LOS NEGROS CATEDRÁTICOS
Josefina Ortega
| La
Habana
|
José (negro congo)
No
es verá mi dulce amó
que tu vasé mugé mía
y que mañana so otro día
y si llueve, má mijó!
Aniceto (negro
catedrático)
... Lástima me da su incultura y su grado de
brutología en
que se encuentra, en comparansia de nuestros
conocimientos
científicos.
Los
Negros Catedrático
teatro bufo cubano siglo XIX
del dramaturgo y actor Francisco Fernández |
Según Eduardo Robreño, más que una crítica a la llamada
eufemísticamente “raza de color”... a quien iba dirigida
la crítica era a la pequeña burguesía que deseaba la
independencia de España, pero mantener la esclavitud.
Sin embargo, para Rine Leal el propósito fue señalar la
incapacidad de quienes, siendo negros —con todas las
“puertas humanas cerradas”—, no hacían otra cosa que
imitar a los blancos, despreciando a su propia raza.
Sea cual fuera la verdad, lo cierto es que al “negro
catedrático” muchas veces se antepuso el negro congo,
que se expresaba en “bozal” y no renegaba de su raza.
El negro catedrático fue un personaje “tipo” que nació
en el teatro bufo cubano, y según unos, apareció en
escena a partir de la experiencia de un teatrista
español de apellido Arderíus.
Para otros, el antecedente más directo fue el
minstrels norteamericano, con sus actores blancos
que se pintaban de negro, la mayoría para ridiculizar
así al pueblo traído de África. En muchas obras imitaban
hasta lo caricaturesco las voces y los gestos, en
actitudes domesticadas y serviles.
Pocos datos se conservan de la época para conformar la
historia real, o al menos el estudio aproximado de
trascendencias.
Sin embargo, la fecha más asumida fue 31 de mayo de
1868.
Ese día el actor y escritor Francisco Fernández
estrenaba en el teatro Villanueva la primera de una
trilogía que tituló Los negros catedráticos,
pieza en la que él mismo interpretaba el protagónico con
el personaje de Aniceto.
Se dice que la temporada fue de un éxito tal, que
“Pancho” Fernández en poco tiempo escribió, montó y
estrenó la segunda y la tercera obras, llamadas El
bautizo y El negro Cheche (o Veinte años
después), en colaboración con Pedro Néstor Pequeño.
Se dice también que el éxito fue debido a que en general
la temporada fue mediocre.
Pancho Fernández y su compañía “Los Habaneros” fue muy
criticada por la prensa reaccionaria —y algunos pocos
actores y empresarios— pero también fue cierto que los
teatros Albisu y Villanueva se repletaban en cada
función.
Cuatro pesos con 25 centavos costaba el palco, y un peso
la luneta. Los niños y ancianos (y la gente común en el
gallinero) pagaban 30 centavos.
Poco después se producía el estreno de otras obras del
mismo corte.
Pero ¿quiénes eran los negros catedráticos? Se tomaban
como modelo los negros libres que trataban de “imitar
una imagen que le era extraña, intentando un salto
clasista”, según Rine Leal.
Para este teatrólogo cubano “los negritos de Fernández
imitaban a los blancos, pero impedidos de ocupar el
puesto que le estaba vedado, desplazaban su afán
igualitario al idioma, tratando de demostrar que su
cultivo es el fruto de un propósito social”, llegando
así a la negación incluso de su pasado racial.
La
actitud catedrática no pasaba de ser una grotesca
pirueta, y para unos cuantos estudiosos, la primera
mitad del siglo XIX cubano estuvo plagada de una
enfermedad llamada “el catedraticismo”.
Puede que sea cierto, pero tal enfermedad recibió una
cura de caballo, cuando el 10 de octubre de 1868, cinco
meses después del estreno de la primera obra, en
el pueblo de Yara —en la región más oriental de la
Isla—, los padres fundadores de la nacionalidad,
lanzaron el grito de independencia, dieron la libertad a
los esclavos y los invitaron a sumarse a la lucha contra
el coloniaje.
Mientras tanto, en La Habana, Francisco “Pancho”
Fernández continuaba criticando con sus obras la actitud
vacía y conformista de los negros catedráticos.
Aniceto:...ninguno
de mi prosapia formará alianza, ofensiva ni defensiva,
con
ningún negro heterogéneo, si no son los de su
clase y condición.
José: ¿Tó no so negro?
¿No so criollo, lucumí, carabalí, ganga, arará, congo?
¡toiticos só negro,
negro toitos!