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CUBA, PATRIMONIO DE LA HUMANIDAD
Ángel
Guerra Cabrera|
México
La Jornada
Circula profusamente en Internet una propuesta de
plataforma de acción para la Red de Redes en Defensa de
la Humanidad, redactada por Pablo González Casanova y
Víctor Flores Olea, a solicitud del capítulo mexicano.
El documento aborda tres puntos centrales en que podría
centrarse la actividad de la red: la resistencia a las
políticas neoliberales, a su nueva fase de aplicación
belicista por Bush II y la solidaridad con quienes las
resisten (véase www.defensahumanidad.org). La defensa de
Cuba, argumenta, sería un primer elemento de
identificación de los integrantes de la red: "Exigir en
la próxima reunión de Ginebra (...) que se considere a
Cuba como un Patrimonio de la Humanidad por haber
logrado los más profundos avances conocidos a nivel
universal en la práctica de la democracia, (...) de la
libertad y (...) del socialismo". Aunque toma a Ginebra
como punto de partida, el pronunciamiento no se reduce
al rechazo de una resolución anticubana en la mal
llamada Comisión de Derechos Humanos (CDH). Como la
Santa Inquisición en el medioevo tenía la misión de
enviar a la hoguera a quienes cuestionaran los
privilegios feudales, esta y otras instancias de la ONU
están consagradas hoy a satanizar toda oposición al
Reich de Bush. Cuba, por su fuerza moral, es la
principal piedra en el camino para los nuevos nazis. No
debe sorprender entonces que el principal objetivo en la
CDH de la potencia más poderosa de la historia sea
condenar a un país al que supera abrumadoramente en
armamento, 200 veces en territorio y 30 en población.
Con Inglaterra a la cabeza, el nuevo Führer cuenta en
ese organismo con un lacayuno grupo de gobiernos como
República Checa y Australia, o sus equivalentes
latinoamericanos, ergo Honduras, Guatemala, Costa Rica,
República Dominicana, Chile y Perú. Y si a la mera hora
no le da la cuenta de los votos no vacilará en torcer
brazos de indecisos y renuentes amenazándolos con
represalias de todo tipo.
Ante el cúmulo de mensajes solidarios y preguntas que
llegan sobre cómo impulsar la iniciativa sobre Cuba,
González Casanova precisa la idea. Se trata, dice, de
ampliar el concepto de Patrimonio de la Humanidad
aplicado hasta ahora en la UNESCO a sitios, ciudades,
paisajes o documentos del patrimonio pretérito,
extendiéndolo también a hechos extraordinariamente
relevantes de la historia viva. Visto así, Cuba
prefigura el nuevo mundo posible y es por eso un
referente para el futuro de la humanidad.
El capítulo mexicano cree en la fuerza y viabilidad de
esta idea, de allí que decidiera difundirla en el mundo.
Del intercambio entre las redes de todos los países
surgirán las formas de llevarla a cabo. Los muchos
siempre se han identificado con Cuba como algo propio y
esta es una manera concreta de traducir esa
identificación en un hecho de gran relevancia política.
Llevará tiempo organizarlo, pero estamos seguros de que
la idea de proclamar a Cuba Patrimonio de la Humanidad
tomará cuerpo porque en la Isla se ha logrado la
alternativa más completa a un orden mundial regido por
la banalidad, el hedonismo rampante, el pensamiento
único y acrítico, y la mentira. Están en el orden del
día la criminalización y, eventualmente, la calificación
de terroristas a los que resisten ese orden, a sus ideas
y a las minorías; a todo lo diferente; en suma, al
estereotipo dominante. El propósito es legitimar el
racismo, el lucro sin importar los medios, las
criminales guerras de conquista como en Afganistán e
Iraq, y la supresión de las libertades y derechos
individuales y colectivos conquistados en siglos de
lucha. La importancia de impulsar esta iniciativa es que
Cuba ―pese al cerco, el bloqueo y la amenaza militar
constante de la potencia hegemónica― ha demostrado que
se puede vivir en libertad y dignidad sobre bases
totalmente diferentes. Cuba coloca en primer plano al
ser humano y a su espiritualidad, de lo cual es un
ejemplo ―uno entre muchos― el proyecto ya aplicado en
todos los municipios de universalizar la enseñanza
superior. Aquí radica una singularidad cubana. Conjuga
armónicamente, en síntesis creativa, la formación de
nuevos valores y conciencia con la construcción
económica que la sustente.
La solidaridad con Cuba no debe desenvolverse desde la
defensiva. Su acento debe ponerse en romper el cerco
mediático y, sin idealizarla, dar a conocer la realidad
social de la Isla. |