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Bladimir Zamora Céspedes | La Habana

SINDO: EL MITO NECESARIO

Andaba yo por casa de un amigo trovador y buscando entre sus libros, descubro el tomito Sindo Garay. Memorias de un trovador, de Carmela de León y esos sucedidos de azar concurrente —como diría Lezama— advierto que es 12 de abril y se cuentan ciento treinta y siete años del nacimiento del autor de “Mujer Bayamesa”, uno de los más trascentes genios de la música cubana.
 


Cumpleaños 100 de Sindo Garay

Me pareció buena la oportunidad para dejar testimonio de agradecimiento y admiración al imprescindible santiaguero. Sí porque aun cuando Sindo no inventó la canción cubana y hablaba con respeto de su maestro Pepe Sánchez, este santiaguero nacido en 1867, es el arquetipo por excelencia del trovador. Tanto por sus fecundas capacidades de creador, como por esa consagración a la bohemia, en virtud de la cual fue desgranando por los pueblos y ciudades del país incontables composiciones, muchas de las cuales quedaron registradas en discos por él mismo y sus hijos Guarina, Guarionex y Hatuey, y son hoy parte de lo mejor del repertorio de cantantes de ahora; aunque otras muchas ya se nos hayan quedado fuera de la memoria.


Pepe Sánchez, maestro de Sindo

Sindo desde niño se vio envuelto en actividades patrióticas, por las cuales tuvo que exiliarse en Santo Domingo, donde tuvo la oportunidad de estrechar las manos de José Martí y sentirse iluminado por su palabra, como él mismo dijera. Por ello está entre los fundadores de la Patria. Y también le pertenece esa denominación por haber contribuido con intensidad y altura a la construcción del cancionero cubano, que es sin duda piedra angular de la espiritualidad cubana.

Sin cultura académica alguna, transido de sensibilidad y en complicidad continua con su guitarra, se bebió todas las músicas que encontraba en su incesante ambular. Esta experiencia y su talento sin límites le permitieron crear piezas de una complejidad todavía asombrosa. “(...) siempre lo vi actuar como guitarrista acompañante y segunda voz. No poseía una voz de barítono bien timbrada, como pude apreciar en otros trovadores de aquella época catalogados como segundos, pero las evoluciones que inventaba para armonizar la voz prima, eran de tal magnitud y belleza, que todos sus compañeros lo calificaron como el más grande segundo que ha tenido la trova tradicional de todos los tiempos.”, expresó el maestro Vicente González-Rubiera (Guyún), según aparece en el libro de Carmela de León, y también afirmó: “ Vivía entusiasmado con sus obras y ellas lo han inmortalizado.”


Sindo Garay (segundo de derecha a izquierda) junto a los otros llamados grandes de la trova: Alberto Villalón, Manuel Corona y Rosendo Ruiz

No es nada fácil escuchar las composiciones de Sindo Garay a partir de su propia interpretación, porque durante décadas no se ha vuelto sobre los abundantes registros fonográficos hechos en discos negros, en los cuales señorea su voz segunda entre las voces primas de sus hijos. Por suerte el sello Unicornio de Producciones Abdala dará a conocer el álbum Leyenda. Antología de Sindo Garay. El CD contiene diez obras de las menos conocidas, en las que hacen dúo con él sus hijos Hatuey y Guarionex: “Te iré a rezar”, “Ojos de sirena”, “Tono de la luz”, “Penas para el criminal”, “El Cóndor”, “A Camagüey”, “En qué parará”, “Cualquier flor”, “Mercedita y Petrina”. Ojalá que esta feliz iniciativa, sea solo el comienzo de la labor de rescate de las grabaciones hechas por Sindo. De tal suerte podrían escucharse con el legendario concurso de su voz, canciones como “Perla marina”, “La tarde”, “Guarina”, “La Baracoesa” y “Mujer bayamesa”.

Este hombre que en más de un siglo de vida, fue precoz nadador, trapecista, actor, tabaquero... se alzó sobre todos esos oficios como uno de los horcones de la música cubana, hasta convertirse en un mito. El mito necesario, al decir de la respetable Marta Valdés.
 

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