|
MIRAR A LOS 60. LA MÚSICA
La
Revolución cubana tuvo muy en
cuenta la necesidad cultural de nuestro pueblo, un
pueblo musical cantador y bailador, amante del teatro y
del espectáculo musical, para promover el auspicio
económico de estos grupos que se definían como muy
buenos en los distintos aspectos del variado espectro
musical cubano.
María
Teresa Linares |
La Habana
Los 60 que evocamos nos ofrecen la memoria, no solo de
las obras musicales recordadas, sino la de un panorama
social convulso de alegría, de realizaciones de sueños,
de firmeza en los propósitos, de entusiasmo ante los
resultados de planes inmediatos. Aún hoy nos asombra, a
los que vivimos y participamos en aquel momento, la
magnitud de toda la avalancha musical que se produjo en
una década. En realidad, la música de aquel momento
venía gestándose desde mucho antes. Era música diversa,
de diferentes sectores ubicados en distintos ambientes.
Aquella música que tenía su herencia en las etnias
africanas que integraron nuestra población, apenas
rebasaba el límite de la familia o el barrio. La música
campesina colmaba los guateques provincianos para luego
ubicarse en la ciudad dentro de sectores humildes para
llegar, quizás, a algunos programas de radio que
lograron que su medio alcanzara una edad de oro
por la cantidad de adeptos y buenos cultores que
reunía. Los cantantes líricos debían esperar una
oportunidad para el costoso montaje de una zarzuela o un
concierto de arias diversas. Las orquestas de baile, los
solistas de la música popular, los compositores,
dependían de la voluntad de un contrato para la radio o
la naciente televisión, y no todos alcanzaban esta
suerte. Proliferaban los night club, cabarets y
espectáculos para el turismo a los que venían artistas
extranjeros invitados. Y mientras tanto pequeñas
asociaciones de trabajadores o sociedades de recreo,
contrataban grupos de música bailable, conjuntos de son,
charangas de danzón, jazz bands, para amenizar los
bailes de pensión que se celebraban en toda la Isla.
Algunos artistas emigraron buscando nuevos horizontes de
mayores posibilidades económicas. Otros solo giraban a
algunos países y regresaban. La radio y la televisión
mantuvieron programaciones fijas en las que el sistema
de “estrellas” promovía grandes figuras.
El triunfo de la Revolución cubana en 1959 produjo el
milagroso cambio. Tuvo muy en cuenta la necesidad
cultural de nuestro pueblo, un pueblo musical cantador y
bailador, amante del teatro y del espectáculo musical,
para promover el auspicio económico de estos grupos que
ya se definían como muy buenos en los distintos aspectos
del variado espectro musical cubano. Se pusieron en
práctica planes ambiciosos de un proyecto cultural.
La música sinfónica contaba con aquellos jóvenes del
Grupo de Renovación Musical, seguidores de los
iniciadores de la vanguardia que eran Amadeo Roldán y
Alejandro García Caturla. Había contado también con las
orquestas Sinfónica y Filarmónica que dependían de
subvenciones particulares y recesaron por causas
económicas. La meritísima Sociedad Pro Arte Musical, con
labor de mecenas, nos traía solistas y concertantes del
primer nivel, pero era para una elite. Los grandes
teatros incluían shows con artistas invitados y
nacionales, y los bailes públicos, de pensión, no
llegaban a sufragar la vida de sus músicos que tenían
que depender de un oficio manual. Este cambio era
inminente y necesario.
Al triunfo de la Revolución se realizó un programa de
cultura dirigida y debidamente apoyada económicamente.
La creación de escuelas, de seminarios de superación, de
grupos profesionales de teatro, danza moderna, música y
folklore. Fueron oficializados los programas campesinos
de la radio y la televisión, fueron también creados, en
el Teatro Nacional de Cuba los programas de música y
danza afrocubanos, que culminaron con el Conjunto
Folklórico Nacional. Se reorganizó allí también la
Orquesta Filarmónica Nacional y se crearon otras
orquestas provinciales, y se estabilizaron temporadas de
concierto, se presentaron óperas, zarzuelas, programas
televisados de alto valor cultural sobre cancionística
—como Álbum de Cuba, animado y sostenido por nuestra
eminente Esther Borja—; y otro sobre música campesina
—como Palmas y Cañas, con Ramón y Coralia, Justo Vega y
Adolfo Alfonso. También se auspició la promoción de toda
la música popular bailable y cantada por medio de
contrataciones estatales a artistas que cumplimentaban
estas programaciones. La fundación del Movimiento
Nacional de Aficionados contribuyó también a desarrollar
todos los estilos y variedades de nuestra música. Se
enviaron artistas a giras en el extranjero y a
participación en concursos Internacionales.
Pero una de las acciones que dio los mejores
resultados inmediatos a partir de esta etapa fue la
creación de las Escuelas Nacionales de Arte y las
escuelas de Superación de Músicos en ejercicio. El
maestro Odilio Urfé fundó el Seminario de la Música
Cubana en el local del Centro de Investigaciones
Folklóricas que había fundado antes en la Iglesia de
Paula. Profesores eminentes recibieron allí a todos los
músicos, creadores e intérpretes que recibieron clases
de grandes intelectuales y profesores de orquestas. Allí
dio clases el literato y musicólogo Alejo Carpentier, el
compositor Alfredo Diez Nieto, el guitarrista maestro
Vicente González Rubiera, Guyún, el profesor
Rafael Lay, violinista, y muchos otros importantes
profesores.
Independientemente, varios jóvenes se reunían para
expresar nuevas formas de expresión de la canción
cubana, jóvenes intérpretes de los cuartetos armónicos
—muy de moda entonces—, y artistas también jóvenes que
habían adoptado la nueva expresión del bolero y canción
a la que se llamó filin, promovían en diversos
escenarios y programas de televisión ese nuevo enfoque
de canción, introduciendo modalidades que ya nos
visitaban como el beat, el yenka, el
gogo, que contrastaban con formas autóctonas
novedosas como el mozambique, el pilón, el
pa´cá. Por ahí comenzaron las fusiones y
apareció Juan Formell con elementos de Los Beatles
incorporados a sus coros y a géneros novedosos que él
calificó de songo. Aparecieron también Silvio Rodríguez,
Pablo Milanés, Noel Nicola, con canciones jóvenes de
textos socialmente directos, “trovando” con su guitarra
nuevas ideas sin olvidar la memoria de aquellas
canciones de finales del siglo XIX, de Sindo, Corona,
Rosendo Ruiz; con las inflexiones vocales de una María
Teresa Vera, pero con sus voces actuales elevadas a un
nuevo mensaje. De ese núcleo primario surgió otro con la
colaboración genial de Leo Brouwer, el joven y eminente
compositor y guitarrista que reunió al Grupo de
Experimentación Sonora del ICAIC.
Ya en los mismos 60 comenzamos a disfrutar de la calidad
de los estudiantes y profesores de las Escuelas
Nacionales de Arte participando de una música que supera
en calidad muchas manifestaciones anteriores, sin
descuidar que los creadores e intérpretes de entonces
se debían también a la labor antecedente de sus
profesores, que aún estaban en condiciones de participar
como intérpretes.
Mirar a los 60 nos producirá la nostalgia del recuerdo
de los que faltan, que no los olvidamos. Aquí están los
relevos, los pinos nuevos que están llevando nuestra
música a los más altos niveles internacionales. Orquesta
Filarmónica de jóvenes dirigida por un joven fundador,
testigo de los 60 interpretará música de compositores de
aquella década luminosa, entonces él era un joven
director. Cantantes líricos jóvenes cantarán a la
perennidad de nuestra música nacional y a la que en
aquel momento era novedad en recuerdo de los iniciadores
que ahora los escuchan. Los graduados de las Escuelas de
Arte que participan en nuestros conjuntos actuales
bailarán en recuerdo y homenaje de Nieves Fresneda y
Merceditas Valdés, de Gerardo Lastra y Santiago
Alfonso; los jóvenes trovadores y poetas nos traerán al
presente las controversias de Ángel Valiente y el Indio
Naborí o las de Justo Vega y Adolfo Alfonso. Aquí están
Celina González y Radeúnda Lima para escuchar a sus
discípulas intérpretes de la nueva edad de oro de la
música campesina, con los laúdes y guitarras de los que
son graduados de las Escuelas de Música.
El sector de la música bailable, tan importante en
aquella década con los “combos”, las “descargas”, las
programaciones de clubes, cabarets, radio y televisión,
se enriquecen ahora con la dirección de uno de los más
eruditos instrumentistas, compositor y director de
conjuntos y espectáculos, quien seguramente superará
aquella imagen con la calidad de los músicos que hoy
integran conjuntos semejantes para este empeño nuestro
de tornar a los 60. Esta es una oportunidad de rememorar
y robustecer un momento cultural inolvidable, de
reconocer el significativo cambio social que produjo
aquella explosión de buena música, las oportunidades de
participar en estrenos de obras imperecederas que se
hicieron una hermosa realidad por el programa cultural
que se cumplía. Fue una década de cambios y de nuevas
realizaciones que hoy significa el ser el frente, el
inicio, el brote de un torrente de hechos que
consolidan la universalidad y la identidad de la música
cubana.
Aquí está el feeling, testigo de época, la
imprescindible presencia de José Antonio Méndez, Aida
Diestro, Elena y Moraima, Froilán y Frank Emilio, los
cuartetos armónicos como Los Zafiros, los “bolerotes”
y el recuerdo de Lino Borges, de Tejedor, de Clara y
Mario; el combo de Senén Suárez, de Carlos Puebla y sus
Tradicionales.
En esta memoria están también los grupos de descarga de
Chico O’ Farril, con Peruchin, piano, Emilio Peñalver,
saxo tenor, Osvaldo Rodríguez, saxo alto, Tata Güines,
tumba, Richard Egües, flauta; otros combos con Bebo
Valdés, Israel López, la trompeta de El Negro Vivar,
cuentan con la presencia actual de sus seguidores
veteranos y jóvenes. El recuerdo de la etapa culminante
de Benny Moré, Pacho Alonso, Pello el Afrocán; la
Orquesta Arcaño y sus Maravillas, los Conjuntos Casino,
Roberto Faz, Chappottin y sus Estrellas con Miguelito
Cuní tienen artistas jóvenes que los honran.
Las Escuelas de Arte han graduado una pléyade de
solistas instrumentistas y cantantes que prestigian hoy
nuestros conciertos líricos y honran la memoria siempre
presente del teatro lírico y la sala de conciertos que
merecieron nuestros elogios en un pasado cercano. |