

Luego pasaron los años, y la revolución fue madurando, se fue acomodando, se fue enfriando el entusiasmo característico de los primeros tiempos. La gente se fue aburguesando, y fue perdiendo el sentido crítico y autocrítico. Fue disminuyendo el hábito de deshacerse de las basuras burguesas. Se fue volviendo conservadora. Se fue quedando con su mierda. Y bueno, con el bloqueo norteamericano, también cada vez había menos mierda que botar. Porque eso sí: donde no entra no sale.

Más, siempre hay una esperanza. Cuando muchos hombres pierden el espíritu buzístico, hay hombres que reúnen en sí el espíritu buzístico de muchos hombres. Entonces los buzos se fueron profesionalizando, especializando. Y el gran auge del buzismo se dio precisamente cuando nadie lo esperaba, cuando todos pensaban que ya eso era cosa del pasado: de pronto el campo socialista, completo, se fue a la basura. En Cuba empezó el periodo especial, y entonces fue el gran momento: muchos hombres, decididos a resistir, se fueron a la mierda. A revolver la mierda, a buscarse la vida en la basura.

(Claro que la dirigencia revolucionaria también dio sus pasos en esa dirección: vaya a las tiendas en pesos y verá cuánta mierda, salida de dios sabe dónde, está a la venta ahí. Y clasificadita: existe, por citar un solo ejemplo, la Ropa Reciclada Primera Especial A. Sin dudas, una idea Bárbara.)

Al presente, se pueden apreciar ya con claridad varios tipos diferentes de buzos.

El buzo de playa: esta especie se divide en dos categorías:

Buzo de orilla: aparece en las primeras horas de la mañana, y recorre la costa, mirando detenidamente cada granito de arena. Una mirada inexperta podría confundirlo con un amante de las caracolas a la caza de algún bello ejemplar, una piedra pulida, una concha rosácea. Pero no, anda a la caza de alguna moneda caída de los bolsillos de los turistas. Su especialidad es difícil y azarosa, y no es raro que termine convirtiéndose en:

Buzo de arena adentro, también conocido como Buzo alternativo: aparece a cualquier hora, es inconfundible. Registra una por una las canecas de basura de la playa, recogiendo latas de cerveza, refresco, y botellas de vidrio. Lo vende todo a la Empresa Municipal de Materias Primas. Algunos investigadores afirman que muchos Buzos alternativos provienen del Movimiento Nacional de Inventores y Racionalizadores.

El buzo porcino: es un espécimen de ciudad. Busca en la basura restos de comida, cáscaras de plátano o papas, frutas podridas. Con ello engorda un puerco en el baño de su casa. Por eso buzea. Salvo en épocas muy críticas, consigue lo que busca. En épocas muy críticas, no tiene un puerco en el baño de su casa. Por eso buzea.

El buzo común: es un espécimen ordinario. No tiene un puerco en el baño de su casa. Su casa no tiene baño. A veces ni siquiera tiene casa. Buzea por lo que sea: ropa vieja (literalmente hablando, que difícilmente alguien encontrará un plato de ropa vieja en la basura, y menos en la basura de Labana), sobras de comida, frascos vacíos, periódicos viejos. Nadie sabe qué rayos hace con lo que buzea.

Por lo común, un buzo no pasa de una categoría a otra. Eso es lo raro de Yeslandi Mengano. Comenzó de Buzo de orilla en la playa de Santa María. Pero es el primer Buzo de orilla que conozco al cual le dio por criar un puerco, y pasó a ser Buzo porcino.

NUDO

Claro que Yeslandi tenía un problema. Yeslandi Mengano era un palestino. Decidió venir pa Labana, con el sueño de meterse a pinchar en el Contingente Blas Roca Calderío, cuando la Empresa Municipal de la Goma y sus Derivados, donde se dedicaba a la producción de zapatos de plástico y juntas para cafeteras y ollas de presión, cerró sus puertas (en sentido figurado, porque en la realidad ya ni puertas le quedaban) a los quince días de empezado el Período Especial (y ese sí que es Primera Especial A).

Y logró que lo admitieran en el Blas Roca. Lo malo fue que en ese Contingente Yeslandi se encontró con algo inesperado y nunca visto en su larga trayectoria laboral: allí había que trabajar. Y desyerbar bajo el sol aquellos surcos de yuca que iban de aquí a casa de la yuca no era jamón. Y decidió que pa campesino se hubiera quedado en Sagua. Y se buscó otra pincha en la construcción, pero no en un Contingente, no fuera que fuera a caer en el Contingente que construye los pedraplenes, y le tocara tirar piedras desde Batabanó hasta la Isla de la Juventud.

En la construcción le fue mejor. Estaban construyendo un doce plantas. Llevaban doce años construyéndolo. Y, al ritmo a que iban, pasarían otros doce años antes que la dirigencia revolucionaria decidiera que para ese 26 de Julio había que terminar el edificio.

Y Yeslandi, que tenía una concepción temporal diferente a la que ostentaba la dirigencia revolucionaria, aprovechaba su tiempo: con un saquito de cemento por aquí, unos ladrillitos por allá, unas cabillitas de acuyá, se fue haciendo su casita, modesta, con su jardincito, su portalito, su salita, su comedorcito, su cocinita, cinco cuarticos (dos en la plantica baja y tres en la de arribita), cinco bañitos (a uno por cuartico) y una terrazita con su vistica al mar.

Esa fue la primera vista al mar que tuvo Yeslandi, que había nacido en el monte, y no bajó de las lomas sino para coger el tren regular que lo trajo a Labana. De hecho, la primera vez que vio el mar fue porque el atraso de la construcción del doce planta se debía a que tenían todos los materiales, menos arena. Eso frenaba al doce planta, y frenaba la casita de Yeslandi. Y Yeslandi se fue a la playa a buscarse arena fina.

Y cerniendo los dos o tres camioncitos de arena fina, se encontró algunas monedas. Doscientos treinticuatro dólares, en monedas de 25 centavos, de a diez, de a cinco. Un ventiladorcito de techito en cada cuartico, si no se hubiera tomado las doscientas treinticuatro cervezas de latica que se tomó.

De ahí le vino la idea. Terminó la casita (más o menos, le faltó repellar por dentro y por fuera, azulejear los bañitos, conseguir dos lavábamos y tres tazas de inodoro, poner un tanque de agua y en general la instalación hidráulica completa, por eso volvió a la playa, no por arena fina sino ya usted sabe) y se convirtió en buzo de orilla.

Aunque ya la cosa no daba patanto. Que no es lo mismo cernir un camioncito de arenita en el patio de tu casita, que jamarse 27,52 kilómetros de playa, del Mégano al rincón de Guanabo, día por día, bajo el soletazo. No se puso negro en esa vuelta, porque a un pichón de un haitiano no lo pone más negro nada en esta vida.

Ahí se enteró de la existencia de los buzos porcinos, y calculó que, si la gente podía criar un puerco en el baño de su casa, él bien podría criar cinco puerquitos en los cinco bañitos de su casita.

Y mira tú, le iba hasta bien. Y también le iba que hasta le hacía falta ayuda, y le escribió a su primito Yanuary invitándolo a trabajar con él. En cuanto Yanuary recibió la carta recogío todo (el pantalón que le quedaba del servicio militar, las botas de agua de la escuela al campo, ahora convertidas en chancletas, y un pulóver de Vrus Li que no se había estrenado nunca, esperando su primera visita a Labana, y que se había robado cinco años atrás de una tendedera (la de su vecino) y partió.

Cuando Yeslandi lo recogió en la terminal de trenes ya la cría de puerquitos prosperaba, y luchar por los tanques de basura estaba siendo una tarea durísima, con tremendísima competencia, y Yeslandi comenzaba a pensar que la ayuda de Yanuary no sería suficiente, así que se alegró de que su primito bajara del tren acompañado de Yesteldey y Güintel, sus otros primitos. Los abrazó lleno de emoción, y ellos, llenos de emoción, le presentaron a La China (una mulata de ojos como los chinos, pero verdes), La Niña (que tenía 34 años y enseguida fue reconocida como el culo más grande de Labana) y a La Chiquitica (que medía un metro noventidós). Eran sus novias, aunque en un primer momento Yeslandi no supo cuál era la pareja de cual. Y todavía no lo tenía claro tres años después, cuando le empezaron a llegar rumores de que no eran parejas sino tríos, a veces cuartetos, y a veces un sexteto. Pero eso ya son chismes...

Como fue un chisme también aquello de que La China y La Niña eran un compromiso, o lo otro de que La Chiquitica manichaba todo el baro que luchaban Yesteldey y Güintel, de quienes se llegó a decir que eran los mejores chupa-chupa de la Fuente de La India. Pero todo eso son chismes, ya lo dije. Yeslandi nunca los creyó. Además, eran su sangre. Su propia sangre, como la que corrió el día que La China le fue parriba con una cabilla y le partió la cabeza.

¿Por qué la China le rompió la cabeza a Yeslandi? Nadie lo supo. Pero la policía encontró a Yeslandi tirao en la sala, desangrao como un puerco, y también encontró cinco puerquitos desangraitos, uno por cada bañito, y en que cada bañito fueron encontrando también a La Niña, por partes, un poquito por aquí y un poquito por allá, aunque no encontraron la cabeza nunca.

A lo mejor Yeslandi sabía el porqué, pero aunque el no perdió la cabeza, sí perdió la memoria, y más nunca se pudo acordar de que La China lo había cogío dándole por culo a La Niña. No se acordó de eso ni de más nada más nunca, ni de La China, que fue a terminar sus días en Nuevo Amanecer, la cárcel de mujeres (¿no era que la cárcel era para los hombres?).

Ya para entonces Yanuary era miembro de la policía especializada, y se fue de la casa pal cuartel lo más rápido que pudo. Y La Chiquitica siguió viviendo toda la vida a costilla de Güintel y Yesteldey, que se quedaron con la casita y tuvieron el dúo de travestis más famoso de Labana.

Y aquí el cuento se podía acabar, pero todavía no he contao lo principal, que entre la muela del buzeo y el chisme de los orientales he metío como nueve páginas de desvío... pero na, está entretenía la cosa ¿eh?

Bueno, la cosa fue que Yeslandi con el cabillazo perdió la memoria. ¿Y quién no? ¡Si fue tremendo cabillazo, con ganas, como pa jon-ron! Se quedó en blanco. Y se quedó en la calle. Porque el cabillazo tuvo efectos secundarios. Sí, fue un cabillazo contagioso. Cuando Güintel y Yesteldey supieron que Yeslandi había perdido la memoria, pues del tiro la perdieron ellos también y no se acordaron de Yeslandi nunca más.

Pero pa que se vea como son las cosas, lo único que no se le olvidó a Yeslandi fue el buzeo. Por suerte, que si no, qué hubiera hecho de su vida. Así que salió directo del hospital pal Bulevar de San Rafael, a buzearse los tanques desde Galiano hasta el Parque Central, día por día, hasta el día que luego de buzearse los basureros del Bulevar, consiguiendo un cinto de cuero sin hebilla, una gorra de los Yanquis de Niu Yol manchada de rojo y un tenis Nike casi nuevo del pie izquierdo, cogió pa Obispo pensando en qué cojo sin pie derecho le daría cinco pesos por el Nike y vio, en el piso, entre las mesas al pasar frente al Nautilus, una billetera.

Miró a todos lados antes de atreverse a recogerla. Y luego miró a la billetera, no fuera que estuviera atada a un hilo de pescar, que terminara en las manos de algún chama jodedor que en la otra acera estaría esperando que él se agachara y estirara la mano para dar un haloncito, y la billetera se moviera medio metro, y él pondría cara de qué coño eseto y el chama en la acera de enfrente se cagaría de la risa, y el barrio entero escondido tras las persianas, echándose el pley, se reiría de él.

Era como la séptima billetera que encontraba. La primera la encontró en la Manzana de Gómez, con un carné de medico, la foto de una rubia gordita con granos en la cara, y un billete de veinte pesos que le resolvió el almuerzo de aquel día. La segunda y la tercera tenían su hilo y su chama en la otra punta. La cuarta le dio miedo primero, y rabia después, porque no traía más que un billete de tres pesos, con el che estrujado y sucio, y un carnet de policía a nombre de Estéreo Seguro, que conocería en la estación de Zanja a donde fue a devolver aquella mierda. Fue una buena jugada, porque desde entonces el suboficial Estéreo Seguro le ha tirado tremendos cabos más de una vez.

La quinta y la sexta las encontró el mismo día, frente a la estatua de Martí en el Parque Central, una a las diez de la mañana y la otra a las cuatro de la tarde, y de ninguna de las dos se quisiera acordar. La de las diez de la mañana se veía abultada, y como nuevecita, y se alejaría despacito de sus manos por tres veces seguidas cada vez que la intentara coger, hasta que al tercer intento y corrimiento billeteril la pila de negros vagos y discutidores de pelota a un costao de la estatua de Martí no pudieron más y se empezaron a reír y a darle chucho. Con la otra billetera, lo mismo. Quizá, con seis horas de diferencia, la quinta y la sexta serían una las dos.

Pero esta vez no había hilo, ni chama en la acera de enfrente ni en toda la cuadra, y la gente estaba cada quien puesto pa lo suyo, mirando por la ventana medio cerrada al patio de los bajos donde la vecina estaría mamándosela al carnicero mientras su marido compra dólares en la calle Reina, y los viejitos que ya hubieran regresado de comprar el periódico mirarían medio dormidos un documental sobre la reproducción de los pingüinos en la televisión educativa, y los que tuvieran trabajo estarían haciendo como que trabajaban.

Así que, con los cojones en la garganta, se agachó a recogerla, y la billetera, mansita, se dejó coger, y al abrirla volvió a pensar que su vida era una mierda porque a los tres primeros billetes de a dólar que sacaría se les veía a la legua que eran falsos, y al ver la pareja de policías especiales acercándosele trataría de desenredarse la existencia entregando la billetera a los agentes y diciéndoles miren lo que me acabo de encontrar.

Dos policías especiales, a media mañana, sudando la gota gorda bajo sus boinas de lana gruesa, aburridos, a la espera de la hora de almuerzo pa comerse el arroz con chícharos y el picadillo de pasta de masa cárnica texturizada y enriquecida (¿te acuerdas lo que te decía de la Ropa de Reciclada Primera Especial A? Pues este es otro logro de la revolución, pero en versión alimenticia) pueden ser un peligro para cualquiera. Para Yeslandi, a quien le tenían ganas desde hace mucho... pues mucho peor aun... y si lo han cogío con una billetera que tiene tres billetes de a dólar falsos, peor... y más peor todavía si cuando la siguen revisando descubren un pasaporte a nombre de Piero Cosapicola, un tiquete para el vuelo de Air France de las diecisiete horas, y otros mil quinientos dólares de verdad, en billetes de a veinte, de a cincuenta y de a cien... ¡¡¡candela!!! ¡¡¡Se folma la que se folma!!!

Una mano lo coge por la mano, otra mano lo coge por el cuello, otra mano lo coge por una pata, otra mano lo coge por la cervical, otra mano lo coge por las pasas, otra mano lo coge por un ojo, otra mano lo coge por las costillas, otra mano lo coge por la nariz, otra mano lo coge por la bemba y así sucesivamente... Con una llave de judo (también Primera Espacial A), lo meten contra la pared, y lo registran por dentro y por fuera. Le sacan de los bolsillos dos medias de hombre (una blanca y otra amarilla), un pañuelo de mujer, cuatro cabos de cigarro, una caja de fósforos, un abridor de latas, cinco botellas de cervezas vacías, una cuchara, un jarrito de escuela al campo, un espejo retrovisor de lada roto, un forro de catre, un metro con setenta y cinco centímetros de cable de antena de televisor ruso, y una tarjeta de teléfono sin fondo.

Y en dos minutos el ciudadano Yeslandi Mengano Urrutia (de nacionalidad Cubano, con número de identidad permanente 67021400345, nacido en Sagua de Tánamo, Holguín, y residente ilegal en Ciudad de La Habana) va camino de la unidad de policía de Dragones, y en tres minutos está frente al oficial de guardia, con cara de yo no fui.

Cuatro horas después Yeslandi siente que el mundo comienza a coger color cuando le abren la puerta del calabozo, y allí aparece el rostro aindiao de Estéreo Seguro, su socio policía. Estéreo Seguro, suboficial de primera (¿Primera Especial A?) tiene cara de que ya se comió el picadillo de pasta de masa cárnica texturizada y enriquecida, con los chícharos y el arroz. Y está ostinao. Y tiene sueño. Y le pregunta:

–¿Qué pinga tú hacías con esa billetera?

Contestarle a esa hora a un policía “na, me la encontré tirá por ahí”, después que aquel acaba de meterse media libra de picadillo de pasta de masa cárnica texturizada y enriquecida, aunque el policía sea medio socio tuyo, puede ser un suicidio. Puedes acabar siendo tu propio picadillo de pasta de masa cárnica texturizada y enriquecida. Yeslandi, que lo sabe, en vez de contestarle, mira pal piso.

–Vaya, escapaste porque la entregaste tú mismo...

Y mira tú, sacan a Yeslandi del calabozo, le devuelven todas sus porquerías (menos el jarrito de escuela al campo y la cuchara, pero él ni se lo recuerda al sargento que se las entrega, aunque cree verlos encima de un archivo) y vuelve a la calle, cagándose en su madre, y en la puta de la madre del hijoeputa que botó la billetera aquella con los tres dólares falsos de más...

Y si el cuento se acabara aquí, sería una mierda.

DESENLACE

Por eso, a la mañana siguiente, cuando Yeslandi coja de nuevo por el bullevar, se va a encontrar a Estéreo Seguro, esperándolo con cara de te estaba esperando.

Estéreo no le dice nada. Solo abre la puerta del patrullero, y le señala que suba. Yeslandi, que a estas alturas ya le da lo mismo ocho que treinta y nueve, se sienta en el patrullero sin protestar, y ve como regresan otra vez a la estación de Dragones.

Y antes de bajarse, sospecha que la cosa está en llamas: hay como cinco fotógrafos, una cámara de televisión, y una pila de periodistas con grabadora esperando por él. Aquello huele a Tribuna Abierta de la Revolución con Mesa Redonda Informativa.

¡¡¡De pinga!!! –piensa Yeslandi– ¿en que lío me habré metío ahora?

Estéreo baja del patrullero antes que él, se estira el uniforme, y luego le abre la puerta y lo invita a bajar. Cuando empiezan a tirarle fotos, y le acercan la cámara de televisión, Yeslandi mete mano a gritar:

–¡¡¡Compañeros, esto es un error, yo no fui, lo juro por la pura!!!

Estéreo lo mira serio, y le da un codazo disimulado en el estómago que le saca el aire y le corta la voz... pero lo que le acaba de vaciar los pulmones es el montón de pioneros que entonces ve, en dos filitas, saludándolo con sus pañoletas rojas y banderitas cubanas, y una pila de gorditos con guayaberas y gordas de pelo teñido color soga de tendera con tres años de sol y sereno y pañuelos enrollados al cuello, sonrientes, detrás...

–Andando...

Le ordena Estéreo, señalándole el camino entre las dos filas de pioneros.

Entonces, mientras pasa entre los pioneritos, Yeslandi escucha:

–Un, dos, tres, probando... ¿se oye? Compañeros, compatriotas, cubanos: es la hora de gritar revolución y es la hora de tomarnos de las manos...

Los pioneritos, al escuchar los ruidos que salen del altavoz, se llenan de emoción y se toman las manos alzadas, y agitan más fuerte banderitas y pañoletas...

Y el altavoz continúa:

–...porque este compañero, un humilde representante de nuestra clase trabajadora, un anónimo cubano digno y ejemplar, acaba de dar una lección de honor y de gloria al podrido mundo capitalista, al demostrar que la dignidad y el decoro pueden más que todo el oro del mundo...

Aquí, gritos de entusiasmo de los pioneritos, y más banderas, y aplausos...

–¡Que se alcen esas banderas, para demostrarle al mundo de lo que es capaz un pueblo que ha conquistado para sí los más altos valores morales, un pueblo con una alta cuota de desprendimiento, un pueblo, en fin, que es el más culto del mundo!

Cuando Yeslandi llega a la tribuna, el altavoz se calla y se seca el bigote. Inmediatamente, el más gordo de los de guayabera avanza y coloca en el pecho de Yeslandi la medalla de Cederista Vanguardia por la Emulación Socialista, lo felicita, y lo abraza. Enseguida, todos los otros de guayabera vienen hasta él y lo abrazan, y las gordas de pelo teñido y pañuelos enrollados en el cuello lo besan.

El último que lo abraza es un yuma de Italia, gordo pero sin guayabera, que le dice emocionado:

–Ti sei veramente un huome...

(o algo así más o menos, que Yeslandi no entiende ni una palabra de yuma, y eso es lo que recuerda)

Después montan a Yeslandi en un carro (no es un patrullero esta vez) y una larga caravana los sigue. A su lado va Piero Cosapicola, quien le agradece una y otra vez a Yeslandi su gesto. En Yuma. Y Yeslandi sigue botao como un perro chino. Hasta que el yuma italiano saca la billetera, la muestra a Yeslandi, y lo abraza otra vez. Aquí Yeslandi comienza a entender el rollo.

–¿Tú eres el hijoeputa coño e tu madre que botó la billetera con los tres dólares falsos?

–Certo, e un filo de la putana quel chi a trovato robar la mía bolsa...

–¡Robar qué pinga, so singao, yo me la encontré en la calle! –contesta Yeslandi, a punto de explotar como una cafetera...

–Veramente, tu sei un huome vero, honesto, ma no un ladrone...

–¿Ladrón, y devolví milipico de fulas? Yo lo que soy un imbécil...

Yeslandi está a punto de irse del parque...

–Certo, un imbecile, cualquno que pensa mancillare este pupolo maravilloso, e un stronzo...

–¡¿Trozo de qué, si te la devolví completa?!

–¡E un cotrarevolucionista!

Ya. Yeslandi se va del parque. Se va. Se va de jon ron. ¡Suávana! ¡Qué gaznatón, galleta, galúa, trompa por tronco de la oreja le mete Yeslandi al Yuma. El carro frena en seco... Yeslandi no pierde un segundo. Abre la puerta y se manda a correr. Cruza por Zanja sin mirar pa ningún lao, tumba por Belascoaín pabajo, hasta San Rafael, y enfila pal Bulevar, donde tiene que frenar en seco porque a lo lejos ve de nuevo a la pareja de policías especiales (Primera Especial A).

Ubica con la vista un tanque de basura y le parte pa encima. La pareja Primera Especial A viene despacio en su dirección. Yeslandi comienza a hacerse el loco, registrando la basura. Uno de los especiales saca el boquixtoquix, y habla mirando a Yeslandi. Yeslandi saca del tanque una bolsa de nailon llena de arroz congrí. El especial guarda el boquixtoquix. Yeslandi saca un pedazo de periódico con la foto de un yuma que regaló un dinero a un círculo infantil. Los especiales caminan hacía Yeslandi. Yeslandi saca una caja de zapatos. Los especiales ya junto a él, lo miran y le sonríen. Yeslandi saca un timón de bicicleta china. Los especiales siguen de largo. Yeslandi mete en el tanque el timón de bicicleta china oxidao, la caja de zapatos vacía, el pedazo de periódico con la foto del yuma regalón y el nailon llenito de congrí podrío, seguro de que ya nunca en su vida va a volver a buzear.

Escapé como Skipi, piensa Yeslandi, y revisa su bolsillo. Allí en efecto está la billetera. Pero está vacía. 
 

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