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CON LA ADARGA AL BRAZO:
HISTORIAS DE LA REVOLUCIÓN
Desde el pasado primero de junio, cada quince días, ha
entrado en el mercado audiovisual peninsular un nuevo
acercamiento a la historia de la Revolución cubana. Lo
inesperado para muchos escépticos es la avidez con que
el mercado español consume esta oferta. Diría mejor que
es una oferta de fe ante la desesperanza; de heroísmos,
en una sociedad huérfana de héroes; de consecuencia, en
un mundo plagado de inconsecuencias.
Enrique
Ubieta Gómez|
La Habana
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He
visto cinco de los siete documentales de la serie
Cuba: caminos de revolución, tres de ellos
actualmente en venta en estanquillos españoles, en
formato DVD. No sé cómo verán estas imágenes los
enemigos y los amigos, los nostálgicos de la revolución,
los arrepentidos, los que aprendieron a amar en años
turbulentos, entre marchas e himnos de combate y
canciones de Carlos Puebla o Silvio, los que ahora
mueren día a día en la rutina del consumo y de la
estabilidad económica del primer mundo, o los jóvenes de
cualquier rincón de Europa, los que cargan con la
desesperanza de sus padres y la frustración de no tener
héroes propios. Yo no estuve en la Sierra, no
alfabeticé, no combatí en Girón; tengo la edad de la
Revolución. Pero por eso mismo, cada vez que recorro sus
caminos, transito los de mi vida. No esperen de mí una
mirada descontaminada. Todos los sucesos, los vividos
por mis padres y los vividos por mí, se engarzan en una
misma trama inconclusa. Los hijos de la Revolución hemos
pagado un precio inconmensurable: tensiones sociales,
escaseces, esfuerzos decisivos y siempre insuficientes,
pobreza y riqueza compartidas en carencias de plaza
sitiada y conquistas inalcanzables en el primer mundo.
El precio de la rebeldía y de la dignidad. Hemos vivido
el acoso económico, el militar y el mediático (el de las
ideas), como formas naturales, cotidianas, de vida.
Somos deudores de una formación igualitaria que nos
llevó a las aulas universitarias, nos enseñó a pensar y
forjó nuestro sentido de la justicia, de tal modo que
los que hoy se cansan, buscan desesperadamente ese lugar
prometido e inexistente que conserve las conquistas
sociales de la revolución y garantice el consumo.
Justicia y consumo. Pero somos también acreedores con
respecto a nuestros hijos. A ellos les hemos legado
hermosas páginas de heroísmo.
Desde el pasado primero de junio, cada quince días,
entra en el mercado audiovisual peninsular un nuevo
acercamiento a la historia de la Revolución cubana.
Producidos por el Instituto Cubano del Arte y la
Industria Cinematográficos, y las productoras españolas
Impulso Records y Gran Vía Musical, los realizadores
cubanos Manuel Pérez, Rebeca Chávez y Daniel Díaz Torres
nos presentan una excepcional Historia de la Revolución
cubana en imágenes. Lo inesperado para muchos escépticos
—no evidentemente para los productores—, es la avidez
con que el mercado español consume esta oferta. ¿Una
oferta de nostalgias? No estoy seguro. Diría mejor que
es una oferta de fe ante la desesperanza; de heroísmos,
en una sociedad huérfana de héroes; de consecuencia, en
un mundo plagado de inconsecuencias. El País lo
reconoce así: “El furor por el Che Guevara y el interés
de la revolución cubana siguen plenamente vigentes y el
cine contribuye a revisar estos dos mitos políticos con
fuerzas renovadas”. El primero de los materiales, por
supuesto, aborda la figura del Che. Che Guevara,
donde nunca jamás se lo imaginan, es su título. Y su
aparición coincide con el exitoso estreno de la película
de ficción de Walter Salles que narra el nacimiento del
Che en su recorrido por tierras latinoamericanas. Un
poco antes apareció el documental —entrevista de Oliver
Stone sobre Fidel. Y un poco después Steven
Soderbergh y Benicio
del Toro traerán de nuevo al Che sobre las costillas de
Rocinante. ¿Qué sucede? “Pese a adulteraciones y
fetichización el Che parece tener cosas que provocar y
seguir diciendo en este mundo globalizado —escribe
Manuel Pérez, en las palabras de presentación de su
obra—, tan distinto y tan continuador de aquel al que se
enfrentó cuando todo estaba más claro, o parecía
estarlo”.
A
esta primera entrega le siguió Antes del 59 (16
de junio) de Rebeca Chávez, un recorrido sintético y
magistral por el siglo XX cubano, que empieza y termina
en la Sierra Maestra, indispensable para entender los
caminos de la revolución. El hilo conductor,
naturalmente, es el conflicto Cuba–EE.UU. Conflicto que
no se sustenta en ideologías opuestas o en acciones y
reacciones incontroladas de dos estados vecinos, sino en
apetencias geopolíticas de un imperialismo cuyo
nacimiento y esplendor ocurren en ese siglo, a solo 90
millas de las costas cubanas. Le siguen Los 4 años
que estremecieron al mundo (30 de junio), de Manuel
Pérez: crónica de los años iniciales y fundadores de la
revolución (la alfabetización, las leyes
revolucionarias, la inusual radicalidad de los líderes)
y su enfrentamiento inevitable, militar y económico, con
EE.UU. El documental se construye con materiales de los
archivos fílmicos cubanos, e incluye imágenes de Playa
Girón y de la Crisis de Octubre, así como testimonios de
algunos de los protagonistas decisivos, cubanos,
norteamericanos y rusos. El próximo 14 de julio
aparecerá el siguiente: Una isla en la corriente,
también de Pérez, un análisis fílmico de la politizada
emigración cubana hacia EE.UU., que destruye los
estereotipos impuestos por la propaganda. Baste con
saber que antes de 1959, los cubanos ocupaban el segundo
lugar (después de México) en emigrantes hacia territorio
norteamericano y que hoy ocupan el octavo lugar entre
los latinoamericanos, a pesar de la Ley de Ajuste que
ofrece garantías inusuales para cualquier inmigrante
cubano y de las duras condiciones impuestas al país por
el bloqueo económico. El filme transita por los momentos
más significativos de esa historia: los que escapaban de
la justicia revolucionaria, los primeros emigrados de
clase alta y media, los niños de la operación Peter Pan,
cuyos padres creían en la insólita mentira de que la
Revolución los privaría de la patria potestad, los
nuevos emigrantes de Camarioca, los de la Embajada de
Perú, el Mariel, y la llamada crisis de los balseros de
1994.
Vendrán después otros tres documentales. En septiembre
se estrenarán en los circuitos de venta Fidel: acción
y pensamiento, La solidaridad internacional
(sobre uno de los episodios más gloriosos de nuestra
Revolución: la práctica de un internacionalismo
auténtico, apegado a los principios, sin lastres
geopolíticos) y Entre el arte y la cultura. Los
realizadores han entrevistado expresamente a
intelectuales cubanos (académicos como Rafael Hernández,
escritores como Antón Arrufat y Nancy Morejón) y han
utilizado imágenes de archivo. Este testimonio
audiovisual es doblemente oportuno: como dice su
presentación comercial, es “una colección emblemática
sobre uno de los episodios más apasionantes y
controvertidos de la Historia Moderna”, pero sobre todo
un episodio lleno de errores y aciertos humanos que vive
aún por ser resultado de una auténtica necesidad
histórica, y haber sido construido por seres que
conservan la fe a pesar del hostigamiento, que creen en
los valores de la justicia y de la verdad, hombres y
mujeres que parecen haber perdido la razón como Don
Quijote y que se empeñan en proseguir la marcha
deshaciendo entuertos. Pero es oportuno además porque
desbroza el camino de mentiras y mitos fabricados y
repetidos por los medios para justificar las agresiones
pasadas y las futuras. Si los verdaderos locos “cuerdos”
gobiernan estados imperiales, es preciso que los cuerdos
“locos” alcen nuevamente la adarga, y aprendan a
cabalgar. El éxito de estos documentales demuestra que
en el mundo hay muchos soñadores con los pies en la
tierra. |