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PUNTA DE UN ICEBERG
"La
Revolución no es una influencia en mi documental, la
Revolución es una influencia en mi vida. Mi vida es
absolutamente diferente por vivir la Revolución. Soy un
producto de ella."―
afirma Rebeca Chávez en entrevista
a La Jiribilla con motivo a Cuba: caminos de
revolución, proyecto que recorre España
rompiendo toda expectativa.
María
Matienzo|
La Habana
Fotos: Diego
Rebeca Chávez es hoy una mujer documentalista con
sobrada experiencia en el arte de hacer cine. Su
trayectoria ha sido coronada por la presencia de
Santiago Álvarez, con quien trabajó de asistente de
dirección y guionista.
Podemos encontrar como títulos de su autoría Cuando
una mujer no duerme, Pequeño Homenaje,
Esa invencible esperanza, Una más entre ellos,
Buscando a Chano, entre otros, a los que se han
incorporado tres capítulos del proyecto Cuba: caminos
de revolución: “Antes del 59”, “Andante
cantabile” y “Fidel: pensamiento y acción”.
En conversación con ella, La Jiribilla no solo ha
preguntado por Cuba: caminos de revolución, sino
por todo lo que acontece alrededor del mundo del
documental.
Tomando en cuenta la aceptación que han tenido los
documentales de Michael Moore, ¿se pueda hablar del auge
del documental en el mundo?
No, no se puede hablar de un auge del documental. Hay un
documental que es el de Michael Moore, que por una
coyuntura, por haber tocado una zona muy sensible de la
realidad norteamericana en un contexto muy específico —a
pesar del barraje de los medios de comunicación haya
logrado abrirse camino con una visión y una versión del
suceso Torres Gemelas- Bush— es magnífico, es
cheverísimo.
He visto su documental anterior y me parece que es un
fenómeno realmente muy significativo que en un país
donde se hacen “n” cantidad de películas, todas de
ficción y también muchos documentales, pero, ¿que se
abra paso uno de carácter político?, ese es el subrayado
que hay que hacer.
El fenómeno de Michael Moore es que aborda temas
candentes y lo hace bien, artísticamente hablando.
Desde hace algún tiempo en España han salido tres,
cuatro, cinco documentales que han tenido una excelente
acogida por el público y se ven en los cines. Tocan
temas de la realidad inmediata, pero sobre todo son
polémicos.
El boom en el mundo no es de los documentales,
sino es de los temas políticos, candentes, del momento
que desbordan la noticia. Eso es otra historia.
¿Qué influencia tiene la Revolución en su documental y
en especial Santiago Álvarez?
La
Revolución no es una influencia en mi documental, la
Revolución es una influencia en mi vida. Mi vida es
absolutamente diferente por vivir la Revolución.
Soy un producto de ella, si la Revolución no hubiera
acontecido yo no hubiera hecho cine.
El
hecho de estar viviendo en un país con estas
transformaciones, y que en el proceso revolucionario se
den un montón de herramientas, te hace hacer una obra
que tiene que ver con ese proceso que se está viviendo.
Uno no cierra los ojos para hacer la obra artística. Es
una influencia permanente que está ahí.
Algunos la tienen solo como telón de fondo, hay otros
que prefieren entretejerse en sus conflictos y dramas,
yo trato de que en mi obra documental esté ese tejido,
tan tenso, tan difícil, tan contradictorio que tiene la
Revolución.
En
cuanto a la obra de Santiago Álvarez, un hombre que
empezó a hacer cine a los 40 años con el surgimiento de
la Revolución y del ICAIC, concentró en su obra toda su
experiencia vital, toda su experiencia como militante
revolucionario, las búsquedas que hizo en su vida
personal sin que se planteara todavía ser cineasta,
haciendo programas de radio siendo minero, siendo
dirigente del Partido Socialista Popular, trabajando en
una imprenta, trabajando en el departamento de música de
la antigua CMQ...
Era un hombre de una curiosidad y de una gran necesidad
vital de transformar el mundo que lo rodeaba. Pienso
que encontró en el cine la herramienta para expresar
toda esa acumulación. Dando en el yunque con cada obra
logró renovar el lenguaje.
Para Santiago cada documental, cada noticiero, era una
aventura porque él estaba descubriendo esas herramientas
y junto con ellas, el lenguaje.
Para él no había imposibles y lo mezcló todo. Bebió de
todas las fuentes, pero sobre todo partió de la
experiencia vital que fue acumulando.
En
mi obra va a estar siempre presente Santiago porque él
descubrió caminos y maneras de hacer las cosas y le dio
su impronta personal.
Pero no solo yo, todos nosotros tenemos de la obra de
Santiago como tenemos de la obra de Titón. Todos nos
interinfluimos unos con otros, porque cuando uno
recuerda a Manuela o los documentales de Humberto
Solás, siente que en su obra está la obra de Humberto;
está la temprana obra de Massip o de Cortázar. Es lo que
llaman en pintura pentimento, es una capa sobre otra, es
algo así.
Ni
aún los nuevos que quieren ser tan iconoclastas pueden
desprenderse de eso que es en definitiva la cultura
cinematográfica cubana.
¿Puede ser considerada Suite Habana expresión de
la documentalística cubana?
A mí me parece a veces un poco estéril caer en la
polémica en cuanto a si Suite Habana es ficción o
si es documental. Suite Habana es cine. Y está
hablando de la realidad con una visión artística, una
visión de síntesis, hecha con el corazón, con las
entrañas.
De Suite Habana yo prefiero decir que es una
película porque los géneros están absolutamente
contaminados.
No sé, cuando se piensa en una película como Memorias
del Subdesarrollo, hecha hace más de veinticinco
años, tiene una mirada documental; cuando uno piensa en
JFK, en El ciudadano Kane, hechas hace
mucho más tiempo atrás, se percibe también la mirada
documental.
Asimismo, hay que saber diferenciar un reportaje
extraordinariamente bien hecho de un documental que
tiene detrás una elaboración artística, una búsqueda,
una investigación.
No
creo que el documental sea un género mayor o menor es
simplemente un género que los distribuidores, la vida ha
ido relegando. Sin embargo, creo que hay cosas en la
vida cotidiana que son absolutamente del género
documental y creo que cuando aparezcan documentales de
este tipo, y la crítica y los medios los asuman, se
convertirán en un hecho artístico de comunicación
interesante, tal y como aconteció con Suite Habana,
sea o no considerada documental o ficción.
La película de Fernando el impacto que tiene, además de
su alta cota artística, es que está hablando de una
realidad que en otros medios permanece cautiva.
Es
una película donde Fernando se planteó búsquedas
estéticas y lingüísticas nada fáciles; y sin embargo, la
gente se comunica.
Y
eso tiene que ver con la cultura cinematográfica que hay
aquí que ojalá no se pierda porque es muy intensa.
¿Cómo llegó al proyecto Cuba: caminos de revolución,
cómo lo concibió y qué perspectivas le ve?
Cuba: caminos de revolución,
es un proyecto que estaba caminando hace algún tiempo
con España.
El
año pasado fuimos llamados Daniel Díaz y yo. Había unas
líneas maestras que había trazado Manolo Pérez y a
partir de ahí nos distribuimos los capítulos.
Cada uno de los directores construyó su capítulo, que
por supuesto, a pesar de las particularidades y de la
visión personal, responde al marco general de lo que
queríamos hacer.
Inicialmente eran seis, después surgió un séptimo
capítulo.
De
los siete tengo tres. Ya he hecho dos: uno que se llama
Antes del 59 que trata de la República y otro que
se llama Andante cantabile, que trata sobre el
arte y la cultura.
El
último que me toca a mí tiene como título Fidel:
pensamiento y acción donde se trata de hacer un
resumen, una síntesis (¡57 minutos!) de las reflexiones
fundamentales que en estos últimos cincuenta años, ha
planteado Fidel.
Sobre todo temas recurrentes en su discurso político, en
su praxis y que tienen una vigencia tremenda.
Piensa que lo que se planteaba en La historia me
absolverá que era necesario para poder hacer la
Revolución, era considerado solo papel por los políticos
profesionales de la época que no creían en nada, porque
había que hacer profundas transformaciones estructurales
que iban a provocar lo que provocaron, la confrontación
con EE.UU.
Ese es un hilo. Cómo esa confrontación está en la raíz
histórica de Cuba; es decir, no es un invento de ahora
mismo, sino es un diferendo que viene caminando en la
historia de Cuba desde la guerra de independencia: en
1859, cien años antes de la llegada de Fidel a La
Habana, un presidente de los EE.UU. estaba investido de
poder y recursos para comprar la Isla.
Esta situación que vivimos ahora, este encono, este
diferendo, esta guerra, porque ha pasado por todos los
matices no es de ahora, no es ni siquiera del fidelismo
es una guerra que viene del tiempo, que Martí avizoró en
la década del 90 del siglo XIX.
En
Antes del 59 parto de este año como fecha
emblemática y tiene tres grandes segmentos: uno se
llama Verano del 58, y empieza exactamente con la
ofensiva lanzada por el ejército de Batista después del
fracaso de la huelga de abril; luego vamos hacia atrás
y asistimos al nacimiento de la República, regreso con
el segmento Últimos días de la guerra, que vuelve a
empatarse con la Sierra Maestra, pero ya estamos en la
Batalla de Santa Clara, el Ejército Rebelde ya tiene
rodeado Santiago de Cuba y se está dando la última
maniobra del gobierno norteamericano para evitar el
triunfo absoluto de las armas rebeldes. Ya Cantillo ha
implementado su tradición, hay una junta militar, Fidel
está en Palma Soriano llamando a la huelga general, y
este capítulo termina el 8 de enero, planteando: ahora
no va a ser como en el 95, ahora no va ser como en el
33, no va a ser como en el 44 por fortuna para Cuba
porque esta vez sí la Revolución se va a hacer. Es el
capítulo que nos sitúa aquí.
El
capítulo de la República de alguna manera es como un
iceberg de la historia inédita de un país que se hace
cada día, es para que la gente trate de relacionar, de
encontrar, dónde están las raíces de los problemas que
hoy discute Cuba.
Vemos a la República siempre a grandes trazos, en líneas
gruesas, un drama que no hay que echar en un saco roto.
Fue la que heredamos y en la que no se cesó de luchar,
en la que no se cesó de intentar la independencia: donde
se construyó una cultura y se defendió la identidad de
la nación.
En
Andante cantabile hay dos riberas, dos orillas,
dos linderos que de alguna manera marcan el encuentro de
la Revolución con la cultura y de la cultura con la
Revolución: la invasión de Bahía de Cochinos, y la
alfabetización.
Cuba declara y asume su rumbo socialista con la gente
luchando en una invasión implementada por los
norteamericanos y al mismo tiempo está desarrollando la
acción cultural más trascendente que pudo concebir, que
es enseñar a leer y declarar al país libre de
analfabetismo.
En ese marco dramático será el encuentro de la cultura
y la Revolución que es como una eclosión porque la
cultura cubana no empezó en el año 59, sino que se forja
en esa República de la que habíamos hablado, pero fue
esa campaña y fue la Revolución la que de alguna manera
le da cabida a toda esa gente que en chiquitico había
estado buscando y que había mantenido las raíces de la
identidad y la nacionalidad: y pienso en Orígenes, y en
Ciclón, en el Taller Libre, en Mariano, en Portocarrero,
en Lezama, en Lam , en Virgilio, en Fernando Ortiz,
todos estaban. La Revolución llama a todo el mundo.
En
ese momento en que los intelectuales y los artistas se
sienten conmocionados, al mismo tiempo se plantea una
relación muy tensa que dura hasta hoy, y que ya abarca
tres generaciones: es la relación entre la sociedad y la
creación, el papel de los artistas y los intelectuales.
Lo
que se muestra en el capítulo es una de las tantas
muestras posibles, porque hacer una síntesis es
tremendo. Aunque están todos los que tienen que estar,
la riqueza de la cultura cubana es tal que queda fuera
de él muchísimo por contar.
El
proyecto está concebido para España, para Europa, para
un público que las noticias o las nociones que pueda
tener sobre Cuba es la información de ahora mismo, con
todo su esquema.
No
son documentales académicos, no son ensayos
exhaustivos. Son la aproximación a un problema, a una
circunstancia. Cada capítulo aborda un tema específico.
Los tres primeros, ponen el escenario, y los otros, pues
ya van desde la contemporaneidad a tocar temas muy
específicos: el tema de la emigración, el tema de la
solidaridad internacional o el tema de la cultura.
Temas tratados desde hoy, hacia adelante y hacia atrás.
Los documentales no tienen una conducción cronológica
porque no se trata de contar cronológicamente la
historia de Cuba, se trata de poner sobre el tapete la
problemática de la Revolución cubana.
Tratamos con este acercamiento que el público español
(también el público cubano) viera que la historia no es
en blanco y negro, que tiene matices.
No
ha sido fácil, nada fácil, pero yo tengo la esperanza
que cuando la gente lo vea comience a hacer su propio
capítulo.
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Junto a Senel Paz |
Como mujer documentalista, ¿qué me puede decir del
binomio mujer- realización cinematográfica?
¡Ah!, ¿qué quieres que te diga, que las mujeres pasamos
más trabajo? Sí, se pasa mucho trabajo.
No
revelo ningún secreto si digo que a esta altura de la
partida de la mujer en la sociedad cubana, seguimos
reproduciendo el machismo.
A
veces nosotras mismas creamos manquedades. No es
cuestión de plantear el problema como una relación entre
víctima y victimario, son cosas que tienen que ver con
la cultura, con el nivel de instrucción. Aunque
importantes y necesarias, eso no se resuelve única y
exclusivamente con resoluciones.
Nosotras en relación con lo que ocurría antes al triunfo
de la Revolución hemos avanzado enormemente. Nada más
que discutir este tema, pasar a la denuncia ya es un
paso porque, había millones de temas de la vida de la
mujer, de la vida de los seres humanos en la que está
incluida la mujer, que la sociedad cubana no discutía:
la sexualidad, las minorías, etc. Eso demuestra que
hemos ido evolucionando, hemos ido complejizándonos.
Por otra parte, creo que hacer cine es un oficio como
otro cualquiera. Esta profesión ya no tiene muchos
misterios, lo que hay que tener buenas piernas para
estar parado muchas horas, es un oficio que requiere
mucha concentración, una gran organización: no es lo
mismo hacer una película de tres minutos, una película
de 20 minutos o de dos horas. Hay que tener muchas ganas
de trabajar, descuento el talento.
También el oficio de ser cineasta te obliga a darte
cuenta de que todas las mujeres no tenemos el mismo
desarrollo, la misma comprensión del problema. Hay quien
se siente feliz construyendo una familia, y eso está muy
bien, es una opción respetable. El problema está en si
ese es el único destino que te reservas dentro de la
sociedad.
Hay que luchar para que la mujer tenga la plenitud de
sus capacidades espirituales, físicas y que después las
use como quiera. |