|
REPORTEROS SIN FRONTERAS:
PROPAGANDA ANTICUBANA
AL SERVICIO DEL IMPERIO
Julio
Otero |
La Habana
La
detención por parte de las autoridades cubana de 75
mercenarios al servicio de la Sección de Intereses de
Norteamérica (SINA) en La Habana y los fusilamientos de
tres terroristas que secuestraron una lancha cargada de
pasajeros en La Habana, desató en marzo de 2003 una de
las campañas propagandísticas y mediáticas más
virulentas de las muchas que ha tenido que sufrir la
Revolución durante sus 45 años de existencia. Entre los
muchos medios de comunicación y colectivos que se
sumaron a la avalancha de calumnias, Reporteros Sin
Fronteras (RSF), una ONG francesa dirigida por Robert
Ménard, destacó por ser una de las voces que más
obsesivamente se ensañaron con Cuba.
Sumisión a los grandes poderes económicos
Una de las características más peculiares de RSF son los
inagotables fondos con los que cuenta para desarrollar
sus acciones y campañas. Pero si se analizan bien sus
fuentes de financiación, se pueden sacar interesantes
conclusiones sobre los factores que permiten a esta
organización disponer de ese potencial económico. La
Comisión Europea aporta a través de subvenciones
cantidades equivalentes al 44% de sus ingresos, las
cuales sirven para silenciar la mayoría de las
violaciones a la libertad de información cometidas por
la Unión Europea. El multimillonario Francois Pinault y
el vendedor de armas Lagardére son también grandes
contribuyentes de esta ‘modesta’ ONG. Un informe
presentado en el IX Congreso de la Federación
Latinoamericana de Periodistas (FELAP) revela que RSF
recibió dinero del Gobierno norteamericano mediante el
National Endownment for Democracy (NED) y el United
States Agency for International Development (USAID) por
su campaña en defensa de los ‘periodistas disidentes de
Cuba’. Incluso el Consejo Económico y Social (ECOSOC) de
la ONU la ha estado financiado hasta el pasado año. Pero
el factor más determinante para que todos los medios
tomen en cuenta sus informes es su vinculación con
Saatchi & Saatchi Worldwide, distribuidor de sus
comunicados de prensa en Francia. Esta corporación
transnacional de publicidad es subsidiaria de Publicis
Groupe S.A, el primer grupo publicitario de Europa, y de
cuyos anuncios dependen casi todos los medios de
comunicación. En EE.UU este gigante es el tercer grupo
publicitario, y su principal cliente es el ejército
estadounidense, seguido de empresas tan ‘preocupadas’
por los Derechos Humanos como McDonalds, Citybank,
General Motors o Walt Disney.
En su propio libro el secretario general de RSF, Robert
Ménard, aclara por qué se niegan a condenar las derivas
de la gran prensa francesa con una frase que resume su
postura ante los abusos de los grandes grupos
mediáticos: “porque, haciéndolo, tomamos el riesgo de
disgustar a ciertos periodistas, enemistarnos con los
grandes patrones de prensa y enfurecer al poder
económico. Ahora bien, para mediatizarnos, necesitamos
de la complicidad de los periodistas, el apoyo de los
patrones de prensa y el dinero del poder económico”.
Queda claro porque estos ‘objetivos’ reporteros
prefieren utilizar sus recursos en difamar a Cuba.
Una ONG proimperialista
Mientras concentra todas sus fuerzas en desprestigiar al
régimen cubano, RSF mira para otro lado ante los
crímenes del imperialismo. En su informe de 2003 no
mencionan ni una vez a EE.UU, donde según la
organización no hay ningún informador encarcelado. Por
lo visto desconocen quién es Mumia Abu Jamal, el
periodista negro que lleva más de 20 años condenado a la
silla eléctrica por un delito que nunca cometió. En el
informe no dicen nada de cómo la censura ha aumentado
considerablemente desde la llegada a la Casa Blanca de
George Bush, un hecho evidenciado en infinidad de
estudios académicos, como los recogidos en el libro
Proyecto Censura 2004, que demuestran cómo las
libertades de expresión, opinión e información están en
crisis en esta nación.
Los bombardeos contra las sedes de la televisión iraquí
y la cadena árabe Al Yasira, así como los 14 reporteros
muertos en la Guerra de Iraq tampoco son tan importantes
para ellos. El día después de que un tanque
estadounidense disparara contra el Hotel Palestina,
asesinando al cámara de Tele 5 José Couso y a varios
profesionales de medios extranjeros, la portada de la
página web de RSF estaba dedicada a la falta de libertad
de expresión en Cuba, un país donde en 45 años de
socialismo jamás ha muerto ni ha desaparecido un solo
periodista. El informe que elaboraron varios meses
después para esclarecer estas muertes exculpaba a los
soldados implicados en los ataques, trasladando la
responsabilidad a “personas no identificadas”. La
infamia llegó a tal punto que la propia familia de Couso
escribió una carta expresando su indignación y
solicitando a RSF que se retirara de la acusación
popular en la querella presentada en la Audiencia
Nacional. La familia Couso señala que “el informe
contiene numerosos errores, contradicciones e
irregularidades” y que “ninguno de los periodistas
españoles que se encontraban en el hotel ha sido
consultado”. Algo lógico si se tiene en cuenta que quien
firma el informe tiene conocidas relaciones con un
coronel del ejército estadounidense que reconoció su
implicación en el ataque. Lo más repugnante del
documento es la “biografía tan humana que se hace de los
asesinos de José Couso, culminando el agravio con el
agradecimiento a estos militares por la colaboración en
el informe”, tal como señalan en la carta los parientes
del cámara español.
El hecho de que esta ‘imparcial’ ONG clame contra “las
violaciones de la libertad de expresión en Cuba” y pase
por alto el estricto control que en EE.UU. se ejerce
contra toda información alternativa no es casualidad.
Forma parte de su posicionamiento ante la guerra no
declarada que el imperio mantiene contra Cuba desde hace
más de cuatro décadas. Su secretario general, Robert
Ménard, declara sin el menor pudor que Cuba vive de
“modo paranoico”, que la hostilidad de EE.UU. contra la
Isla es “pura retórica” y que el impacto de las
sanciones económicas es “marginal”, pues, a su juicio,
“se puede vivir sin comerciar”. Para nuestro ‘guardián
de la libertad de prensa’ es “pura retórica”, una
política de agresión que incluye el bloqueo que le ha
hecho perder a Cuba 72 000 millones de dólares, la
invasión de Bahía de Cochinos (1961), el bloqueo naval
(1962), la complicidad e incluso la participación
norteamericana en atentados terroristas que han costado
la vida a 3 478 personas y herido a otras 1 099, los
actos de sabotaje, los más de 700 intentos de asesinato
contra Fidel Castro planeados por la CIA, las
violaciones de su espacio aéreo por parte de avionetas
procedentes de su territorio, los intentos de aislar al
país política y diplomáticamente, las amenazas militares
lanzadas por sus ministros y diplomáticos, etcétera.
Con la Unión Europea, Israel y el Gobierno belicista de
Aznar RSF también se muestra muy indulgente. Cuando en
1999 la OTAN asesinó a 12 periodistas durante el
bombardeo a la radiotelevisión serbia, ni siquiera
contabilizaron las muertes en su informe anual. En el de
2003, minimizan el papel del Estado sionista en el
asesinato de dos periodistas palestinos. Aunque los
autores no han sido sancionados, para ellos el único
culpable es el “ejército israelí”, como si este no
dependiera de ningún gobierno, y sin tener en cuenta que
el crimen nunca fue condenado por las autoridades
hebreas y que los culpables nunca fueron sancionados.
Con respecto a España, pasan por alto ‘detallitos’ como
las detenciones y la incomunicación del director de la
revista Kale Gorria y de los directivos del
periódico Egunkaria, medio que además ha sido
clausurado por una relación con ETA que no ha sido
demostrada. Su director, Marxelo Otamendi, ha denunciado
que sufrió torturas durante el tiempo que estuvo preso,
algo que todavía no ha hecho ninguno de los ‘periodistas
independientes’ que, según RSF, persigue Cuba. Ante el
arresto del informador de Al Yasira Tayseer Aouni,
ordenado por el juez Garzón el 8 de septiembre de 2003
por simples sospechas de vínculos con Al Qaeda, Robert
Ménard prefiere mirar para otro lado y se limitó a
declarar en Canal Plus Francia que “los periodistas no
están encima de las leyes” y que había sido arrestado
“por lo que había hecho y no por sus escritos”. Una
opinión bien distinta a la que sostiene cuando la
justicia cubana condena con pruebas a pseudoperiodistas
que siguen las directrices de la SINA para
desestabilizar el régimen revolucionario.
Ménard repite una y otra vez que “para Reporteros Sin
Fronteras, la prioridad en América Latina es Cuba”. En
el barómetro que realizaron sobre la libertad de prensa
en el 2003 sitúa a la Isla en el puesto 165, solo por
delante de Corea del Norte, casualmente otro estado
comunista. Sin embargo, para países sumisos al imperio
como El Salvador y Nicaragua la vara de medir es otra, y
aunque allí se asesinen regularmente a periodistas y
toda la prensa sea propiedad de una poderosa oligarquía,
se les ubica en los lugares 36 y 39. La situación en
Cuba es calificada de “muy grave”, mientras que en
Colombia, líder mundial del asesinato y secuestro de
reporteros es solo “difícil”. Según su criterio Colombia
ocupa el puesto 147, a pesar de que en los últimos diez
años más de un centenar de periodistas fueron
asesinados, casi todos ante la pasividad de las
autoridades, y de que en el último año cerca de 60
fueran secuestrados o agredidos y más de 20 fueran
obligados a dejar el país o la región. Cuando se le ha
preguntado sobre la situación de la libertad de prensa
en países como Colombia y Perú, Ménard ha contestado que
Cuba “es el único país de América Latina donde no hay
libertad de prensa”. Esto lo explica de una manera muy
sencilla: “En Perú y en Colombia hay límites a la
libertad de prensa, hay periodistas asesinados pero
usted puede hacer denuncias”. No cabe duda de que los
periodistas que han perdido la vida en estos países se
conformarían al saber que, al menos, se pueden “hacer
denuncias”.
Los criterios que RSF utiliza para valorar la
independencia de un medio son un tanto sui generis.
La publicación De Cuba es definida como la
“primera revista independiente privada publicada sobre
el territorio cubano”, a pesar de haber sido creada,
financiada y controlada por la SINA, máxima instancia
diplomática norteamericana en la Isla, la cual ha
llegado a admitir que unos 500 ejemplares se realizaron
en ella. Además de ser de una calidad periodística
ínfima, la revista solo recoge mentiras y
tergiversaciones sobre la realidad cubana sin el menor
rigor profesional. En cambio, Ménard declara sin el
menor sonrojo que los puntos de vista de la Revolución
cubana no tienen “ningún interés”. Una “independencia” y
una “libertad” muy similar a la de los periodistas (la
mayoría de ellos sin título) a los que suelen defender,
aquellos que trabajan a sueldo y bajo las órdenes de la
SINA, repitiendo las consignas de la extrema derecha de
Miami.
Sus últimas “hazañas”
La obsesión patológica que estos reporteros tienen
contra Cuba les ha llevado a realizar acciones impropias
de una ONG pacífica y respetable. El 17 de marzo de 2003
seis de sus miembros irrumpieron en la sesión de
apertura de la Comisión de Derechos Humanos de la ONU
para lanzar panfletos contra Cuba y el nuevo presidente
de la Comisión, el libio Najat al Hajjaji. Este
impresentable comportamiento provocó que dos meses
después el Comité de la ONU encargado de las
Organizaciones No Gubernamentales suspendiera por un año
el estatuto consultivo de RSF por “actos incompatibles
con los principios y objetivos con la Carta de las
Naciones Unidas”. Como consecuencia, RSF ha dejado de
ser una ONG acreditada por la ONU y no podrá participar
en la próxima Comisión de Derechos Humanos.
Pero, lejos de serenarse y pararse a reflexionar sobre
su conducta, su odio enfermizo hacia la Revolución
cubana les llevó a perder totalmente la cordura: el 24
de abril una quincena de sus miembros, acompañados de
varios exiliados cubanos anticomunistas, violaron la
inmunidad diplomática de la República de Cuba al asaltar
su embajada en París y deteriorar su Oficina de Turismo.
Tras irrumpir ilegalmente en la embajada se encadenaron
en las puertas de acceso y empujaron brutalmente a una
joven que estaba esperando para efectuar trámites
consulares. Después de haber quedado en evidencia ante
la opinión pública francesa la organización intentó
disculparse alegando que ellos solo solicitaron
“entregar un mensaje”, cosa que el embajador cubano en
Francia, Eumelio Caballero, niega tajantemente. En un
intento desesperado por justificarse Ménard llegó a
declarar que “un empleado de la embajada había cargado
su arma, un revólver, mientras se encontraba en el
exterior del recinto, en territorio francés”.
Evidentemente, este disparate no ha podido ser probado
ante la justicia gala.
Entre otros ataques contra Cuba también destacan sus
campañas destinada a boicotear el turismo en la Isla,
para las que pretendieron utilizar la imagen de Ernesto
“Che” Guevara hasta que las protestas del Gobierno
cubano y una demanda de la hija de Alberto Korda, autor
de la célebre fotografía del guerrillero, lograron
impedirlo.
Vínculos con la mafia terrorista de Miami
En una de sus campañas contra el turismo en Cuba Ménard
colaboró con Nancy Pérez Crespo, locutora de la
anticastrista Radio Mambí y militante del Cuban Liberty
Council, una agrupación tan radical y violenta que la
Fundación Nacional Cubano Americana la expulsó de sus
filas. Pérez Crespo, que obtiene un “modesto” salario de
45 000 dólares al año, es además agente de la CIA y
amiga personal del sangriento terrorista Orlando Bosch,
autor de decenas de atentados. Uno de ellos fue la
explosión en 1976 en Barbados de un avión de Cubana de
Aviación que les costó la vida a 73 personas, entre
ellas los miembros del equipo infantil cubano de
esgrima.
Pero sus relaciones con la mafia cubano-americana son
mucho más profundas. Ménard también mantiene lazos con
personajes como Frank Calzón, ex agente de la CIA y ex
dirigente de varios grupos terroristas, o Carlos Alberto
Montaner, otro ex agente de la Inteligencia
norteamericana con quien está asociado en la Fundación
Internacional por la Libertad. Este hijo de un agente
batistiano estuvo encarcelado en Cuba tras ser
descubierto introduciendo en la Isla explosivos
escondidos en paquetes de cigarrillos a través de
Publicis tiene vínculos con marcas como Ron Bacardí que,
además de robar patentes cubanas, ayudó a redactar la
Ley Helms-Burton para sancionar a las empresas europeas
que inviertan en Cuba, o la firma Sánchez & Leviatán,
organizadora de campañas anticubanas en Francia.
Después de conocer sus fuentes de financiación, su
afinidad con el gobierno norteamericano y sus estrechos
contactos con la ‘gusanera’ de Miami no es difícil
imaginar porque esta “inocente” y “desinteresada” ONG
está tan preocupada por la libertad de prensa y los
Derechos Humanos en Cuba.
Tomado de: www.tiempodecuba.34sp.com |