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El estreno de Fahrenheit 9/11 ha calentado la taquillas
estadounidenses. A pesar de haber sido considerado por muchos como un filme
de propaganda política, solo el primer día de su exhibición en dos salas de
Nueva York, el documental del realizador Michael Moore, barrió con los
récords de taquilla.
Moore, el exitoso director ganador de un Oscar por Bowling
for Columbine y que se alzara este año la Palma de Oro en Cannes por
Fahrenheit 9/ 11, no se ha andado por las ramas a la hora de declarar
cuál fue su intención al realizar un documental en donde se descubre la
vinculación del presidente George W. Bush, su familia y sus socios de
negocios con la familia de Osama Bin Laden.
Como ha dicho el documentalista: “Solo espero que Bush sea
expulsado de la Casa Blanca. No puedo soportar la idea de invadir un país,
que no nos ha atacado, solo para preservar los negocios secretamente
ilegales de varias familias. Sin olvidar a los jóvenes, sobre todo hispanos
y afroamericanos de familias trabajadoras a los que el patriotismo les lleva
a creer las arengas en nombre de Dios del gobernador Bush”.
Que Moore consiga o no su objetivo de sacar de la silla
presidencial al ex socio de Osama no es tan importante si se tiene en cuenta
que su opositor, el demócrata Kerry, no parece muy dispuesto enfrentarse a
los intereses económicos de quienes metieron al pueblo estadounidense en el
atolladero que se ha convertido Iraq.
El documental, no obstante, ya ha hecho bastante al dejar al
descubierto la oreja peluda del fascismo norteamericano. Según su realizador,
la derecha republicana ha hecho lo indecible para evitar que el público vea
su película. Desde llamar a Mel Gibson de la Casa Blanca para advertirle que
se le declararía persona non grata si financiaba la película,
intentar limitar su exhibición a un público mayor de 17 años o hasta
amenazar de muerte al dueño de un cine en Illinois si la exhibía en su
local.
La Casa Blanca ha tratado de poner en duda la veracidad de la
cinta. El director de comunicación, Dan Bartlett, la ha tildado de "escandalosamente
falsa" y hasta Bush, el viejo, ha tenido que salir en defensa de su vástago.
El ex mandatario calificó a Michael Moore de "bola de grasa" y ha descrito
su documental como "un vicioso ataque personal" contra su hijo.
Moore por su parte ha creado lo que él llama "un gabinete de
guerra” y enviará a los tribunales a todo aquel que se atreva a descalificar
cualquier dato informativo del filme. "Cualquier intento de difamarme se
encontrará con nuestra verdad. Si siguen contando mentiras les llevaré ante
el juez".
Desatado el rollo, ahora solo queda esperar a ver hasta dónde
aguanta el termómetro de la censura estadounidense. |