La Jiribilla | Nro. 164
Bienvenidos a LA JIRIBILLA

DOSSIER
EL GRAN ZOO
NOTAS AL FASCISMO

PUEBLO MOCHO

CARTELERA

LIBRO DIGITAL

•  GALERÍA

LA OPINIÓN
LA CARICATURA
LA CRÓNICA
LETRA Y SOLFA
MEMORIAS
APRENDE
PÍO TAI
EL CUENTO
POR EMAIL
LA MIRADA
EN PROSCENIO
LA BUTACA
FILMINUTOS
LA FUENTE VIVA
PALABRA VIVA
NÚMEROS ANTERIORES
Otros enlaces
Mapa del Sitio


RECIBIR LAS
ACTUALIZACIONES
POR CORREO
ELECTRÓNICO
Click AQUÍ

 

MARX ENTRE NOSOTROS
 
Marx en el Soho, del escritor norteamericano Howard Zinn, se ha convertido ahora en Marx en La Habana. Nuestra vida teatral vuelve a dar pruebas de amplitud, creciente profesionalidad y ese noble ingrediente que sigue siendo la auténtica confrontación de las ideas.


Amado del Pino | La Habana


Marx en el Soho, del escritor norteamericano Howard Zinn, subió al escenario de la sala Llauradó en presencia de su autor, del ministro de Cultura Abel Prieto y de Ricardo Alarcón, presidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular. Del revolucionario investigador y politólogo ha comentado Alice Walker: “¿Qué puedo decir que exprese el cariño, el respeto y la admiración que siento por este modesto héroe que fue mi maestro y mentor, este historiador radical, amante del pueblo y creador de inquietudes?” Otra de sus célebres seguidoras, Elizabeth Martínez, afirma: “Zinn es simplemente un tesoro nacional”.

Zinn incursiona aquí en el monólogo teatral y lo hace apoyándose en su gran cultura sobre la vida y la obra de Karl Marx (1818-1883). Se vale además de un lenguaje brillante, del reiterado uso de la ironía, la reproducción sintética de polémicas de su época, los juegos de palabras, la exaltación de los contrastes, el sabio equilibrio en el tratamiento de lo público y lo privado. Nos ofrece una imagen del imprescindible filósofo que incluye tanto la creación y la lucha, como las peripecias de su vida familiar, la nutricia polémica con sus contemporáneos o su profundo sentido de la amistad. Zinn insiste en diferenciar entre la médula del legado de Marx y las vulgarizaciones o tergiversaciones que el marxismo sufrió desde el principio. Se vale eficazmente de la ficción para ofrecer un corte transversal en la historia, para hablarnos sutilmente del futuro, contando con naturalidad sobre el pasado o asomándose a algunos de los debates del presente. El texto es heredero de las mejores búsquedas del Teatro Político en el siglo XX y en especial las de un dramaturgo enorme: Bertold Brecht. En los momentos más emotivos de Marx en el Soho recordé la modélica biografía teatral que logró Brecht con la figura de Galileo Galilei. Por cierto, entre los asistentes a la función inaugural se encontraba también Vicente Revuelta, padre del Teatro Cubano contemporáneo y creador, en 1976, de una inolvidable puesta en escena a partir del héroe brechtiano. Michaelis Cué, director y protagonista de la puesta, trabajó muchas veces con Vicente y se considera su alumno.

Analizando la obra a la luz de los conceptos clásicos de la literatura dramática, podría pedírsele mayor énfasis en el conflicto y, sobre todo, más asideros para el juego teatral. En algunas situaciones, lo expositivo se hace más abundante que lo dramático. Se atenúan estas carencias ante la capacidad del autor para “invitar” personajes cercanos al fundador y establecer diálogos fluidos. Especial gracia y sentido alcanza la evocación de las relaciones de Marx con su esposa y, sobre todo, con la más pequeña de sus hijas.

Bárbara Rivero y el propio Michaelis Cué elaboraron una respetuosa versión que poda la vocación narrativa del original y, sin ingenuas traslaciones, logran que el argumento se acerque a la órbita intelectiva, sentimental del espectador cubano. Vale recordar que si en otros contextos la obra podría parecer panfletaria desde la izquierda, en Cuba se trata de un diálogo con el creador de la filosofía que ha servido de base a las indagaciones, logros y debates de los últimos cuarenta y cinco años. Cuando Marx habla de los peligros de aplicar incorrectamente sus ideas, es fácil evocar las limitaciones o torpezas del socialismo real en Europa.

A nivel de puesta en escena, Cué logra una agradable y expresiva imagen integral. La escenografía, de Luis Lacosta y Oscar Fagette, muestra una inteligente selección de los objetos, aunque las sillas amontonadas se tornan en exceso decorativas por su tardía y fugaz utilización. Formidable integración consigue la música de Bobby y Roberto Carcassés junto a Lucía Huergo. Lo palpitante del plano sonoro y la intencionalidad de las luces, a cargo de Saskia Cruz, contribuyen a la creación de una atmósfera emotiva y al envidiable ritmo que alcanza el montaje. Miriam Dueñas apela a un vestuario sobrio, al igual que el maquillaje, a cargo de Dora Valenzuela, que no pretende acercarse a una reproducción verista del físico del personaje histórico.

La puesta equilibra con eficacia los diversos espacios escénicos y alterna lo frontal con otros recursos y soluciones. Particularmente eficaz resulta el final en que el personaje se desgarra y reflexiona sobre el fondo de la escena.

Enorme fue el reto que debió enfrentar Michaelis como actor. Recuerdo que cuando el auge de los monólogos, a principios de los 90, siempre fui de la opinión de que esta variante debía asumirse como un síntoma de madurez en la carrera de un intérprete. El Tal es el caso que nos ocupa. Después de una larga trayectoria trabajando en compañía, Cué asume con variedad de recursos y registros la soledad escénica. Entre la labor anterior de Cué sobresale su participación en dos obras del dramaturgo cubano Alberto Pedro que marcaron hitos en los 90: “Manteca” y “Delirio habanero”. Su homenaje a Marx está lleno de ternura, contención, ligereza y profundidad a la vez. El actor da pruebas de rigor en el tratamiento de la voz y las sutilezas con que asume cada personaje que aparece en la historia. Combina con especial tino la proyección épica, los tonos íntimos, cómplices. Con la sucesión de las funciones deberá madurar en cuanto a la organicidad y coherencia de los desplazamientos de un plano a otro sobre el escenario.

Marx en el Soho se ha convertido ahora en Marx en La Habana. Nuestra vida teatral vuelve a dar pruebas de amplitud, creciente profesionalidad y ese noble ingrediente que sigue siendo la auténtica confrontación de las ideas. Devolvernos al gran pensador de una forma humana y creíble puede funcionar, además, como un formidable punto de partida para otras reflexiones sobre la vida social de ahora mismo.
 

......................................................................................................

PÁGINA PRINCIPAL
DOSSIER
 
| el GRAN ZOO  | PUEBLO MOCHO | CARTELERA
POR AUTORES | LIBRO DIGITAL 
Otros Enlaces
| Mapa del Sitio | Correo-Electrónico
Actualizaciones por Correo Electrónico

SUBIR




© La Jiribilla. La Habana. 2004
 IE-800X600