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CHE GUEVARA, DONDE NUNCA JAMÁS
SE LO IMAGINAN
Manuel
Pérez Paredes|
La Habana
Lejos están los días
de Vietnam en guerra, lucha de los negros
norteamericanos, protestas estudiantiles europeas,
guerrillas latinoamericanas, resistencia al régimen
franquista y tantas otras expresiones simultáneas por
una democracia verdadera, mayor igualdad, liberación
nacional y un mundo más justo.
Ernesto Guevara de la
Serna, el revolucionario argentino-cubano que ha quedado
en la historia con el breve y afectuoso apelativo de
Che, fue ejemplo impulsor y después bandera
paradigmática de jóvenes y no tan jóvenes que
combatieron de diversas formas en aquellos años,
combinando certidumbres, intuiciones y búsquedas. Hubo
de todo pero no faltó derroche de generosidad, valor y
heroísmo.
¿Quién se acuerda?
¡Quién se acuerda! Nostalgia mimosa, memoria activa o
amnesia voluntaria. Todo mezclado. A veces en una sola
cabeza.
Claro que nos
acordamos. ¿Cómo vamos a olvidar la época de “nuestros
años felices” en la que “nos amábamos tanto” y “éramos
tan jóvenes”?
Sucede que los que
fuimos contemporáneos de los tiempos del Che, los que
vibramos con aquel llamado de su hora y hoy somos, o nos
consideramos, “sobrevivientes” de diferentes tesituras,
pasamos desiguales facturas al pasado, al histórico, al
personal y al de sus proyectos, los logrados y los
frustrados.
Recordamos al Che y
sus circunstancias con nuestra objetividad parcializada,
de acuerdo a nuestra percepción de lo que le sucedió a
él y nos ha sucedido a cada uno de nosotros. Le
ajustamos cuentas a partir de lo pensado y repensado
sobre el curso de aquellos años, lo que ha ocurrido y
llega hasta hoy, lo que somos ahora y lo que queremos o
no que sea el mundo en que vivimos. ¿Todavía pensamos
que es cambiable para mejor, o hay que resignarse a
aceptar el que existe?
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Y están los que
crecieron después, los jóvenes y no tan jóvenes de hoy,
a casi cuatro décadas de su asesinato en Bolivia. Estos
no tienen que enfrentar actos de contrición perfectos o
imperfectos cuando se encuentran con su mirada al
infinito, eternizada en la mítica foto de Korda. Le han
conocido como historia pasada, casi antigua, y en
tiempos en que el mercado se ha adueñado de su imagen y
exprime el mito que no se agota por muy diversas
razones. Porque pese a adulteraciones y fetichización el
Che parece tener cosas que provocar y seguir diciendo en
este mundo globalizado, tan distinto y tan continuador
de aquel al que se enfrentó cuando todo estaba más
claro, o parecía estarlo.
Con estas ideas y
sentimientos sobre su persona y su contexto es que he
realizado este documental de imágenes de archivo,
limitado a 54 minutos, para dar una breve información e
interpretación de su paso por la vida. Creo haber sido
tan objetivo como parcial en esta obligada síntesis.
Confío que guste y motive un acercamiento tan cálido
como crítico a sus textos de juventud y madurez; y a su
excepcional vida, para la que buscó apasionadamente una
motivación esencial desde su más temprana juventud.
Palabras del realizador Manuel Pérez en la presentación
del primer capítulo de la serie
Cuba: caminos de revolución. |