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El próximo 24 de julio el patio de Muralla 63 será el escenario escogido por el cantautor Ángel Quintero para ofrecer su concierto Soy un paisano, espectáculo al que ha invitado a la también trovadora Marta Campos y al percusionista Rodolfo Valdés Terry y que forma parte del proyecto A guitarra limpia.


Estrella Díaz | La Habana
Fotos: Alain Gutierrez

El próximo 24 de julio el patio de Muralla 63 será el escenario escogido por el cantautor Ángel Quintero para ofrecer su concierto Soy un paisano, espectáculo al que ha invitado a la también trovadora Marta Campos y al percusionista Rodolfo Valdés Terry y que forma parte del proyecto A guitarra limpia —desarrollado el último sábado del mes desde hace más de cinco años— del Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau. 

El concierto está dedicado al aniversario 25 del asesinato de Carlos Muñiz —joven que a los cinco años de edad fue sacado de su tierra natal, la provincia cubana de Matanzas, a través de la llamada Operación Peter Pan y que durante sus años universitarios tuvo una activa participación política dentro de la sociedad puertorriqueña— y participarán los miembros de la Brigada de Solidaridad con Cuba Juan Rius Rivera, de Puerto Rico, que cada verano visita La Habana en gesto de hermandad entre Islas. 

Recientemente el trovador visitó el Centro Pablo para ultimar algunos detalles relacionados con este concierto que tiene mucho que ver con su última producción discográfica.  

"Hace unos tres años comencé en EE.UU. un disco titulado El paisano y luego lo concluí en Cuba —comenta Ángel. En él se habla de la cubanía en todos los sentidos, toca diferentes temáticas como, por ejemplo, la emigración y dentro de ella los conflictos de la soledad, la distancia, la identidad cultural, la defensa de los valores culturales cuando se vive en realidades diferentes.  

“El disco lo hice con mi banda, los arreglos son míos y salió bajo el sello de la Empresa Cubana de Grabaciones y Ediciones Musicales, EGREM. Fue algo bonito, está muy bien mezclado y es una de esas cosas por las que siento orgullo. 

“La crítica fue generosa con el disco. A partir de ahí creo que cambió diametralmente mi línea: he sido siempre un cancionero, he trabajado la balada, la canción abierta, pero desde El paisano hacia acá he tomado más coherencia de lo que soy. Siempre me ha preocupado mucho la rítmica cubana; recuerden canciones como “Corazón y Ventana” en la que ya me estaba aproximando a las esencias.  

“Soy un paisano será como una gran fiesta continuada porque en el 2003 celebré mis 20 años de vida profesional y 30 de vida artística con un concierto en el teatro de Bellas Artes y sigo en el convite. Por compromisos personales de trabajo no había podido hacer un concierto en el Centro Pablo y creo que no hay mejor momento, título y lugar.”  

¿Por qué esos invitados?

Marta es una artista representativa de lo mejor de la trova hoy, pero independientemente de ello es mi amiga y siempre que podemos trabajamos juntos; me gusta decir que es mi hermana negra y no porque yo sea muy blanco…

Terry es el percusionista por excelencia de mi banda y con él me siento muy cómodo y va a apoyarnos en todo este trabajo. Soy un paisano está diseñado de una manera muy sencilla. 

Precisamente, esa propuesta de trabajo musical es una de las que defiende el Centro Pablo…

El gran mérito del Centro Pablo es que ha hecho un búnker, una trinchera, donde realmente todo se ha confundido. La Nueva Trova ganó un espacio muy bien ganado, lo obtuvo a fuerza de verdades, de trabajo con calidad, de seriedad en sus propuestas. Pero, de pronto, como que   “pasó de moda” y los medios empezaron a hacerse eco de otros géneros, que también son importantes, como la música bailable y solo se ponían algunas orquestas…  

El Centro Pablo ha logrado una sistematicidad y una solidez en su labor en medio de un período convulso para los difusores —lo digo con responsabilidad porque durante un tiempo trabajé en los medios de comunicación— y creo que hay algunas gentes confundidas.  

Pero, ¿qué es un difusor? Un difusor es una persona que tiene que poseer conciencia de lo que está privilegiando en los medios masivos, debe conocer qué es lo que tiene calidad o no. Y, además, ser abierto, moverse en todos los géneros. Eso se ha perdido un poco. Son muy pocos los programas que escuchas en la radio que tienen una coherencia desde el punto de vista temático en sus propuestas musicales. Son cosas que ocurren y que van a pasar; llegarán nuevos difusores con otros conceptos, con otras ideas más frescas…  

Mientras tanto, el Centro Pablo juega un papel muy importante porque está rescatando, defendiendo, e inclusive imprimiendo en proyectos discográficos sencillos todo el quehacer cancionístico de la Nueva Trova cubana. Eso hay que aplaudirlo y apoyarlo.  

Además de este concierto, ¿cuáles son tus nuevos proyectos?

En estos momentos estoy enfrascado en un proyecto coordinado entre el Instituto Cubano de la Música y diferentes universidades de Centroamérica; se trata de ofrecer conciertos e impartir ciclos de conferencias y talleres sobre el teatro musical. Ello implica que hay que buscar tiempo para investigar, para leer, para escribir. Son cosas que siempre me han gustado.

El teatro musical siempre me interesó y lo abordé con profundidad en los años ochenta. Como ejemplo está la ópera Donde crezca el amor, pieza que obtuvo el Premio Coralmáximo reconocimiento que entregan los Festivales Internacionales del Nuevo Cine Latinoamericano que cada diciembre se efectúan en La Habana— con una versión que fue llevada a la pantalla grande.  

Vínculo con el teatro, ¿por qué?

Es intuitivo. Tengo una sensibilidad especial para el teatro. He escrito tres óperas. La única que se conoce es Donde crezca el amor porque fue la que se llevó a escena, pero terminé otra que se llama Amable fantasma y la más reciente El pequeño príncipe, proyecto que, con financiamiento de la UNESCO, intentaremos estrenar el año que viene. El teatro para mí es algo muy cercano, me encanta trabajar la música para el teatro, me siento muy cómodo al igual que cultivando el humor para ese medio. Esa manera de sentir no es rara porque pertenezco a una promoción de la trova que es bastante amplia. Me formé dentro de muchas cosas, cerca del teatro, de la música… el teatro es como la madre de todas las artes y en él cabe todo. Me siento muy pleno trabajando en teatro aunque no tengo una respuesta exacta. No puedo explicar por qué. 

En 1972 ingresas oficialmente en el llamado Movimiento de la Nueva Trova, ¿te sientes un trovador por encima de otras cosas?

Los términos son términos y me dan lo mismo. Soy un hombre que hace teatro musical y también me expreso con el medio que tengo, que puede ser una guitarra o le pongo texto a la vida que me toca vivir y eso intento convertirlo en arte. Es decir, trato de expresar los sentimientos de la manera más bella en que me sea posible: puede ser el teatro, una canción o una música para un serial de televisión.  

Soy trovador: lo fui y lo seré. Mis vínculos con la trova son de familia. Casi crecí escuchando trova tradicional, conociendo a los viejos trovadores. Mi padre fue músico, pero también periodista y estuvo muy vinculado a la esencia de la trova tradicional cubana. Lo que se sabe hoy de la vieja trova cubana se debe, en parte, a lo que mi papá escribió durante los años cuarenta.  

Él fue quien tomó la famosa foto de los cuatro importantes trovadores: Sindo Garay, Rosendo Ruiz, Villalón y Manuel Corona. Ese día él tuvo una gran visión de futuro porque le pidieron que se retratara junto a ellos y él se colocó a un extremo porque sabía que era una foto importante, histórica y él sobraba. Hizo eso pensando en que cuando esa foto adquiriera la importancia que tenía que tomar, lo cortaran. Actualmente en Dos Gardenias existe un gran impreso de esa foto donde se le hizo justicia a mi padre y aparece como el quinto.  

De adolescente recuerdo aquel programa de televisión conducido por Silvio Rodríguez que se llamó Mientras tanto; fue una cosa mágica, yo escuché el espacio por primera vez y me fasciné con lo que hacía Silvio. Me decía: ¡qué joven más loco!, ¡qué cosas tan lindas dice con la guitarra! A partir de ahí me enamoré de una forma nueva de decir la canción.  

Cuando se formó el Movimiento de la Nueva Trova, en 1972, éramos muy jovencitos, pero ya desde los sesenta venían trabajando los que se consideran con justeza los fundadores (Silvio Rodríguez, Pablo Milanés, Noel Nicola, Vicente Feliú y Augusto Blanca, entre otros). Hay que recordar que fue la Unión de Jóvenes Comunistas la que auspició la creación de este Movimiento y yo fui de ese grupo de chiquillos que se sumó al carretón de los trovadores.  

La Nueva Trova fue mi gran escuela, viviendo con estos trovadores, conociéndolos, descargando, yendo a festivales, a encuentros, a jornadas de la canción política. Creo que hice el oficio de cantor y por eso vivo felizmente.

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