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Camila: la maestra
Recientemente en la Cátedra
Latinoamericana de la Facultad de Artes y Letras de la
Universidad de La Habana fue presentado el libro
"Camila
y Camila",
de la doctora Mirta Yáñez, quien en el año 2000 obtuvo
el Premio Memoria que convoca el Centro Cultural Pablo
de la Torriente Brau con un proyecto de investigación en
torno a la figura de Camila Henríquez Ureña, un icono de
la pedagogía iberoamericana.
María
Fernanda Ferrer|
La Habana
Recientemente en la Cátedra Latinoamericana de la
Facultad de Artes y Letras de la Universidad de La
Habana fue presentado el libro
"Camila
y Camila",
de la doctora Mirta Yáñez, quien en el año 2000 obtuvo
el Premio Memoria que convoca el Centro Cultural Pablo
de la Torriente Brau con un proyecto de investigación en
torno a la figura de Camila Henríquez Ureña, un icono de
la pedagogía iberoamericana.
A la presentación de
"Camila
y Camila"
asistió un nutrido grupo de alumnos y profesores del
alto centro docente quienes recordaron a esa pedagoga
que supo "combinar el rigor y la flexibilidad" y quien
poseía "una personalidad muy abierta, ofrecía libertad a
la vez que inspiraba respeto y disciplina".
Aseguró la doctora Ana Cairo, profesora de la
Universidad de La Habana, que Camila se sentía heredera
de una tradición familiar y que apostó por Cuba en el
sentido más amplio.
Al término de la presentación, Mirta Yáñez manifestó a
esta reportera sentirse muy satisfecha por la edición
del libro, por su calidad y diseño y agradeció a todos
los admiradores y veneradores de Camila sin los cuales
—dijo— no hubiera sido posible la realización del texto.
"Lo único que hice fue organizar los materiales y
ponerle, tal vez, algo de mi picardía porque este
volumen fue concebido por todos aquellos que fuimos sus
alumnos o compañeros. Fue un deber moral y de corazón.
Me siento deudora no solo de Camila sino de todos los
profesores de la Escuela de Letras y del Instituto Raúl
Cepero Bonilla. Ellos me enseñaron el rigor del
pensamiento y creo que es lo más importante y es lo que
trato, desde mi pequeña trinchera, ya sea en la
literatura o cuando fui profesora o simplemente cuando
me dan la palabra, que una cosa es la broma y el chiste,
lo cual me encantan, y otra el rigor a la hora de
enfrentar cualquier tarea de la vida. Eso, además de
pensar, me lo enseñaron mis profesores".
En un aparte con la doctora María Dolores Ortiz (una de
las profesoras de mayor reconocimiento dentro del mundo
universitario cubano) quien asistió a la presentación
del libro, nos reveló que nunca fue alumna de Camila en
el sentido de estar sentada en un aula, pero siempre se
ha sentido su discípula.
"En la década del sesenta yo era muy joven cuando empecé
a trabajar en la Universidad y ya Camila era una mujer
con una vida vivida de mucho más de 60 años; para mí es
un ejemplo de cómo debe de ser un profesor, no solamente
por su cultura, por la forma de impartir las clases, de
cómo hacer pensar a los estudiantes, sino en su aspecto
personal. Cuando uno la veía sabía que estaba en
presencia de una maestra: su forma de vestir, su manera
de conducirse, de relacionarse con las personas, era la
imagen del maestro que al mismo tiempo que sabe hacer
todas esas cosas, sabe poner una distancia necesaria
entre lo que es el alumno y el maestro para que exista
ese respeto mutuo que tiene que haber entre unos y
otros. Para todos los que fueron sus alumnos o sus
compañeros de claustro es un ejemplo. Cuando en los años
sesenta el transporte se puso tan escaso en La Habana,
como está ahora, Camila venía caminando —con casi
setenta años— desde el edificio Sierra Maestra donde
vivía hasta la Facultad de Artes y Letras de la
Universidad de La Habana. ¡Nunca llegó tarde a clases!
Creo que eso constituye un ejemplo de cómo uno tiene que
sobreponerse a las dificultades para cumplir una
obligación que en ella, como en muchos de nosotros, es
también una vocación".
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