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LA VIDA EN CUADRITOS
Paquita Armas Fonseca | La Habana


Virgilio Martínez

En 1949 una publicación de la ortodoxia insertó una caricatura sobre Eduardo Chivás. Se trataba del primer dibujo publicado por Virgilio Martínez, el dibujante de cómics en Cuba que sentó pauta en 1960 con sus propuestas.

Desde 1952 a 1958,  con el seudónimo de Laura, y guión de Marcos Behemaras,  publicó Pucho y sus perrerías, tira cómica contra la dictadura de Fulgencio Batista, en el semanario clandestino Mella de la Juventud Socialista Popular.

Al preguntarle a Virgilio por qué se hizo historietista su respuesta fue directa: “me lo pidió la Juventud Socialista, nunca había pensado que yo sirviera para eso. La idea era muy buena porque con una historieta bien hecha se puede trasmitir cualquier mensaje”.

Él y Marcos lo demostraron tiempo después con Supertiñosa: “Aunque no lo creas, lo parimos en unos minutos. Marcos comenzó a escribir rápido, sonriéndose pícaramente cuando casi al instante me da la primera hoja. Una parodia de Superman. Yo la hice también enseguida, antes era muy rápido, tal vez porque no tenía espíritu crítico”.

Otro de los cómics hechos por Virgilio en aquella época que ha sido reproducido ampliamente es: Si los copiadores llegaran a graduarse. Con humor describe qué sucede cuando una persona fraudulenta ejerce una profesión.

Virgilio fundó El sable, suplemento humorístico de Juventud Rebelde, también el DDT, trabajó en la revista Pionero, de ahí fue fundador y director artístico de Zunzún, luego con igual responsabilidad volvió a Pionero y desde hace once años dibuja en el periódico Granma.

Sus responsabilidades en distintas publicaciones unidas a una modestia que lo caracteriza, han hecho que Virgilio haya publicado muy pocos libros: Las aventuras de Cucho, De Pucho a Cucho y Supertiñosa. Es una verdadera lástima porque su hacer merece la perpetuidad del libro.

Merecedor del Premio Nacional de Periodismo José Martí, este maestro de la historieta confiesa que dibuja “porque es lo que pude aprender y lo mejor que puedo hacer. Fue la única posibilidad que tuve en el capitalismo para salir adelante, ganarme la vida. Tenía de niño vocación artística, de manera que lo más congruente con mi condición humilde fue situarme de aprendiz en un estudio de dibujo comercial y diseño de envases”.

Reconoce influencias de Horacio Rodríguez y Adigio Benítez: “De ellos aprendí el trazo fuerte, expresivo y directo que exige la caricatura periodística. De la ilustración norteamericana, estudié por mí mismo la técnica de maestros como Andrew Loomis y Norman Rockwell. Devoraba la revista American Artist's, cuyos ejemplares conservo en casa”.

Para este creador la revista Mella es: "Tanto como la vida misma. Imagínate, sumaron, desde diciembre de 1954, cuatro años de trabajo en la clandestinidad, y luego, de 1959 a 1965, los maravillosos días posteriores al triunfo revolucionario. Cuando la dictadura, yo dibujaba en la oficina de publicidad de la empresa Santiago-Habana, en Neptuno y Mazón, cuando me fueron a ver del Partido para que colaborara con el semanario. Los órganos represivos nunca me descubrieron”.

Considera a Pucho y a Supertiñosa hijos de Marcos  Behemaras: “es el verdadero creador. Son personajes imaginados por él y a los que yo solo les puse imagen. Pucho salió en Mella luego de la visita de Nixon a Batista. El perro orinaba un pasquín del dictador. Con Supertiñosa, que se dio a conocer en agosto del 59, me divertí mucho, me encantaba satirizar a uno de los mitos de la industria cultural norteamericana. Marcos, malogrado en plena madurez, me embulló en El Sable a hacer Kokito Kemado, un samurai crítico”.

Si Virgilio le confiere el mérito de Pucho y Supertiñosa a Marcos, apenas reconoce el suyo cuando habla de sus personajes: “Bueno, ahí está Cucho, que los niños agradecieron en Zunzún, y algunas figuras mías de ciencia-ficción. Tendré que volver sobre estas últimas”.

Reconoce lo arduo de hacer viñetas diarias. Es una tarea “Retadora”. Con temas difíciles. Hay que estar a la viva cada día.

“No dar con el personaje o las situaciones que reflejas. Que la gente no los reconozca”, es para este autor el riesgo de todo dibujante.

Al preguntarle sobre el historietista Silvio Rodríguez, ha dicho: “A veces me parece mentira haber trabajado con él. Silvio llegó a ser magnífico historietista.  Lástima para mí y suerte para la cultura universal que hallara otra vía de expresión. Al menos tengo la suerte de saber de memoria El rock de los fantasmas, su carta de presentación como autor en Mella. Estaba buena la musiquita de aquel rock”.
 

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