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Derechos humanos y ofuscamientos
CENSURA Y PURITANISMO
EN EE.UU.
Lisandro Otero |
La Habana
No cabe
duda que el gobierno de George Bush hijo quedará en la
historia como un régimen en el cual la censura, el
puritanismo, la mojigatería y la intolerancia llegaron a
extremos que parecían haber sido olvidados en la
historia moderna. A ello se unió un distanciamiento de
la realidad y un deseo de alterar la apariencia
confundiéndola con la esencia.
El voto de la
llamada Comisión de Derechos Humanos de Naciones
Unidas, en Ginebra, que intentó condenar a Cuba, fue
un estrepitoso fracaso pese a las presiones,
chantajes y sobornos que se intentaron. El número de
países que votaron en contra de la resolución,
veintiuno, unido a los que se abstuvieron, once,
suma treinta y dos, que son muchos más que los
veintidós que votaron a favor de la moción promovida
por EE.UU. y apoyada por algunos mansos borregos y
esquiroles de alquiler como los gobiernos de la
República Checa y Honduras. El voto de 31 contra 20
es un síntoma más de que los EE.UU. se encuentra en
minoría en su sistemática arremetida contra la Isla
del Caribe.
Otro síntoma de este
divorcio de la realidad fueron las palabras de Bush en
su última conferencia de prensa donde negó, ¡es
increíble!, que existiese una insurrección popular en
Iraq, pese a que los marines han perdido el control de
siete ciudades y tratan de negociar precarias treguas
porque son incapaces de controlar la rebelión masiva. De
igual manera Bush se aferra a la fecha del 30 de junio,
cuando supuestamente se devolverá la soberanía a los
iraquíes, como una demostración de firmeza y de control
de la situación.
El 30 de junio no
significa absolutamente nada. Pudieran hacer lo mismo el
30 de abril y no pasaría nada tampoco. La incipiente
fuerza policiaca que han organizado, los cipayos y
gurkhas de ahora, quedará bajo tutela absoluta y control
operativo del ejército de EE.UU. El gobierno que van a
designar estará integrado por mayordomos y maestresalas,
por palafreneros bien entrenados y recaderos asalariados
que cumplirán la voluntad del procónsul sin chistar.
Pretenden engañar al mundo con esa fachada de
independencia. Estos conserjes con librea de ministros
no representarán al verdadero pueblo iraquí que es el
que con las armas en las manos resiste detrás de las
ruinas de sus ciudades, pulverizadas por la cohetería de
los helicópteros Apache.
Otro fenómeno
inquietante es la reaparición de la censura y la
mojigatería. La cantante Janet Jackson osó mostrar un
pecho durante una función pública y ello desató una ola
de protestas de los santurrones hipócritas, como si
nunca hubiesen lactado en su infancia. Las ligas de la
decencia, las asociaciones de moralidad, han elevado
protestas y poco menos que se ha emprendido una cruzada
contra la artista negra. La firma de lencería Victoria´s
Secret ha visto prohibido su desfile de ropa íntima en
las grandes cadenas de televisión y la CBS le canceló la
difusión de sus anuncios televisados.
Al popular locutor de
radio Howard Stern, quien se ha caracterizado por su
oposición a Bush, le han prohibido su programa y le han
multado con medio millón de dólares por haber usado
algunas palabras de uso común, supuestas groserías. La
Comisión Federal de Comunicaciones, que impuso la medida
restrictiva está dirigida por un hijo de Colin Powell,
el secretario de Relaciones Exteriores. Stern ha
denunciado que una nueva cacería de brujas, similar a la
emprendida en la era del macartismo, se cierne sobre
EE.UU., alentada por los neofascistas y halcones del
clan petrolero que ocupó la Casa Blanca.
Es
evidente que el tiempo de Savonarola y Torquemada está
regresando a EE.UU. El imperio de Bush, en su cerrazón
mental y su apego al inmovilismo reaccionario, está
forzando la congelación de una sociedad que se
caracterizó en otros tiempos por su ágil dinamismo. Las
cacerías de herejes, los silicios y sambenitos, los
capirotes inculpadores y los acosos de heterodoxos han
vuelto a imponerse. Al menos hasta las elecciones de
noviembre.
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