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El son no se fue de Cuba no es más que un asomarse a la historia de la música popular cubana entre 1959 y 1973. Es un libro que ofrece las “claves” para dilucidar todo cuanto ocurrió durante ese periodo intenso y desconocido que es, y sigue siendo, la etapa de los primeros años de la música durante la Revolución; claves que constituyen un factor indispensable para comprender todo lo que vino después.


Bladimir Zamora Céspedes| La Habana

 

Quién podría saber ahora las precisas circunstancias en que yo conocí a esta mujer, nacida para gozar la música nuestra. Tiene que haber sido en algún jolgorio de nuestros ritmos. Lo cierto es que ella ha sido capaz de atreverse a una empresa, que mucho antes debíamos haber realizado los que nacimos aquí. Durante largos años se ha sentado a investigar los sucedidos musicales de este país, desde 1959 hasta nuestros días. Ahora acaba de llegar de Colombia, su país natal, con el primer fruto visible de su empeño, El son no se fue de Cuba, que da noticias y reflexiona  de los acontecimientos  que van desde el triunfo de la Revolución, hasta el estallido de Irakere en 1973. La  tengo aquí, en mi cuartico de La Habana Vieja, mientras la ciudad es una lluvia tentadora, con un trago de ron a punto y casi sin querer nos sale esta entrevista.
 


Adriana Orejuela, autora de El son no se fue de Cuba

¿Cómo entró la música cubana a tu cabeza?

En Colombia, y sobre todo en Cali, la música cubana forma parte de mi vida cotidiana. Recuerdo que siendo niña un locutor decía por la radio que Cali carecía de identidad. Yo no conocía el concepto, pero me sorprendí pues el tipo alegaba que en la ciudad se escuchaba una música que no era local. Fue entonces que intuitivamente supe que aquello que mi familia gozaba, bailaba y coleccionaba, no era colombiano. Claro, después entendí que la música de Cuba es un asunto que nos toca y concierne a todos los nacidos en esta parte del mundo. En realidad desde niña me inculcaron el amor por esta música y eso se lo debo a Cali y a mi familia materna.

¿Qué culpa tiene nuestra música de tu primer viaje a Cuba y que después te convirtieras en una natural de esta tierra?

El descubrimiento de la música popular cubana contemporánea, constituyó para mí todo un suceso. Yo era salsera, aunque sabía que gran parte de  esta expresión se nutría de la gran madre musical del Caribe: Cuba. Pero el asunto es que no sabíamos nada de la producción musical de la Isla, todo lo que llegaba se resumía —y  sin desdoro— a la “Nueva Trova”. Había un poco de desilusión, de nostalgia, por el pasado musical cubano de los 50. Y es entonces cuando comienza a llegarnos la música de Van Van, Irakere, Son 14, Septiembre 5, Afrocuba... ¡se acabó el mundo! Unos decían que “eso no era cubano”, otros, yo entre ellos, intuí que Cuba seguía siendo la madre musical del Caribe. Si a esto le sumas el haber nacido en una familia de izquierda en donde la palabra CUBA, era casi sagrada, te imaginarás lo que sentí en cuanto pisé tierra cubana, era una conjunción de dos cosas fabulosas: la música y el sistema social por el que ha luchado toda la vida mi familia.
 


Ela Calvo y los Armónicos


Lino Borges

¿En qué momento ese goce de los sentidos por el rico bosque de nuestra música, se te vuelve obligación de investigar?

A pesar de ser una persona absolutamente pasional, me encanta el rigor de la Academia. Realicé, y casi termino, estudios en Filosofía y Letras. El conocimiento me apasiona y creo que esa pasión constituyó un factor decisivo a la hora de enfrentarme al fenómeno de la música popular cubana. Es decir, en un momento quise salir de la diletancia y convertir mi trabajo en un estudio serio y sistemático. Fue entonces cuando —ante la escasa bibliografía que se ha escrito sobre la música en los primeros años de Revolución— decidí emplearme a fondo en los fondos de las bibliotecas habaneras, a fin de desentrañar lo que realmente pasó con la música popular durante ese periodo tan polémico y desconocido, para el resto del mundo, por supuesto.

¿Cuáles han sido tus principales sorpresas y tribulaciones en los años de investigación, hasta que vio la luz El son no se fue de Cuba?

Ustedes no dimensionan lo que constituye para un “don nadie” como soy yo, el alternar con  compositores, cantantes y directores de orquestas como Juan Formell o “El tosco”. Lo primero que me sorprendió —y no deja de sorprenderme— es la facilidad con la que uno; uno cualquiera, está en contacto con las fuentes directas, con los hacedores de la música popular, con los críticos más importantes, etc. Es algo así como bailar en la casa del trompo sin tener con qué carajo bailar. En cuanto a las tribulaciones, han sido muchas pero todas —  sin excepción—  han contribuido a mi formación como ser humano y como investigadora: no encontrar el dato. Pello el Afrokán nunca —  y con todo el derecho del mundo—   quiso darme una entrevista porque yo le “caí mal”. La cantidad de col con arroz que comía feliz, porque después me iba para el Festival de jazz.....


José Antonio Mendez


Marta Justiniani y Frank Domínguez

Cuéntale un poquito a la gente de qué va el libro.

El son no se fue de Cuba no es más que un asomarse a la historia de la música popular cubana entre 1959 y 1973, a través de la prensa escrita, de las columnas y testimonios de quienes se han dado a la loable tarea de legarnos una visión de su tiempo. Es un libro que ofrece las “Claves” para dilucidar todo cuanto ocurrió durante ese periodo intenso y desconocido que es, y sigue siendo, la etapa de los primeros años de la música durante la Revolución; Claves que constituyen un factor indispensable para comprender todo lo que vino después.

Me has privilegiado con un ejemplar de El son no se fue de Cuba, publicado por la editorial colombiana Arte, Cultura y Sociedad; pero quiero saber, cuál es ahora, con relación a este libro, tu mayor aspiración.

Lo único que está, ahora mismo, en mis manos, es devolver todo lo que debo a Cuba (que no es poco y se traduce en: solidaridad, enseñanza y afecto) en una o mil ediciones de este libro aquí, para que todo el que quiera lo lea y sobre todo para que se quede  en Cuba,  donde nació y  se hizo posible.
 

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