|
un auditorio para zinn
Hasta la lectura de Marx en el Soho
no tenía noticias de la
existencia de un texto dramático que convirtiera a
Carlos Marx en el protagonista absoluto de la escena,
para proponernos una construcción del personaje
histórico, sino para inducirnos a
la reflexión crítica sobre el pensamiento
neoliberalista del capitalismo contemporáneo.
Bárbara E.
Rivero|
La Habana
Marx en el Soho
fue presentado por primera vez en 1995 en el Church
Street Thealer de Washington, D.C. En 1996 se presentó
en el Carleton Collage y en la Universidad Estatal de
Mankato, en Minnesota. El Broadway Arts. Center de
Asheville, Carolina del Norte, la escenificó en 1997. La
obra se leyó también en 1998 en la Universidad de
Boston, Massachussets.
Sobre Howard Zinn,
dos de sus discípulos dejaron los siguientes
testimonios:
“¿Qué puedo decir que
exprese el cariño, respeto y admiración que siento por
este modesto héroe que fue mi maestro y mentor, este
historiador radical, amante del pueblo y creador de
inquietudes, este hombre que estuvo con nosotros y nos
sufrió? Howard Zinn fue el mejor profesor que he tenido
nunca, y el más ameno”. Alice Walker.
“Howard Zinn, que
casi él solo popularizó una nueva perspectiva de la
historia de los EE.UU., nunca deja de inventarnos nuevas
formas de enseñarnos. Aquí llega ahora con Marx en el
Soho, que combina información impactante con humor,
agudeza política con puro placer. Zinn es, simplemente,
un tesoro nacional”. Elizabeth Martínez.
Hasta la lectura de
Marx en el Soho, del norteamericano Howard Zinn,
no tenía noticias de la existencia de un texto dramático
que convirtiera a Carlos Marx en el protagonista
absoluto de la escena, no solo para proponernos una
construcción del personaje histórico desasida de los
mitos, todos los cuales le han sustraído el rango
humano, sino para inducirnos a una profunda reflexión
crítica sobre el pensamiento neoliberalista del
capitalismo contemporáneo, a través de los postulados de
último sistema razonado del pensamiento creado por Marx
y Engels.
Con este punto de
partida, Zinn escribe un texto suscrito a la noción de
teatro político.
Y en este sentido
rescata los valores de una tradición dramatúrgica que en
los últimos años parecía olvidada. Lo hace a través de
un lenguaje realista con elementos del expresionismo a
los que suma la ironía, recurso expresivo fundamental,
propiciatoria del elemento lúdrico que vertebra la
fábula.
En Marx en el Soho,
un actor vestido y caracterizado como Carlos Marx
aparece en el escenario, mira al público y exclama:
“¡Gracias a Dios un auditorio!”1
Como lo hicieran
Voltaire, Diderot, Rosseau, los filósofos de la
ilustración; Howard Zinn Profesor Honorario en el
Departamento de Historia de la Universidad de Boston y
uno de los historiadores más influyentes de su
generación en los EE.UU. acude al teatro para
materializar públicamente un debate ideológico que
contribuya a validar las certezas de las críticas de
Marx al capitalismo. Lo curioso es que el autor decide
lanzarse a esta aventura “en el momento en que el
colapso de la Unión Soviética se reflejaba de forma casi
exultante entre las principales corrientes de prensa y
entre los líderes políticos; ‘el enemigo’ no solo había
desaparecido, sino que las ideas del marxismo estaban
desacreditadas. El capitalismo y ‘el mercado libre’
habían triunfado. El marxismo había fracasado”2.
Para negar las
afirmaciones del contexto, Howard Zinn crea la obra
sobre un sinsentido: Carlos Marx regresa al mundo de los
vivos, pero no vuelve al Soho de Londres, sino al de New
York. Esto explica la insistencia con que el autor
reitera, en términos de un discurso pedagógico, las
ideas de Marx contraponiéndolas a los elementos que
caracterizan la política imperial norteamericana. Pero
la forma más elocuente en que desarrolla la
contraposición es la caracterización de Carlos Marx,
quien al par de filósofo genial, comprometido con el
desarrollo de la humanidad, es un hombre preocupado por
su familia, amante de su esposa Jenny y de su hija
Eleanor, relaciones que el autor enriquece con
conflictos solubles, humor y ternura; sobresale también
la pasión de Marx para defender sus teorías, sobre todo
en la discusión con el anarquista Bakunin, delicioso
momento dramático fabulado por Zinn.
Si la escritura de un
texto que tiene como único protagonista a Carlos Marx
puede considerarse una tarea titánica, si lugar a dudas,
asumir la creación del personaje a la que la dirección
de la puesta en escena, es uno de los mayores riesgos
que ha enfrentado Michaelis Cué en su larga carrera como
actor y directo teatral, profesión esta de la que hacía
años estaba alejado.
He seguido partes del
proceso creativo de la puesta en escena, puedo hablar de
hallazgos inimaginables para transformar en material
dramático momentos excesivamente discursivos que
producían situaciones de lenguaje y paralizaban la
acción, soy testigo de la ideación de partituras que,
pareciéndonos a los demás aceptadas, eran discutidas por
el actor−director y, finalmente, desechadas, para
proponer otras siempre más lúcidas.
Puedo ser cronista,
este no es el espacio, de numerosos momentos de
insatisfacciones, de discusiones, de búsquedas y de
encuentros, tal vez el más memorable fue el que
compartimos con Howard Zinn, quien en su primera visita
a Cuba, accedió a participar en un ensayo, cuyo diálogo
posterior fue verdaderamente estimulante y contribuyó a
descubrir otras perspectivas en el texto.
El misterio que es el
teatro, no me permite hacer predicciones. Solo puedo
asegurar que hay una idea que siempre nos convenció y
conmovió a todos: sea quien fuere el personaje que
interprete a Carlos Marx, ese hombre que aparecerá en la
escena sin caracterizaciones externas imititativas del
filósofo, defenderá con la misma pasión con que lo hiciera Marx, y después Howard Zinn, la utopía posible en la que
“no hablemos más del capitalismo, ni del socialismo.
Hablemos solo de utilizar la increíble riqueza de la
tierra a favor de los seres humanos. Demos al pueblo lo
que necesita: comida, medicina, aire puro, agua potable,
árboles y hierbas, casas agradables, más horas de ocio.
No hay que preguntar quién lo merece. Todo ser humano lo
merece”3.
Notas:
1−Zinn, Howard: Marx en el Soho.
Editorial Hiru. Hondarribia. Traducción de José Sastre.
p. 25.
2− Zinn, Howard: Prólogo
a Marx en el Soho. Ed. Cit. p. 16.
3− Ibídem p. 16. (Cita de la versión
para la puesta cubana, bajo la autoría d Bárbara Rivero
y Michaelis Cué.)
|