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PARA ALCANZAR LA LUCIDEZ SUFICIENTE*
De
la Revolución no espero nada más que las cosas positivas
en todos los terrenos, incluyendo el terreno del arte y
considero que solo con la Revolución hemos encontrado
todos los que tenemos necesidad de expresarnos,
la posibilidad de decirlo con
absoluta libertad ante todo nuestro pueblo.
Alfredo
Guevara Valdés |
La Habana
Yo voy a remitirme,
para comenzar esta intervención, a las primeras palabras
que se dijeron en esta reunión. La primera referencia
que se hizo en líneas generales sobre los diversos
problemas que nos preocupan, sobre los problemas ligados
a las manifestaciones artísticas, fue una referencia
sobre la crítica, específicamente sobre la crítica
musical. Yo creo que a partir del problema de la
crítica, que es un problema que no solo en el campo de
la música, sino en todos los campos, es un problema y
que lo ha sido particularmente durante muchos meses y
casi puede decirse durante casi todo el tiempo, durante
los dos años y medio después del triunfo de la
Revolución, creo que a partir del análisis de lo que ha
sido la crítica, de lo que puede ser la crítica, cómo
puede ser la crítica, cómo puede ayudar la crítica y
cómo puede perjudicar la crítica, a través de la
valoración de en manos de quién ha estado la crítica, y
qué papel ha jugado la crítica en manos de quienes ha
estado, nosotros podemos hacer una pequeña contribución
al dilucidar algunos de los problemas que nos preocupan.
Yo quiero aclarar, desde luego, que no soy de los que
tienen temores, de la Revolución no espero nada más que
las cosas positivas en todos los terrenos, incluyendo el
terreno del arte, incluyendo el terreno de la creación,
y considero que solo con la Revolución hemos encontrado
todos los que tenemos necesidad de expresarnos, todos
los que tenemos algo que decir, todos los que queremos
decir algo hemos encontrado la posibilidad de decirlo,
de decirlo con absoluta libertad, y de decirlo no en un
pequeño núcleo de burgueses o de aficionados, sino de
decirlo ante todo nuestro pueblo, al más amplio público,
al público que corresponde a toda la nación. Porque el
triunfo revolucionario es el reencuentro de toda la
nación con sus propios fines o por lo menos es así como
yo lo entiendo especialmente para los artistas.
Decía que a partir de
un análisis de lo que ha sido la crítica y de cómo se
han manifestado los críticos, podía encontrar o podíamos
contribuir a esclarecer desde nuestro punto de vista
algunos de los problemas de la cultura cubana.
En el caso de la
crítica cinematográfica, que por supuesto es aquella a
la cual hemos prestado la mayor atención, y además hay
que reconocerlo, salvo en el caso de la crítica musical
apenas ha habido críticas en Cuba después del triunfo de
la Revolución, había antes del triunfo una crítica
rimbombante, vacía, fácil de elogios de tipo social,
parecía una crónica social siempre en otros campos,
especialmente en el campo de las artes plásticas. Todo
eso por suerte desapareció. Desde mi punto de vista creo
que un crítico no puede dejar de trabajar a partir de
sus posiciones subjetivas, y creo que también, y creo
que es lo más importante, y creo que es el gran bache
que tiene parte del campo de la crítica, la crítica
misma, creo que no se puede hacer crítica ni
cinematográfica, ni sobre ningún arte, si no se tiene
ante todo una lucidez, si no se tiene una posición
filosófica, si no se tiene un punto de vista sobre los
problemas de la humanidad, sobre los problemas del
mundo, sobre los problemas del arte y que ese punto de
vista no puede ser ninguna otra cosa que un punto de
vista filosófico. Esto ha sido válido siempre. Ha sido
válido desde el triunfo de la Revolución, antes del
triunfo de la Revolución en este siglo, en los siglos
anteriores y lo será siempre, porque un hombre no puede
juzgar y un hombre no puede tener una posición sobre
obras de arte si no tiene una posición frente a la vida,
frente al mundo y frente a las ideas. El material con
que trabajamos son las ideas y son las imágenes, y para
interpretar el valor de las ideas y el valor de las
imágenes si no tenemos un punto de vista filosófico, un
punto de partida, malamente podemos establecer un juicio
sobre las cosas, ni contribuir ni lograr que ese juicio
sea una contribución al esclarecimiento a los problemas
del arte, a los problemas de la cultura o de
cualesquiera problemas inclusive. Pero, ¿cuál ha sido la
situación de la crítica en nuestro país? La situación de
la crítica en nuestro país, como algunos dijeron, la
crítica fácil, la crítica a partir de las posiciones
estrictamente subjetivas, no rechazables por tales, sino
rechazables en cuanto incompletas.
Esto ha dañado
seriamente, por ejemplo, al cine. Yo no creo, aunque me
referiré después a nuestras películas y a nuestro
trabajo en el Instituto del Cine, yo no creo que sea
tarea mía o de otros compañeros de la dirección del
Instituto, hacer una defensa de un posible talento en
nosotros o la crítica de la falta de ese talento, pero
lo cierto es que al Instituto del Cine no puede negarse
una absoluta honradez política, una absoluta honestidad
ideológica, y una absoluta seriedad, creo que la mejor
prueba de esa seriedad está justamente en el hecho de
que nos hemos planteado como tarea primordial, antes de
lanzarnos a ningún trabajo, el encontrar una explicación
de por qué trabajamos, de para qué trabajamos, sobre el
material con que trabajamos, sobre la situación del
público y, desde luego, tomando en cuenta el contexto
histórico y la progresión del proceso histórico cubano
en el cual nos toca realizar nuestro trabajo.
Se ha dicho aquí que
la crítica cinematográfica ha tomado muy en cuenta que
el Instituto del Cine es un Organismo de la Revolución y
que en atención a ello ha tenido un trato especial. Yo
creo que si ese trato especial está basado en la
hipocresía y en la mentira, mal favor se ha hecho el
público cubano y mal favor le ha hecho al Instituto del
Cine. En e Instituto del Cine ni nuestro público, ni el
Gobierno Revolucionario, ni la Revolución en su
conjunto, necesitan de la deshonestidad y la hipocresía
como puntal de su trabajo. Por el contrario, el
Instituto del Cine, cada uno de los realizadores y de
los organizadores que trabajamos en el Instituto del
Cine, el Gobierno Revolucionario, nuestro público y la
Revolución misma, necesitan de la crítica, necesitan de
la crítica del análisis constructivo, del análisis
basado a partir de posiciones filosóficas, de posiciones
estéticas serias. Por supuesto, que el favor que se nos
ha hecho y que no agradecemos es el de no atacarnos en
el terreno personal a determinadas gentes o determinadas
obras, si el favor que se nos ha hecho y que no
agradecemos parte del punto de vista de que podría
habérsenos hecho daño, habérsenos hecho bien. Claro, que
entonces no tiene igual significación, aunque ratifico
no creo que sea cosa que agradecer. Pero lo cierto es
que la crítica cinematográfica casi sin excepciones ha
sido una crítica muy débil, ha sido una crítica muy
pobre, ha sido una crítica no ya en lo que concierne a
los trabajos realizados por el Instituto del Cine, sino
en general, ha sido una obra —francamente— mediocre.
Si la crítica
cinematográfica, o algunos críticos cinematográficos,
han abordado los problemas del cine con una cierta
tolerancia para el Instituto, lo cierto es que el
Instituto no ha abordado la tarea de los críticos de
cine con igual tolerancia y en la revista Cine
Cubano, y en entrevistas y trabajos de diversos
compañeros, y también personales míos, hemos abordado el
problema de la crítica cinematográfica con toda
franqueza, con toda lealtad, con toda honestidad, sin
hipocresía, sin consideraciones absurdas, y también, con
gran respeto y desde una posición constructiva. Es
decir, hemos tratado de explicar qué es lo que se
esperaba de la crítica cinematográfica y qué es lo que
debía ser la crítica cinematográfica en cualquier país,
pero muy particularmente en un país en Revolución, y en
un país en el cual uno de los instrumentos fundamentales
del imperialismo le había sido arrebatado de las manos,
había sido restituido al pueblo y progresivamente iba
convirtiéndose en un instrumento de la Revolución.
En todos esos
trabajos y en nuestras revistas, que son los
instrumentos de presión ideológica directa del Instituto
del Cine, nosotros hemos planteado la necesidad que los
críticos cinematográficos y la crítica cinematográfica
fueran por encima de toda una crítica basada en un
conocimiento pleno, total, profundo, de la técnica
cinematográfica; que estuviera basada en una verdadera
cultura, no ya en el terreno cinematográfico, sino en
todos los terrenos, una cultura rica, variada, que no
ignorara nada, ni siquiera las posiciones reaccionarias
ante el arte, o las posiciones que pudieran no ser las
más favorables al desarrollo del arte cinematográfico en
nuestro país, y además, que se partiera de una posición
filosófica lúcida, de una posición estética y de un
método de análisis que pudiera a su vez ser sometido a
análisis, a críticas, y a estudio. Porque de lo
contrario, la crítica cinematográfica no era nada más
que la expresión de los humores de Néstor Almendros,
Guillermo Cabrera Infante, de Fausto Canel o de
cualquiera otra persona. Eso es lo único que pedíamos y
es esa nuestra posición ideológica frente a la crítica,
y por supuesto la crítica cinematográfica, ni con un
profundo conocimiento de la técnica, ni a base de una
gran cultura, ni partiendo de una posición filosófica
muy clara, muy diáfana, muy lúcida, podrá ser efectiva,
si no parte también del conocimiento pleno del contexto
histórico en el cual se ha de producir la crítica, y si
no se conoce muy bien al público al cual se dirige y a
los especialistas con los cuales está discutiendo y a
los cuales está tratando de ayudar. Porque la crítica
aun cuando le toque ser negativa se supone que es una
ayuda al creador y una ayuda al público. Por supuesto
que no ignoramos, ni creemos que debe eliminarse una
crítica más especializada, más compleja, una crítica,
inclusive, que por el grado de especialización resulte
de hecho y no porque sea un objetivo de ella más
hermética, creemos que desde luego, en revistas de alta
especialización —desgraciadamente en Cuba no las tenemos
aún, pero existen en otros países del mundo—, y algún
día seguramente podremos tenerla nosotros según se
desarrollen cuadros y nos desarrollemos nosotros mismos
—nosotros mismos, la gente que trabaja en el cine,
quiero decir—, llegaremos a tener seguramente revistas
de alta especialización en las cuales los materiales que
se publiquen serán de hecho acaso más herméticos, no
como un objetivo, según he dicho, pero por su alto grado
de especialización lo será. Pero me estoy refiriendo
básicamente a la crítica de las revistas, a la crítica
de los periódicos. Durante un cierto tiempo toda la
crítica de las revistas y los periódicos ha estado en
manos de un grupo muy definido, desde el punto de vista
artístico, desde el punto de vista filosófico, desde el
punto de vista estético. Esto "muy definido" no
significa, en mi opinión, expreso mi opinión personal,
no significa que pueda descubrirse en las posiciones de
los compañeros Y que han ejercido una tarea tan delicada
como es la de la crítica, una posición filosófica, una
posición estética coherente. A través de las críticas de
esos compañeros hemos encontrado, se ha podido ver, a
través de los años cómo se cambia de la defensa de
escuelas y tendencias y posiciones estéticas, según
cambian las modas europeas, especialmente, y según
cambian también algunas veces las modas de las revistas
de crítica literaria y de crítica cinematográfica
ligadas a los grupos —debemos subrayarlos— más avanzados
de la cultura norteamericana, pero yo creo, francamente,
que no se puede encontrar a través de un análisis de las
posiciones de la crítica cinematográfica y de la crítica
en general ejercida por el grupo de compañeros que se
alinea en Lunes de Revolución, y que ha ejercido
en casi todos los periódicos habaneros, y que ha
dominado la crítica en casi todos los periódicos
habaneros, no se puede encontrar una línea coherente.
Sin embargo, si bien en el punto de vista filosófico y
estético, desde el punto de vista estético no se puede
encontrar esa línea coherente o no la he logrado
encontrar yo, y no la hemos logrado encontrar otros
compañeros, sí hemos podido encontrar como toda la
crítica ejercida a través de los diversos medios de
información y que en definitiva en alguna medida son
también medios de información, sí hemos podido encontrar
como constantemente, sistemáticamente, y aun cuando no
forme parte ello de una conspiración, y es eso lo que
pretendo decir, cómo sistemáticamente se desvía la
atención de nuestro público, de nuestro pueblo, que
crece en ese mismo momento en sus concepciones
políticas, en sus concepciones ideológicas del mundo,
como se desvía constantemente de un análisis más
metódico, más profundo, más exacto, y más cercano, a las
posiciones del socialismo de lo que ellos van haciendo.
Esta adhesión a todas
las modas y esta ligereza en el análisis crítico ha
traído como consecuencia que en el campo del cine
durante muchos meses, principalmente en el primer
período de la Revolución, cuando muchas cosas no se
podían ver con la lucidez con que ahora pueden verse, y
eso es justo reconocerlo, y también en la misma época en
que muchas cosas no se podían decir con la misma
claridad con que ahora se pueden decir porque la
situación internacional de nuestro país y el nivel
alcanzado por nuestra Revolución y el nivel de
comprensión del gran público, de nuestro pueblo, no
había sido alertado hasta el punto en que ha sido
alertado, estos jóvenes críticos iban haciendo un
trabajo a través del cual encontrábamos constantemente
la defensa del cine norteamericano, no —digo— la defensa
del cine norteamericano en el cowboy, ni de
películas de gangster, o de películas francamente
reaccionarias, pero sí del descubrimiento constante de
pequeños valores en todas las películas, de pequeños
valores que no dejaban de existir, pero que no tenían
una significación real, ni era el plantearlo ni llevarlo
a un primer plano un aporte al desarrollo de la
conciencia revolucionaria, de la conciencia ideológica
de nuestro pueblo, ni de la lucidez ideológica de
nuestro público, para comprender la significación del
cine norteamericano dominado por el imperialismo, no
encontrábamos un trabajo de dilucidación, sino
básicamente, encontrábamos un trabajo de confusión. A
través de todo ese período en los meses que siguieron y
aun en los meses que corren, y aun en las semanas que
corren, toda esa crítica si bien se ha alejado de las
posiciones de defensa y de exaltación, y de apología de
pequeñas cosas y cosillas del cine norteamericano, esa
misma crítica pasó entonces a la defensa de las
posiciones formales de la nueva ola francesa.
¿Significa esto que los compañeros que formamos parte de
la dirección del Instituto del Cine, que yo
individualmente o que otros compañeros, que comparten
nuestras posiciones, rechazan automáticamente,
mecánicamente, dogmáticamente las posiciones de la
nueva ola francesa o el aporte artístico-técnico que
ofrecen los realizadores del cine francés? No. Nosotros
creemos que efectivamente hay muchas cosas que
aprovechar en toda la experimentación formal y
expresiva, aun en algunos aspectos del contenido de los
realizadores de la nueva ola francesa , pero
cuando el trabajo crítico que también nos toca realizar
a nosotros, los avances de la Revolución, el trabajo
crítico de otras figuras y el trabajo crítico en general
que se produce en todo el mundo alrededor del
florecimiento de la nueva ola hace un tanto
obsoleta la defensa de esas posiciones, como posiciones
que puedan ser el camino de la Revolución en el campo
del cine, automáticamente surgen nuevas posiciones y
vemos inmediatamente cómo el free-cinema se
convierte en !a bandera, en el arma de batalla del grupo
críticos a que me estoy refiriendo. ¿Significa esto que
el Instituto del Cine, los compañeros que comparten mi
opinión, yo mismo u otras personas que no suscriben las
posiciones de ese grupo de críticos, rechazan
automática, mecánica, dogmáticamente, las posiciones del
free-cinema? No, como el caso de la nueva ola
creemos que el free-cinema está en condiciones,
aun ahora de aportar cosas muy interesantes y no solo a
través de la utilización de los medios mecánicos del
instrumental de trabajo del cineasta, sino incluso como
experimentación en el campo de la expresión
cinematográfica, pero, llegamos al socialismo y se
proclama el socialismo en nuestro país y entonces se
encuentra de nuevo otra fórmula para alejarnos del
análisis a fondo de las posiciones del cineasta, del
crítico, y del público, y encontramos inmediatamente
cómo el grupo de críticos a que hago referencias
descubre con toda rapidez el cine polaco, y el cine
polaco se convierte entonces en otra de las banderas de
batalla del grupo de críticos y del grupo intelectual
que aúna sus fuerzas en Lunes de Revolución. Y el
cine polaco tiene también muchas cosas que ofrecernos,
tenemos cosas que aprender seguramente del cine polaco,
tenemos muchas cosas que aprender de las experiencias
concretas de cineastas polacos, pero da la casualidad
que el cine polaco y todo el movimiento intelectual
polaco ha sufrido el impacto del choque violento que se
produjo en la Polonia contemporánea alrededor de los
problemas políticos y de los acontecimientos históricos
de Hungría, que tuvieron parte de sus manifestaciones en
el caso de Polonia, y aún hoy muchos de los conflictos
intelectuales de la intelectualidad polaca, que
indiscutiblemente será interesantísimo estudiar, que
indiscutiblemente será interesantísimo conocer, y que
estoy seguro que ni los que lo defienden ni los que no
lo defienden en las posiciones actuales de la
cinematografía polaca los conocemos a fondo, porque no
tenemos suficiente información sobre su problemática y
sobre el contexto histórico, sobre el contexto actual en
el cual se producen las manifestaciones sociales de la
cinematografía polaca, a pesar de ellos se convierte el
cine polaco en la bandera de ese grupo de críticos.
Ahora da la casualidad que lo que jamás pasa en las
páginas de Lunes de Revolución y en el
periódico Revolución en el terreno crítico es que
defienden el cine socialista que tuvo su primera
experiencia en la Unión Soviética. Esto a mí no me
extraña. A mí no me extraña porque el punto de partida
de un socialista es el marxismo-leninismo, y porque si
el marxismo
―leninismo no
es el campo de estudio, si no reconocemos el deber de
estudiar las posiciones filosóficas y el método de
análisis del marxismo-leninismo todos los intelectuales
cubanos en este momento— no voy hablar del pasado , en
este momento nosotros no podemos alcanzar la lucidez
suficiente para tener siquiera la discusión que estamos
teniendo, no en el campo de la crítica cinematográfica,
sino en ningún campo; lo cierto es que en nuestro país
se ha proclamado el socialismo, y lo cierto es que de
nuestro país se han ido mucha gente para Miami, y lo
cierto es que se irán muchas más, y lo cierto es que
muchas se quedarán, y lo cierto es que muchas que están
confundidas, cuando se estudien a fondo los problemas
filosóficos que tenemos la obligación de estudiar
encontrarán la lucidez que no han encontrado, y lo
cierto es también que otros descubrirán que empiezan a
estar con la Revolución y que este es un proceso
inevitable, porque si un campesino puede no estudiar a
Marx, Engels, o a Lenin, lo cierto es que el intelectual
no se puede permitir el lujo por la razón muy sencilla
de que el material con el cual nos toca trabajar es
justamente el material de reflexión, la idea y la
imagen, yo creo que hemos arribado al verdadero
problema. El verdadero problema es que tenemos todos,
absolutamente todos, que estudiar con mucha más humildad
la filosofía que informa la cosmovisión del mundo
socialista. Yo me digo, después de la Primera
Guerra Mundial y después de la proclamación del primer
país socialista del mundo automáticamente este hecho se
convirtió en una necesidad absoluta, se convirtió en una
necesidad absoluta porque no es posible vivir en el
mundo contemporáneo sin estudiar a fondo, sin conocer a
fondo las posiciones filosóficas del marxismo-leninismo,
y porque no es posible juzgar las posiciones propias, ni
las posiciones antagónicas, ni las posiciones
diferenciadas de las ideas propias sin conocer a fondo
la filosofía del marxismo-leninismo. Esto era válido
desde entonces, pero esto fue válido con mucha más
fuerza a partir del establecimiento del socialismo en
prácticamente la mitad del mundo. Yo considero, creo,
que esta es una cosa bien evidente, que no es posible
ser intelectual del mundo contemporáneo, que no es
posible ser una gente inquieta por los problemas de la
cultura del mundo contemporáneo, sabiendo que la mitad
del mundo se construye sobre las bases de una filosofía.
Pero si esto era válido desde el establecimiento, es
irrefutable a partir de la conversión de la mitad del
mundo, el mundo del socialismo, lo cierto es que después
de la proclamación de nuestra Revolución como una
Revolución socialista, no puede haber ni crítica ni
posición honesta y seria de un intelectual que no parta
del conocimiento profundo y serio de las posiciones
marxista-leninistas. Ahora bien, el conocimiento
profundo y serio de las posiciones del
marxismo-leninismo no es ni siquiera una necesidad que
se plantea como la obligación de la aceptación de esas
posiciones. Lo que no se puede es discutir sobre
los problemas del arte, no se puede discutir sobre los
problemas de la cultura contemporánea sin partir de esa
base, creo que en líneas generales muchos de los
problemas que se han planteado hubieran podido ser
dilucidados de una manera mucho más fructífera, y
hubieran podido discutirse de una manera mucho más
correcta, si hubiéramos podido discutir las obras de
arte a las que nos hemos referido en diversos momentos y
al trabajo artístico en general, a partir de un
método de análisis de esas obras de arte y a partir de
un método de análisis de la realidad en que se producen
esas obras de arte. Lo cierto es, sin embargo, que el
trabajo del movimiento crítico en todos los campos, y
particularmente en el campo del cine, no ha tenido estas
características, por eso y porque todas estas
diferencias de posición, todas estas diferencias de
análisis en cuanto a muchas cuestiones déla vida
política, de la vida artística, y de la vida de la
cultura, no han hecho posible hasta ahora que
planteáramos estas cosas con la gravedad que se están
planteando en esta reunión, con la tensión que se están
planteando en esta reunión, ha traído como consecuencia
que se produjera un divorcio evidente e innegable entre
la actividad del organismo dedicado a la creación del
aparato cinematográfico que exprese a la Revolución y la
crítica cinematográfica y los medios de
información que expresaba y a través de los cuales se
suponía manifestado el espíritu y la ideología de la
Revolución.
Esto ha traído como
consecuencia que mientras el Instituto del Cine y sus
tareas marchaban en una dirección, la crítica marchaba
en otra. No pretendo al decir esto que la crítica
tuviera que estar absolutamente sujeta al trabajo del
Instituto del Cine. Por ejemplo, aquí se encuentra el
Doctor Valdés Rodríguez. El Doctor Valdés Rodríguez no
hizo ninguna crítica sobre las películas de largometraje
realizadas por el Instituto del Cine que pudiera
considerarse una crítica positiva en absoluto. No creo
que el Doctor Valdés Rodríguez haya recibido de nosotros
ninguna frialdad, ni ninguna queja ni cosa parecida.
¿Por qué? Porque esa crítica tenía valores
constructivos, nos hacía críticas, nos reconocía
valores, nos trataba de ayudar. No es el caso de
hacer una crítica de la crítica del Doctor Valdés
Rodríguez, pero a nosotros no nos produjo ninguna
inquietud que se nos hiciera una serie de reparos sobre
los problemas planteados por las películas en cuestión.
Esto pudo haber pasado bien en la crítica que se
manifestaba a través de los medios de información
controlados por el grupo que se une y se expresa a
través de Lunes de Revolución, pero lo cierto es
que mientras el Instituto del Cine perseguía toda una
serie de objetivos, la crítica perseguía objetivos
diversos, y si bien yo rechazo la idea de que pudiera
haber problemas personales, yo sí subrayo que había
problemas ideológicos, que había diferencias entre
algunos de los compañeros de la dirección del Instituto
del Cine, y por qué no decirlo también, sobre muchos de
los problemas políticos, sobre la progresión, sobre la
Revolución cubana. Yo puedo atreverme a decir con
orgullo, y creo que si bien no es el caso que haga una
defensa de las películas realizadas por el Instituto del
Cine desde el punto de vista de su valoración artística,
yo me atrevo a decir con orgullo que el Instituto del
Cine no ha filmado hasta hoy un fotograma, que no ha
filmado hasta hoy una secuencia, que no ha filmado hasta
hoy un documental, un noticiero, una enciclopedia
popular, o una película, que no haya tenido por
intención, y que no haya tenido en alguna medida, por
logro, la defensa de la Revolución cubana. Y me atrevo a
decir con orgullo también que cada secuencia, cada
fotograma, cada documental, cada noticiero y cada
película del Instituto del Cine además ha tenido la
virtud de no defender jamás, y de no hacer la exaltación
jamás, ni de aquellas gentes que minaban desde dentro de
la Revolución la Revolución, ni de las posiciones
ideológicas que se manifestaban a través de esas gentes.
Yo creo, compañeros, que esa es una pequeña virtud que
todos estarán de acuerdo en reconocernos.
Sobre las películas
Historias de la Revolución y Cuba baila las dos
películas a que se ha hecho referencia, porque los
documentales —a pesar de haber obtenido algunos premios
en festivales internacionales— no son más que
propaganda, propaganda de la Revolución subrayo, y creo
que parece ser que todo lo que tiene un contenido
revolucionario es propaganda, y si todo lo que tiene un
contenido revolucionario es propaganda, orgullosos nos
sentimos de ser propagandistas, pretendemos que nuestra
propaganda, la propaganda que hacemos a través de los
documentales y de las películas y de los noticieros y de
todas las formas a través de las cuales nos expresamos,
sea una propaganda que tenga un valor artístico, una
intención artística y me referiré después a ello, y a
algunos aspectos de nuestras limitaciones y nuestros
logros.
Sobre la película
Historias de la Revolución y sobre Cuba baila,
solamente quiero decir lo siguiente: ambas películas
tienen una intención, las dos películas tienen intención
diversa, ninguna de las dos películas plantea la
apología de aspectos negativos de la realidad tal y cual
se ha dicho aquí. Es posible que nosotros no hallamos
logrado, que los realizadores no hayan logrado expresar
con suficiente fuerza, con suficiente belleza, con
suficiente lucidez artística, aquellas cosas que fueron
su intención. Sin embargo, si estoy seguro que no han
sido tan oscuros como para que no pueda comprenderse la
intención de análisis de la realidad que hay en ambas
películas. En la película Historias de la Revolución
se ha hecho referencia al cuento “El cobarde”
―el herido no—
en ese cuento se narra la historia de un hombre a cuya
puerta toca un grupo de revolucionarios que llevaban a
un herido y que piden se les dé cobija, en la casa. Este
hombre no encuentra el valor dentro de sí mismo porque
es un cobarde, porque no tiene conciencia política,
porque no ha alcanzado el nivel para comprender la
significación de ese momento en el país para proteger al
revolucionario herido ¿Pero narra el cuento la
exaltación de ese cobarde? No, el cuento pretende,
persigue presentar el nivel de conciencia en que se
encontraba ese cobarde en ese momento de la historia de
nuestro país. Son tres cuentos los que hacen en
Historias de la Revolución, el primer cuento
pretende presentar la reacción de un hombre que todavía
no entiende lo que está pasando y que no es capaz de
encontrar fuerzas, valor dentro de sí mismo para ayudar
a un revolucionario perseguido y herido. Esto sucedió
así, pero nosotros no queremos copiar la realidad
fotográficamente, sino que hemos tratado a través de
ella tipificar dos reacciones de la gente de La
Habana ante la Revolución, en los primeros momentos de
la Revolución. En esos primeros momentos de la
Revolución unos se incorporaban activamente, no
siempre con el mayor grado de conciencia, pero
activamente, y otros retrocedían, y otros no
comprendían, y algunos ayudaban, y unos ayudaban a
medias, etcétera. Esa era la situación de La Habana, ese
es el primer cuento. En el segundo cuento pretendimos
presentar ya la lucha armada de la Sierra Maestra y la
concepción de las relaciones humanas de compañerismo que
se producían entre los soldados rebeldes. En el tercer
cuento se pretendía ya presentar la lucha abierta y el
nivel de conciencia alcanzado por el pueblo, por toda la
población que se ligaba dentro de una ciudad, Santa
Clara, y juntos derrotaban al enemigo. La película
Historias de la Revolución no es una película
profunda. La película Historias de la Revolución
no pretendió adentrarse en los problemas ideológicos que
comporta una Revolución, porque cuando se hizo la
película Historias de la Revolución ni la
situación del país lo permitía, ni era posible de ningún
modo profundizar en el nivel en que podía profundizarse
después.
En el caso de la
película Cuba baila, es una sátira de las
ilusiones de la clase media, de gentes de la clase media
empeñadas en llevar una vida distinta, en llevar una
vida también falsa. Si no se ha logrado en ambas
películas profundizar lo suficientemente en la realidad
y manifestar estas intenciones con suficiente belleza,
con suficiente fuerza, y con suficiente lucidez, no
hemos tenido talento para hacerlo, pero no se nos puede
acusar y no podemos sino rechazar la acusación de que
hayamos tenido el mínimum de intención analítica en un
caso y una intención analítica en el otro, pero en uno y
otro caso hay algo más. En la primera película está la
Revolución, está la lucha revolucionaria y está la
exaltación del soldado revolucionario, está la
exaltación del combatiente. En la segunda película está
la crítica de la politiquería, y está la sátira bien o
mal lograda de las ilusiones de la gente. En fin, de la
clase media baja porque no llegan a ser pequeña
burguesía, las ilusiones pequeño-burguesas de gente de
un estrato que no correspondía a esa posición. En cuanto
a los documentales será bueno que yo haga —aunque
trataré de ser lo más breve posible— una referencia a
cómo surge el Instituto del Cine mientras en las artes
plásticas, en la música, en el cuento, en la novela, mal
que bien existían en Cuba representativos, y algunos muy
valiosos, en el cine no se podía decir lo mismo. Con el
Instituto del Cine nace la posibilidad de crear cine en
nuestro país, las cosas que se habían hecho antes eran
pequeñas, insignificantes artísticamente, y solo
saludables como manifestación del esfuerzo y del interés
de artistas cubanos en expresarse a través del arte de
mayor influencia masiva en nuestra época. ¿Quiénes son
los realizadores de documentales en nuestro Instituto
del Cine? Los realizadores de documentales en nuestro
Instituto del Cine son un grupo de jóvenes que con cada
uno de los documentales que han hecho, han hecho su
primer documental. Son un grupo de jóvenes que salvo la
excepción de dos o tres no habían hecho estudios
cinematográficos y que se han formado sobre la marcha.
¿Por qué hemos trabajado así? Hemos trabajado así porque
acaso la posición más cómoda hubiera sido la de ahora en
este semestre o con la entrada del año que viene haber
comenzado la industria del cine cubano después de un
período de dos años y medio o tres años de estudio, pero
es que la Revolución no se podía permitir ese lujo. La
Revolución necesitaba que a través del cine empezáramos
a expresar las verdades de la Revolución, y empezáramos
a divulgar los principios y las realizaciones de la
Revolución en nuestro país y en el mundo, y por eso con
una formación técnica mínima, empezamos a hacer cine
antes de ser verdaderos cineastas. Inclusive los que
tienen mayor formación en el Instituto no puede negarse
que somos aprendices de cine y que acaso ahora, cada uno
con dos o tres documentales y los directores de
largometrajes con una o dos películas cada uno, ahora es
que de veras inician su carrera en el terreno
profesional, considerado el profesionalismo como el
producto no solo del conocimiento y del estudio, sino
además de la práctica de la profesión que se ha adoptado
del arte a través de la cual nos queremos expresar. No
es esta la situación de los músicos cubanos, y no es
esta la situación de los pintores, ni de los escultores,
ni de la gente de teatro, ni de los escritores, porque
en Cuba hay una tradición literaria, una tradición
plástica, una tradición musical, y no hay, sin embargo,
una tradición cinematográfica, por demás ha sido
necesario que el progreso de avance de la Revolución
fuera permitiendo golpear abierta y decisivamente la
influencia del cine norteamericano y del imperialismo
norteamericano a través del cine sobre nuestro público.
Esto es..., que
nuestros realizadores son ahora, comienzan con su
segundo, tercer, su cuarto documental, en algunos casos,
su vida profesional, no obstante, los documentales que
han realizado han tenido éxito internacionalmente, en
algunos casos han tenido premios y han tenido la virtud
de ser un arma de la Revolución a través del mundo.
Sería muy fácil demostrar el interés del Ministerio de
Relaciones Exteriores en los materiales que nosotros
producimos.
Para el Instituto del
Cine ha sido su línea ir llevando progresivamente la
tarea de luchar contra la influencia cultural en el cine
del imperialismo norteamericano. Este destierro de la
influencia cultural nociva del imperialismo
norteamericano, de la presión deformadora del
imperialismo norteamericano, y por su dominio en los
medios de información, ha sido la tarea principal del
Instituto del Cine. Da la casualidad que es una de las
tareas principales que se propone el frente intelectual
tal y como se ha planteado en sus manifestaciones en
este momento. Nosotros sabemos que nuestro camino es
mucho más largo que el de otras artes, y nosotros no
pretendemos que con las primeras películas que hemos
realizado hayamos logrado una expresión auténticamente
nacional. ¿Pero es que en alguna ocasión hemos planteado
que era posible encontrar con nuestras primeras
películas esa expresión auténticamente nacional y de
lograr ese análisis profundo de la realidad? No,
nosotros siempre hemos dicho que justamente porque no
teníamos una tradición cinematográfica era necesario
hacer primero un repertorio, que lo sería de imágenes,
de experiencias, de luchas por penetrar la realidad y
por profundizar en ellas. y hemos dicho también e
informado todo el trabajo del Instituto del Cine, la
lucha porque cada uno de los partícipes en nuestro
trabajo fuera formándose en el conocimiento de todas las
escuelas, en el conocimiento de todas las tendencias, en
el conocimiento de toda la técnica, en el
enriquecimiento de su persona como trabajadores
intelectuales, con todos los recursos y con todo lo que
ha acumulado la humanidad a través de milenios. Porque
para un cineasta es necesario principalmente tener como
punto de partida no solo el conocimiento de la técnica y
de la tradición cinematográfica, sino el conocimiento
profundo de todas las formas de la cultura humana.
Si todo esto era
importante, si todo es válido, indiscutiblemente que
nada de esto puede lograrse a fondo si nosotros no
reconocemos además nuestra posición de creadores a
partir de los intereses de la fuerza ascendente de la
sociedad, en la historia mundial, y en la de nuestro
país. De nada serviría que se formaran los jóvenes
cineastas, que hicieran sus primeros documentales, y los
que han estudiado y tienen formación hicieran sus
películas, y que nosotros reconozcamos, y como hemos
reconocido antes, y como reconocemos ahora, nuestras
debilidades, nuestros problemas, el largo camino que
tenemos aún por recorrer, de nada serviría eso, de nada
serviría esa humildad en el planteamiento de los
problemas, si nosotros no tratamos además de encontrar
el camino de la expresión cubana, no solo bebiendo en
nuestras tradiciones, no solo reestudiando todo lo que
se ha creado anteriormente, no solo informándonos de lo
que han creado los pueblos a través del desarrollo de la
cultura de toda la humanidad por milenios, sino además
de todo eso nosotros no tratamos de descubrir cuál ha de
ser, puesto que hemos aceptado las posiciones de la
Revolución cubana, la posición, la relación, entre
nosotros, entre los creadores y la clase ascendente, la
clase que ha tomado el mando en Cuba tal y cual lo ha
proclamado la Revolución abierta, clara, lúcidamente.
¿Significa esto que nosotros creemos que es el
proletariado quien va a hacer las películas, quien va a
hacer los cuadros abstractos o realistas, o quien va a
escribir las novelas, o quien va a producir las obras
teatrales? No quiere decir esto, quiere decir esto que a
través de las Escuelas de Instructores de Arte, de los
círculos culturales, y a través de todos los
instrumentos por los que la Revolución está tratando de
ascender la cantera viva de nuestro pueblo al campo de
la cultura donde descubriremos como futuros cuadros
ahora jóvenes, ahora adolescentes, que un día tal vez
sean los genios de la expresión de nuestra cultura.
Quién sabe también, seguramente con mucha más lucidez,
una formación mucho más completa que la que hemos tenido
la oportunidad de darnos todos nosotros, para los cuales
la llegada a la cultura, al descubrimiento de la
cultura, y al manejo del instrumental de expresión
artística ha sido tan difícil por falta de
oportunidades, tal y cual era la situación de la
sociedad que acabamos de dejar atrás. Pero si bien ahora
no son ellos los que van a hacer el arte sino nosotros,
si bien no solo son ellos sino tampoco los obreros, los
campesinos, los que van a hacer las obras artísticas
sino nosotros, es cierto que con los cambios
estructurales de la sociedad cubana es necesario también
que nosotros nos asimilemos a las posiciones de la clase
ascendente, a las posiciones de los trabajadores, a las
posiciones del proletariado. ¿Pero cómo podemos nosotros
asimilarnos a esas posiciones? ¿Cómo podemos nosotros
sentarnos en la trinchera del proletariado en la
construcción de una nueva sociedad, de la sociedad
socialista sin abandonar las posiciones en las cuales
hemos sido educados nosotros y las generaciones que nos
precedieron? ¿Cómo podemos nosotros alcanzar la lucidez,
y cómo podemos armarnos en condiciones tales de poder
abordar los problemas de la cultura cubana de acuerdo
con las necesidades de la sociedad cubana contemporánea?
Si nosotros no empezamos por desterrar de nosotros
mismos la óptica del pequeño-burgués que nos informa
aún, eso es imprescindible. ¿Y cómo se han manifestado
ellos en la creación y en la crítica? Pues en la crítica
se han manifestado justamente a través de esas
posiciones subjetivas, y a través de esas posiciones
incoherentes que no son malas por ser subjetivas, sino
que son malas por ser incompletas, por no acompañar los
valores que puede aportar cada individuo y el matiz que
puede aportar cada individuo, la lucidez suficiente para
tomar el instrumental ideológico correcto para analizar
la obra de arte o para realizar la obra de arte. Se ha
hablado aquí de la libertad de expresión. ¿Cómo es
posible que proclamemos la necesidad de estudiar una
filosofía y de tomar como punto de partida un método de
análisis filosófico, y cómo es posible que planteemos
también la necesidad de incorporarse a las posiciones
del proletariado y de luchar con esa ideología y con ese
método a partir de las posiciones y de los intereses del
proletariado que son los intereses de la sociedad que
nace y que estamos construyendo sin liquidar la libertad
de expresión? ¿Pero es que la libertad de expresión es
la libertad de que las viejas posiciones reaccionarias
también se manifiesten? Esa no es la libertad de
expresión, la libertad de expresión será la libertad de
expresarnos a través de todos los géneros, de todos los
métodos, de todos los estilos, pero siempre a partir de
las posiciones de la sociedad que estamos creando. Pero
hay que declarar aquí, hay que esclarecer con toda
fuerza si lo que estamos planteando es el derecho y la
posibilidad a manifestarnos a través de todos los
géneros, a través de los estudios, a través de una serie
de recursos de la forma y de la técnica, ya través de la
personalidad y de la poética de cada artista, o si lo
que estamos planteando es el derecho a que se
manifiesten también las formas expresivas y los métodos
de análisis de la realidad y los métodos de penetración
en la realidad de la sociedad que acabamos de destruir,
cuyos restos todavía están entre nosotros en nuestra
sociedad en general y en el mundo de los intelectuales y
entre nosotros mismos para ceñirnos al frente al cual
estamos haciendo referencia. El método del realismo
socialista es el gran terror y yo me digo ¿se está
defendiendo la libertad o se está impidiendo la
libertad? Porque mientras existía en nuestro país —y yo
quiero decirlo con toda franqueza, pues así se ha
pedido— un terrorismo intelectual, mientras que el grupo
que, se expresa a través de Lunes de Revolución
se permitía el lujo de liquidar a todos aquellos que no
estuvieran de acuerdo con sus posiciones estéticas, se
permitía el lujo de aplastar a trabajadores de la
cultura que no estaban de acuerdo con ellos, y tal vez
eran inservibles inclusive para la Revolución —tal vez—,
pero que de todas maneras eran trabajadores de la
cultura y no lo hacían a través de un método de análisis
crítico, y no lo hacían a través de una crítica
constructiva, y no lo hacían tratando de ganarlos para
la Revolución y para las posiciones estéticas que
pudieran considerarse revolucionarias, sino que lo
hacían sencillamente como una capilla que aplastaba a
todo el que no perteneciera a esa capilla. Entonces
había libertad de creación. Pero cuando se crea un
frente de todos los intelectuales y cuando se plantean
las posiciones críticas a partir de métodos concretos
demostrables y analizables, cuando se plantea toda una
serie de cosas nuevas que permiten que afloren todas las
manifestaciones artísticas, todos los métodos de
expresión, todos los estilos, todos los géneros y
también todos los grupos que habían existido y todos los
intelectuales que individualmente habían hecho algo,
cuando se les trataba de ganar a todos para las
posiciones de la Revolución, cuando se acaba con los
métodos que impedían que en un teatro pudiera bailar
Alicia Alonso, y con los métodos que impedían que en una
revista que era de toda la Revolución no pudieran
trabajar o escribir determinados intelectuales, cuando
se logra una plataforma política común y cuando se trata
de encontrar a través del Congreso de Intelectuales una
plataforma mínima a través de la cual expresarnos,
entonces resulta que no hay libertad de expresión o que
la libertad de expresión entra en crisis. Uno de los
participantes en esta reunión se asombra de que Enrique
de la Osa, director de Bohemia haya dicho
—supongo que sea así—, haya dicho que el Señor Néstor
Almendros o algún otro crítico, que no iba a seguir
trabajando en la revista. Este es un problema que
indiscutiblemente es importante y que indiscutiblemente
merece atención, pero se asombró ese mismo intelectual,
ese mismo teatrista, se asustó cuando en Lunes de
Revolución fue sacado Adrián García Hernández, Jorge
Berroa y otras gentes porque no compartían las
posiciones, o porque no respondían automáticamente a las
posiciones de la dirección de Revolución y de
Lunes de Revolución, entonces ese intelectual no se
sintió aterrorizado, no se sintió en peligro la cultura.
Pero es que aquí escuchamos también en la reunión
anterior una frase que francamente es muy ilustrativa, a
través de esa frase se decía: que por toda La Habana se
dice que el Gobierno Revolucionario proclamará el 26 de
julio la cultura dirigida. ¿Pero es que toda La Habana
es la redacción de Revolución, y toda La Habana
es la casa particular de algunas personas, y toda La
Habana son dos o tres corrillos? Pero, compañeros, toda
La Habana es mucho más amplia, y toda La Habana tiene
mucha mayor lucidez sobre los fines, los métodos y los
objetivos del Gobierno Revolucionario, al que no le
interesa la cultura dirigida, pero sí creo que le
interesa que surja en nuestro país, potente y al
servicio del pueblo, una cultura inspirada en la
Revolución.
Ese es el gran
problema, el gran problema es que tenemos el terrorismo
intelectual de los stalinistas, y no sé cuál es el
terrorismo intelectual de los stalinistas, porque había
un terrorismo intelectual y muchos lo han sufrido y
muchos lo hemos sufrido.
A partir de este
somero análisis sobre el problema de la crítica creo que
han aflorado algunos de los problemas que se quería que
se discutieran aquí, pero que más que se quería que se
discutieran aquí era necesario discutir aquí. ¿El
Instituto del Cine es acaso una capilla en esta, una
discusión entre dos capillas; o lo que informa la
discusión en la cual estamos afrontando sea la discusión
de posiciones personales de los unos y de los otros? El
Instituto del Cine surgió con la participación, la
invitación de la dirección del Instituto del Cine, del
grupo de la dirección del Instituto del Cine, de la
mayor parte de los escritores, de la mayor parte de los
artistas que colaboran en Lunes de Revolución y
que han librado la batalla sobre PM , y que
forman parte del grupo que ha tenido esta manifestación
que yo he calificado de terrorismo intelectual con un
poco de caricatura, porque desde luego el terrorismo
intelectual se ejerce a fondo cuando se puede ejercer.
Lo cierto es que
Antón Arrufat, que Humberto Arenal, que Pablo Armando
Fernández, que Guillermo Cabrera Infante y no recuerdo a
otros, pero que Jaime Soriano, que Néstor Almendros, que
prácticamente todo el grupo que forma parte del grupo de
Lunes de Revolución, y muchos de los que ejercen
la crítica en los diversos medios de información que
representan al Gobierno Revolucionario y a la política
de la Revolución —que en mi opinión no la han
representado adecuadamente—, lo cierto es que todo ese
grupo tuvo la oportunidad de expresarse a través del
cine incorporándose al trabajo del Instituto del Cine.
Esto es lo cierto. Si se ha logrado y pervive y debemos
consolidar un frente único de los intelectuales
revolucionarios, si hemos logrado y si debemos tratar de
consolidar la unión de todos los intelectuales
revolucionarios al lado de la Revolución, lo cierto es
que cuando no las condiciones históricas, la situación
del país, la claridad con que se planteaban una serie de
problemas no habían alcanzado este nivel ya en el
Instituto del Cine, los compañeros que teníamos la
dirección del Instituto del Cine, y era el espíritu de
todos los compañeros del Instituto del Cine,
trabajábamos por ese frente llamando a todos a trabajar
en el Instituto del Cine. Pero, ¿llamábamos solamente a
los de Lunes de Revolución? No, llamábamos
también a los músicos, a casi todos los músicos, y en
cada uno de nuestros documentales, en cada una de
nuestras películas, está la inspiración y el trabajo de
un músico cubano, y está el asesoramiento de gente de
teatro, y está la presencia de escritores que no
solamente eran los de Lunes de Revolución, porque
no tuvimos ningún prejuicio por llamar a escritores
independientes que no formaban parte de ningún grupo, en
llamar a escritores de Orígenes, en llamar a
escritores de todas partes, ¿que tuvimos mala suerte?
También la tuvimos. Tuvimos tan mala suerte que casi
todos nos abandonaron, tuvimos tan mala suerte que casi
todos prefirieron expresarse a través de una capilla o
la mayor parte prefirió expresarse a través de una
capilla. Me refiero a los escritores de Lunes de
Revolución.
Pero quiero dejar
constancia aquí que la política del Instituto del Cine y
de la dirección del Instituto del Cine en su conjunto
fue una política de unidad, y que a la mano tendida se
respondió siempre con la mano alzada. ¿Pero esto empezó
ahora? No empezó ahora, tampoco, en algunos casos esto
empezó desde hace largo tiempo y no creo que sea
necesario hacer muy larga la historia, pero lo cierto es
que la política de unidad del grupo que dirige el
Instituto del Cine es una política de unidad que comenzó
con la Sociedad Cultural Nuestro Tiempo, y que
continuamos después en el Instituto del Cine y que
además estamos dispuestos a continuar siempre después de
esta discusión franca, de esta discusión abierta, en la
cual decimos todas las cosas que queremos llamar por su
nombre.
Yo quería decir dos
cosas para terminar: una sobre PM. Se ha hablado
del estilo, y se ha hablado del contenido de la
resolución del Instituto del Cine sobre PM. Lo
cierto es que PM no fue sometida a la
consideración de la Comisión de Estudio y Clasificación
de Películas porque el cine Dúplex o Rex se negaron a
ponerla si no tenían antes la autorización del Instituto
del Cine, la mejor prueba de ello es que antes había
sido presentada PM a través de un canal de
televisión. Es cierto que nosotros no tuvimos lucidez
suficiente para prever las consecuencias y
complicaciones que podía traer la prohibición de PM
, y que tal vez, no tomamos todas las medidas que se
debieron tomar para producir esa prohibición, cuya
corrección, desde mi punto de vista personal, ratifico
en la forma en que pudo haberse producido, pero no es
menos cierto tampoco que ahora y después de haber
defendido la película, y haber comprendido también que
no era tan defendible, y haber escogido el camino del
análisis del estilo de la prohibición, adoptado para la
prohibición; lo cierto es que el clima no era tan
favorable para tener esa discusión de análisis sobre la
necesidad de prohibirla, porque cuando con la película
PM se tomó la decisión de prohibirla, tres
minutos después —caricaturizo un poco—ya estaban los
realizadores de PM gritando en los pasillos del
Instituto que el Instituto era el BRAC. En un clima así
no es de esperarse que fuera muy fácil decir vamos a
reunirnos y analizar esto o cosa parecida. Ya en ese
momento se empezaba a decir que habíamos sacado a esos
compañeros del Instituto con milicianos con armas
largas, que desgraciadamente será bueno que se lo diga a
Fidel, en el Instituto no tenemos apenas armas para
hacer eso.
Ninguna de esas cosas
es cierta, por otra parte nosotros teníamos que ganar un
poco de tiempo, porque al producirse este incidente en
el que se gritaba que el Instituto del Cine era el BRAC,
comprendimos rápidamente, tardíamente también, que era
necesario que se abordara con mucho cuidado el
comunicado que haríamos. No creo que sea sano perdernos
en pequeños incidentes, pero lo cierto es que en última
instancia nuestra posición fue la de que la película
fuera sometida a las Organizaciones Revolucionarias, y
que las Organizaciones Revolucionarias de Masas podían
decidir sobre la película, ya que no estaba para muchos
clara la prohibición de la película, y lo cierto es
también que esa prohibición fue rechazada, y lo cierto
es también que no solo la ratificamos en una reunión del
Comité Gestor del Congreso de Escritores y Artistas,
sino que además ratificamos la proposición hecha por el
compañero García Espinosa de que nuestras películas sí
se exhiban a las Organizaciones Revolucionarias de Masas
y que ellas digan si tienen una intención crítica o no y
que se prohíban o no de acuerdo con esto.
A través de todo el
problema de PM es que surge, y creo que si es
importante, y es el último punto al que quiero hacer
referencia: es el estilo de trabajo entre los
intelectuales. Me interesa más hablar sobre el estilo de
trabajo de los intelectuales, aunque sea brevemente, que
hacer referencia al estilo, y discutir el estilo
adoptado en la prohibición de la película PM.
Creo, compañeros, que nosotros de ninguna manera podemos
seguir trabajando sobre la base de comidillas, de
chismes, de dimes y diretes que van de un grupo a otro y
de una gente a otra, y que si nosotros no hacemos saltar
estas discusiones y comidillas sobre pequeños hechos y
sobre grandes hechos y las convertimos en el análisis de
las posiciones ideológicas, estéticas que informan la
producción de cada una de las películas o de cualquier
obra de arte, nosotros no podremos sacar jamás
conclusiones. Por esto subrayo, cual dije al principio
al hablar sobre la crítica, que si no discutimos sobre
la base de posiciones filosóficas y de métodos y de
análisis de la penetración de la realidad, jamás
podremos de ningún modo sacar conclusiones, y que si
llegamos a esta reunión a dilucidar si Sabá Cabrera u
Osvaldo Jiménez tenían la razón o si la tenía la
dirección del Instituto o la Comisión de Estudio y
Clasificación de Películas, eso podrá ser sano en cierta
medida, y podrá ayudar, pero lo que no será ni una
contribución ni al Congreso, ni una contribución seria,
profunda, a dilucidar los problemas de la cultura
cubana; sin embargo, sí será una contribución, en mi
opinión, seria a dilucidar los problemas que tenemos el
sacar conclusiones sobre la necesidad de que nuestras
discusiones tengan el nivel ideológico y se arribe a
aquello que está detrás de cada una de las rencillas, de
las opiniones y de las cosillas.
Intervención en la reunión de Fidel
Castro con los intelectuales. Biblioteca Nacional José
Martí, La Habana, junio de 1961.
Tomado
de Guevara Alfredo: Revolución es lucidez,
pp.188-200, Ediciones ICAIC, La Habana, 1998, ISBN:
959-1739-01-4
En los días 16, 23 y 30 de
junio de 1961 se efectuaron, en la Ciudad de La Habana,
en el Salón de Actos de la Biblioteca Nacional,
reuniones en las que participaron las figuras más
representativas de la intelectualidad cubana. Artistas y
escritores discutieron y expusieron ampliamente sus
puntos de vista sobre distintos aspectos de la actividad
cultural y sobre los problemas relacionados con sus
posibilidades de creación, ante el presidente de la
República, Dr. Osvaldo Dorticós Torrado; el primer
ministro, Dr. Fidel Castro; el ministro de Educación,
Dr. Armando Hart; los miembros del Consejo Nacional de
Cultura, el presidente del Instituto Cubano de Arte e
Industria Cinematográfico, Alfredo Guevara Valdés, y
otras figuras representativas del Gobierno. |