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EL GIRÓN DE NOSOTROS
Recuerdo que la idea del libro comenzó a surgir
en medio de una conversación
entre jóvenes que recordaban sus experiencias durante
aquellos combates. Algunos habían estado en el mismo
sitio, en distintos momentos, sin saberlo. Habían visto
caer las mismas bombas, arder el mismo
vehículo, habían reaccionado de igual o distinta manera
ante esas escenas.
Víctor
Casaus |
La Habana
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El libro de Víctor Casaus es, evidentemente, un
libro excelente, es una evocación vívida, plástica,
muy lograda del episodio de Girón y, a la vez, desde
el punto de vista técnico, constituye algo ejemplar.
Creo que quedará para el futuro como un modelo, como
un paradigma para este tipo de trabajo
Raúl Roa
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Portada de
Girón en la memoria, 1971 |
Girón está hoy a cuarenta años en la memoria y por ello
la nueva edición de este libro es un acontecimiento
feliz en mi vida de escritor —es decir: en mi vida.
Aquí aparecen nuevamente las palabras de aquellos
testimoniantes que entrevisté en la segunda mitad de la
década del sesenta, en la Isla de la Juventud y en otros
sitios, siguiendo el hilo de los acontecimientos y
tratando de atrapar las coincidencias de sus vidas y sus
acciones en aquel reducido pero intenso escenario de
combate.
Recuerdo que la idea del libro comenzó a surgir para mí
en medio de una conversación en algún lugar de la Isla,
entre jóvenes que recordaban sus experiencias durante
aquellos combates. Algunos habían estado en el mismo
sitio, en distintos momentos, sin saberlo. Otros habían
sabido de acontecimientos en los que algunos de los
presentes fueron protagonistas. A veces, habían visto
caer las mismas bombas, habían visto arder el mismo
vehículo, habían reaccionado de igual o distinta manera
ante esas escenas.
Esa recurrencia de la memoria, ese poder del azar, en
medio de una circunstancia violenta y terrible, pero
atractiva y hermosa, abrió el camino a este libro y
definió, de hecho, sin yo saberlo, su estilo y su
estructura. El período de recopilación de información;
las entrevistas realizadas con una vieja grabadora de
carretes pequeños, que se iban borrando para dejar
espacio en la maltrecha cinta a las nuevas palabras que
llegaban; la búsqueda de aquellos materiales de prensa;
el hallazgo del cuento o el poema escrito por un
contemporáneo, todo ello fue, en si mismo, una aventura
inolvidable. Hacer el libro fue revivir aquella historia
y aquella Historia.
Al poder evocador de la palabra, multiplicado por la
técnica del montaje —maravilloso aporte del cine—, se
unieron las imágenes de un protagonista: Ernesto
Fernández, el primer fotógrafo que llegó a la zona de
combate y vivió, con la intensidad de su juventud, como
participante, los hechos que su cámara registraba como
cronista.
Hoy es hermoso que este libro vuelva a contar aquellos
acontecimientos con los mismos personajes, con las
mismas palabras, con las mismas imágenes. Por ello,
Girón en la memoria se publica ahora exactamente como
apareció en la edición del Premio Casa de las Américas,
donde recibió Primera Mención en el recién inaugurado
género de testimonio en 1970. Alguno de los
entrevistados ha muerto en estos años; otros ya no
piensan como entonces y sus vidas son otras vidas. Aquí
están como fueron y como escribieron: esa es una
maravilla y una virtud de la memoria a la que no es
fácil escapar.
El libro tuvo un inicio feliz y una prueba de fuego en
aquel Premio Casa. Allí lo leyó y lo evaluó un jurado
casi excepcional: Raúl Roa, Rodolfo Walsh y Ricardo
Pozas. Los tres fueron autores de lo que hoy llamamos
testimonio en direcciones estilísticas diferentes, pero
con una alta calidad literaria y una gran capacidad de
comunicación. Los mencionó aquí, en las distancias de la
memoria y las cercanías del cariño y la admiración, para
volver a trasladarles el agradecimiento y el homenaje de
aquel joven escritor de testimonios que los saludó en
los salones de la Casa después de anunciados los
resultados del Premio.
Allí Roa dijo a una periodista frases sobre el libro que
todavía me emocionan y Rodolfo, con el original
maquinuscrito todavía bajo el brazo, me advirtió en tono
cómplice: "A mí no me jodes: eso es cine".
Girón... inició así su vida como libro y terminó de
realizarse —como creo que sucede con toda obra
literaria— cuando llegó a mano de los lectores meses
después, dentro de las ediciones del Premio Casa. Si las
coyunturas y los avatares de los años inmediatos no le
trajeron —y le atrajeron— la atención y la evaluación
que merecía de la crítica literaria, eso es, a estas
alturas, harina de otro costal de la memoria, que no
vale la pena remover —pero que tampoco hay que olvidar.
Lo importante es que el libro está aquí nuevamente, con
el eco de las palabras de Roa y la advertencia de
Rodolfo, para contar a sus lectores —a nuevos lectores y
nuevas lectoras— aquel Girón de la memoria colectiva de
todos nosotros.
Sobre los combates de Playa Girón —también llamados de
Bahía de Cochinos en otras bibliografías— se han escrito
millares de páginas a lo largo de estos cuarenta años.
Especialistas, analistas y veteranos de las fuerzas
enfrentadas en aquella guerra se han reunido en
ocasiones para intercambiar sus criterios, para
reflexionar y debatir sobre la significación global y
las consecuencias de esos combates.
El largo tiempo transcurrido hará seguramente más
viables esos encuentros e intercambios que pueden
contribuir a precisar aspectos de las acciones perdidos
ahora en las memorias respectivas.
Este libro, en todo caso, cumple hoy una misión más
íntima pero igualmente imprescindible: traer hasta
nosotros las voces de los participantes —a través de
entrevistas, textos literarios, recortes de prensa- que
nos hacen vivir, junto a ellos, aquellos momentos que
fueron trascendentales para sus vidas y que ya han
pasado de la historia a la Historia.
Girón está hoy a cuarenta años en la memoria y si este
libro revela hoy, todavía, su pasión y su latido, sería
más completa aún la felicidad de este escritor.
Notas a la última edición.
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