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CUANDO EL SUELO SE TIÑÓ DE AZUL
“A
mi juicio fue una doble victoria: una la alcanzamos en
el plano militar y la otra, tan importante como la
primera, en lo cultural. Porque a pesar de la agresión y
de los bombardeos no se detuvo un solo instante la
campaña de Alfabetización que se llevaba a cabo en
nuestro país aquel año de 1961, una de las primeras
medidas emprendidas por el gobierno revolucionario”,
entrevista exclusiva con la periodista y narradora
Marta Rojas.
Magaly
Cabrales|
La Habana
“En los
primeros años de Revolución, exactamente en 1961 cuando
se produce la agresión mercenaria, existía en Cuba un
impresionante movimiento cultural”, asegura la
periodista y narradora cubana Marta Rojas, uno de los
testigos de la primera gran derrota del imperialismo en
América.
“Una
vida cultural intensa caracterizada, entre otras cosas,
por la creación y organización de agrupaciones
artísticas, entre las que sobresalían el Conjunto
Folclórico Nacional a cargo de Martínez Furé, el Ballet
Nacional de Cuba, llamado entonces Alicia Alonso. Habían
sido creadas instituciones culturales como el Instituto
Cubano del Arte e Industrias Cinematográficas (ICAIC) y
la Casa de las Américas
“En los
teatros, por ejemplo, se exhibían obras de teatristas
cubanos como Antón Arrufat. Es decir, que se
desarrollaba un movimiento cultural muy vasto auspiciado
por los que habíamos decidido quedarnos en Cuba, junto a
Fidel y la Revolución. Ese amplio movimiento hizo que
los intelectuales nos moviéramos en muchos campos, tanto
del ambiente periodístico como del cultural, que
trabajáramos en diversos lugares”.
“Desde
el punto de vista internacional, señala la autora de
El que debe vivir (Premio Casa de las Américas de
testimonio, 1999), por aquellos días de abril del 61
tuvo lugar un acontecimiento, que si bien tuvo carácter
científico, fue a la vez un hecho cultural pues reflejó
el desarrollo alcanzado por la humanidad en la ciencia y
en la tecnología. Me refiero al primer vuelo espacial al
cosmos protagonizado por Yuri Gagarin. De este hecho, lo
que más divulgó la prensa cubana fue la declaración de
Gagarin de que nuestro planeta era azul. Esa idea tan
hermosa de un planeta azul, expresada por el primer ser
humano que vio la Tierra desde el cosmos, conmovió a los
cubanos y a mí particularmente. El vuelo espacial se
produjo el 13 de abril y el 14 tuvo lugar el sabotaje
con el consiguiente incendio de la tienda más bella que
había en Cuba, El Encanto, donde perdiera la vida Fe del
Valle.
“El
fuego de El Encanto también nos impactó a todos.
Millares de habaneros, entre ellos muchos intelectuales,
lo contemplamos consternados desde la distancia. Las
llamas devoraban el edificio de forma atroz y su visión
contrastaba con la idea de Gagarin del planeta azul. A
partir de ese momento los acontecimientos se
desencadenaron muy rápidamente. Enseguida comenzaron los
bombardeos. Al mismo tiempo aparecieron las primeras
grandes fotografías. Es decir, que las Artes Plásticas,
por conducto de la fotografía, fue la primera
manifestación de nuestra cultura que reflejó los
acontecimientos que tenían lugar en nuestro país en
aquellos tristes pero gloriosos días de abril. Aquellas
fotografías son obras de arte que podemos admirar en los
museos. En muchas de ellas aparece la calle 23 repleta
de habaneros, de cubanos en general, que vestían con
orgullo el traje de miliciano.
“Entones
sí compartimos el criterio de Gagarin”—afirma convencida
la también autora de La cueva del muerto.
“Nuestro planeta era azul, según el cosmonauta ruso, y
nosotros, que estábamos allí en aquella concentración
del día 16, comprobamos que el suelo cubano también
tenía ese color por el azul de las camisas de mezclilla
que vestían los milicianos.
“A los
artistas plásticos les siguieron los poetas. Surgieron
muchos que, junto a los que ya lo eran, hicieron grandes
obras sobre Girón. Respecto a la literatura lo que surge
en esos días de combate es fundamentalmente información
y crónicas que se publicaban en periódicos como
Revolución, Hoy (que era el órgano del
Partido Socialista Popular) y El Mundo y en
revistas representativas como Bohemia y
Trabajo.
“Al
organizarse las milicias, los intelectuales, como parte
del pueblo, fuimos llamados a integrarlas. La gran
mayoría, por no decir todos, dimos el paso al frente.
Algunos, los que contaban con cierta preparación
militar, fueron destinados a los distintos escenarios de
combate, mientras que los que no la tenían fueron
acuartelados. Permanecí movilizada en el edificio del
Ministerio del Trabajo, lugar que compartí con otros
muchos intelectuales entre los cuales había poetas,
escritores, diseñadores, científicos y periodistas.
“Fue por
estos días de Girón cuando se estrenó el Batallón Lidia
Doce integrado por mujeres, fueron ellas las que
custodiaron a los mercenarios cuando los trasladaron
como prisioneros al Stadium Latinoamericano mientras se
les realizaba el juicio. Muchas de estas mujeres eran
intelectuales que se dedicaban a asuntos de la economía
o eran abogadas.
“A todos
los acuartelados nos entregaron metralletas de las
cuales sabíamos solo dos cosas; primero: eran nuevas por
la grasa que todavía contenían y, segundo, ponerle el
seguro y quitarlo inmediatamente cuando viniera el
enemigo. Eran conocimientos rudimentarios pero lo más
importante era nuestra decisión de no dejarnos vencer, y
esa decisión tuvo mucho que ver con esa victoria que
obtuvimos de forma tan rápida.
“A mi
juicio fue una doble victoria: una la alcanzamos en el
plano militar y la otra, tan importante como la primera,
en lo cultural. Porque a pesar de la agresión y de los
bombardeos no se detuvo un solo instante la campaña de
Alfabetización que se llevaba a cabo en nuestro país
aquel año de 1961, una de las primeras medidas
emprendidas por el gobierno revolucionario.
“Una vez
logrado el triunfo prosiguió el desarrollo cultural,
haciéndose mucho más intenso a partir de Girón. Así,
creció la poesía al igual que las obras de los artistas
de la plástica y también la literatura. Uno de los
primeros libros que se hicieron en esa etapa posterior a
Girón fue el que publicó ediciones R, adjunta al
periódico Revolución, órgano del Movimiento 26 de
julio. El volumen, que lleva por título Girón,
está conformado por cuatro tomos en los cuales se
recogen todas las crónicas, poemas y gráficos ejecutados
por relevantes artistas cubanos. El último tomo está
dedicado al juicio que se les hiciera a los mercenarios
y también aparecen las elocuentes palabras de Fidel
canjeando a los invasores por compotas y tractores.
“Dentro
de la pintura, el primer afiche representativo de Girón
es la palabra escrita con la sangre de un joven
miliciano que antes de morir escribió el nombre de
Fidel. Esa palabra apareció escrita en primera plana en
todos los periódicos. También se crearon afiches de
combate como el que representa a nuestro Comandante en
Jefe saltando del tanque. Ambas fotografías han devenido
símbolos de aquella histórica etapa de la Revolución
cubana. Hay que consignar también la oratoria en la que
sobresalen discursos, no solamente de Fidel, sino
también de otros dirigentes.
“Hubo
gran cantidad de adhesiones que llenaban varias páginas
en los periódicos y con las cuales dirigentes e
intelectuales de América y del mundo manifestaban su
solidaridad con Cuba por el triunfo alcanzado.
“Es
decir que, en términos generales, podríamos resumir lo
siguiente: el primer hecho cultural es la Revolución
misma. Y la Revolución triunfa el 19 de abril.
Paralelamente a ello está la participación de los
intelectuales y artistas desde el puesto más modesto
hasta los más cimeros en el combate frente al enemigo.
Y, por último, la culminación de la Campaña de
Alfabetización para hacer de Cuba un pueblo culto.”
Durante
varias décadas el pueblo de Viet Nam luchó contra la
presencia extranjera en su territorio. Al lado de los
vietnamitas estuvo Marta Rojas como corresponsal de
guerra. Las experiencias vividas allí le permitieron
escribir poco después sus Escenas de Viet Nam. Le
preguntamos a la escritora si no se ha propuesto dejar
constancia de sus vivencias en Girón en una obra similar
a la Consagración de la Primavera, de Alejo
Carpentier, los testimonios de Dora Alonso, o Girón
en la memoria, de Víctor Casaus…
“Como
obra literaria no tengo nada escrito acerca de Girón,
pero sí, en cambio, escribí varias crónicas
fundamentalmente de los momentos en que se desarrollaron
los juicios. Tengo muchísimas cosas escritas en
periodismo. Pero no descarto la posibilidad de hacer
algo más extenso donde explique, por ejemplo, cómo
abrazamos los principios del Socialismo, o acerca de lo
dicho por Gagarin que todavía hoy me resulta
interesante. Y te digo más, pensándolo bien, creo que lo
voy hacer en algún momento aunque no sea de inmediato.
“Ahora
no me atrevería, pues para mí los sucesos de Girón
fueron tan amplios que se me dispersan mucho. Tendría
que resumirlos en dos o tres aspectos y me preocupa que
al hacerlo les reste importancia. Y en realidad todos
son de gran relevancia. Pienso que podrían tratarse
también los acontecimientos de Girón a través de
imágenes y esta idea es la que más me gusta y quizás por
la que me decida.
“No
considero que este tema haya sido agotado totalmente por
los escritores. Pero considero que requiere un nuevo
tratamiento, otro formato. Creo que la literatura
testimonial está escrita casi toda y por ello hay que
buscar otras fórmulas. El tema de Girón merece que
continúe tratándose por escritores cubanos y
extranjeros. Pudiera pensarse en abordarlo tomando como
patrón el libro editado en Cuba y en México
Cicatrices en la Memoria, por citar un ejemplo, en
el cual varios narradores escribimos acerca del
terrorismo desde distintos puntos de vista.”
De
nuestra entrevistada Alejo Carpentier dijo en una
ocasión: “Marta Rojas pertenece a la raza de reporteros
a los que rendía homenaje Hemingway”. Como el novelista
norteamericano, la autora de Santa Lujuria parte
de la vivencia histórica para recrearla en sus novelas.
En estos momentos, la escritora se encuentra trabajando
mentalmente en su próxima obra. Se trata de una nueva
novela cuyo basamento histórico es la toma de La Habana
por los ingleses. Recientemente fue publicado su último
libro, El Harén de Oviedo, la tercera novela de
una trilogía sobre la identidad.
“En esta
nueva obra quiero describir La Habana cuando fue
inglesa. La tengo concebida como una novela de aventuras
en la que aparezca todo mezclado, como diría nuestro
Nicolás Guillén. De la misma manera que Alejo Carpentier
fue a Girón a oler sus arenas, a ver cómo eran, a
llenarse de ellas para escribir la Consagración de la
primavera, comenzaré a llenarme ―momentáneamente,
por supuesto― de las imágenes que existen sobre aquellos
tiempos de corsarios, piratas y filibusteros”. |