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EE.UU. EL IMPERIO DE LOS MOJIGATOS
Russell Mokhiber y
Robert Weissman |
EE.UU.
La Insignia
Piensen lo que
piensen sobre la emisión de obscenidades, resulta
difícil defender un pinchadiscos que profiere palabrotas
haga más daño social que alguien que pone en peligro la
vida de otra persona. Pero así es, aparentemente, como
piensa el Congreso.
Según la Ley de
Cumplimiento del Decoro en las Emisiones de 2004 que la
Cámara de Representantes ha aprobado este mes, y que
probablemente será sometido en breve al Senado, se podrá
imponer a las emisoras de radio y televisión que emitan
material "indecoroso" multas de hasta 500.000 dólares
por incidente.
Según las normas de
seguridad laboral del país, un empleador que cometa una
infracción "grave" -definida como "una infracción en la
que exista una probabilidad importante de que pueda
provocar la muerte o lesiones físicas graves, cuando el
empleador conocía, o debería haber conocido, el riesgo"-
podría ser castigado con una multa de hasta 7.000
dólares por infracción. Si un empleador comete una
infracción "deliberada" de las normas -lo que significa
que "el empleador comete de forma intencionada y a
sabiendas" la infracción- podría ser castigado con una
multa de hasta 70.000 dólares.
No se trata sólo de
que las sanciones por infracciones de las leyes sobre
seguridad laboral se vean eclipsadas por las multas que
se proponen para las faltas al decoro. Hasta las multas
medioambientales, considerablemente más enérgicas que
las multas laborales, palidecen en general comparadas
con las sanciones que se proponen por emitir algo
indecoroso (las multas para las peores infracciones de
la Ley de Aire Limpio, por ejemplo, son de hasta 10.000
dólares por día de infracción).
Más allá del tremendo
error en el sentido de las prioridades, hay mucho que
aprender de la yuxtaposición de las multas propuestas
por emitir faltas al decoro y las previstas para otras
clases de fechoría que cometen las empresas.
Eso es porque la Ley
de Cumplimiento del Decoro en las Emisiones trata de ser
una ley seria que ejerza una función disuasoria seria y
otras leyes no.
Hay al menos tres
características del proyecto de ley sobre emisiones que
deberían importarse a otras normas de orden público que
afectan a las empresas. La primera es la envergadura de
las multas, que son lo bastante elevadas como para que
cualquier empresa presten atención, sobre todo porque
pueden agravarse con facilidad mediante el emplazamiento
por numerosas infracciones.
En segundo lugar, el
proyecto de ley sobre emisiones postula la imposición de
multas tanto a empresas como a particulares: tanto a las
emisoras como a sus empleados o artistas. Lo análogo
sería que se impusieran multas tanto a las grandes
empresas que ponen en peligro a sus trabajadores como al
presidente del consejo de administración o el director
de planta responsable de permitir que existiera la
situación peligrosa.
En tercer lugar, el
proyecto de ley sobre emisiones amenaza con la pena de
muerte para quienes vulneren las normas sobre el decoro.
El proyecto ordena a la Comisión Federal de
Comunicaciones (FCC) que tenga en cuenta las
infracciones de las normas sobre el decoro cuando
resuelva si renueva las licencias de emisión. Sin estas
licencias, las emisoras no pueden utilizar las ondas
públicas y tendrían que cerrar. Para los reincidentes
-los que cometen tres o más infracciones- el proyecto de
ley ordena a la FCC que inicie un procedimiento para
determinar si se revoca la licencia de emisión del
infractor.
Para bien o para mal,
no cabe duda de que, si se promulga, la ley sobre el
decoro en las emisiones tendrá el efecto disuasorio que
se pretende. Miren si no el esfuerzo que está haciendo
el gigante de la radio Clear Channel para distanciarse
de Howard Stern y los pinchadiscos que traspasan los
límites de la obscenidad.
Los agentes
económicos que desean potenciar al máximo sus beneficios
se toman en serio las multas significativas, sobre todo
las amenazas para su actual viabilidad.
Ojalá el Congreso
estuviera dispuesto a imponer estas sanciones a los
infractores empresariales que amenazan la seguridad de
las personas y del planeta.
(*) Russell Mokhiber es editor de Corporate Crime
Reporter, con sede en Washington D.C. Robert Weissman es
editor de Multinational Monitor, con sede en Washington,
D.C. Ambos son coautores de Corporate Predators: The
Hunt for MegaProfits and the Attack on Democracy
(Monroe, Maine, Common Courage Press, 1999). |