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A LO CUBANO
Se
imponen ahora nuevos retos a nuestro rap. No dejarse
seducir por proposiciones de grosero mercantilismo y
cuidar con mucho celo un discurso radical, que se ha
ganado el derecho de expresar su desacuerdo con todo lo
que a escala individual o colectiva le afecta.
Bladimir
Zamora Céspedes |
La Habana
Rap cubano en La
Jiribilla
•
Hip Hop
•
Habana Hip Hop
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Grupo de rap Anónimo Consejo |
Ahora que está por desatarse el X Festival de Rap Habana
Hip Hop, se hacen propicias la memoria y la reflexión.
Traer a cuento aquellas fechas, todavía en los 80,
cuando no había estos eventos,
pero sí los gérmenes sin
concertar de los primeros cubanos atraídos por esta
música, que apareció por primera vez, como una bofetada,
en las calles del neoyorquino
barrio del
Bronx.
Lo más
natural fue que quienes se apegaran al rap, desde que
pudieron tener noticias aquí, fueran jóvenes inquietos
de los entornos marginales; y también es comprensible que
sus pioneras propuestas artísticas, no fueran
consideradas válidas por muchas personas e instituciones
de la cultura, que frecuentemente no caminan más allá de
lo convencional, y que no tienen en cuenta que la
auténtica música cubana se ha forjado en un constante
tomar y dar. Y
vale
subrayar muy especialmente
que ha establecido
un fecundo diálogo con los géneros norteamericanos.
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Cartel publicitario de la 7ma edición de rap cubano,
2001 |
La idea
original de hacer un festival de rap fue de Rodolfo
Rensoli secundado por Valexis Rivero. Sucedió en las
calles del reparto Bahía con mucho más entusiasmo que
recursos y con la aspiración de provocar el encuentro de
nuestros incipientes raperos. Para ello crearon lo que
llamaron Grupo 1. La segunda edición se celebró en el
Anfiteatro de Alamar, comunidad que se convirtió desde
ese momento en el sustento fundamental de este hecho
cultural, por la cantidad de grupos existentes allí y
las características de su entorno social. A partir del
cuarto festival tiene un importante papel el alamareño
Grupo Omni.
Ellos se han ocupado de la escenografía de
los espectáculos y de hacer, dado el carácter
competitivo del evento en aquellos momentos, los trofeos
en barro patinado
o madera del Premio “Crudo”.
El premio se
llamó así por la popularidad que ya había cobrado una
canción de Irak, un rapero de la localidad.
La canción decía: crudo, porque estoy en la calle y repetía
muchas veces más el adjetivo. Ya en esa oportunidad
participaron
en el festival algunos
grupos extranjeros.
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Dúo
Obsesión |
Las
primeras manifestaciones de rap en nuestro país tienen
un mimetismo, tanto en su textura
como en lo
musical
como en la
lírica de las composiciones, a partir de lo que les
había llegado de EE.UU. Transcurriendo la década del 90
y en medio de las severas condiciones del Período
Especial, cantaban, repitiendo el modelo
norteamericano, contra la violencia, el racismo y
cualquier otro tipo de exclusión.
En la
medida en
que
se fueron convirtiendo en un fenómeno de
palpable importancia, los festivales de rap, y el rap
mismo en su manifestación cotidiana, comenzó a ser
apoyado por las diferentes
instituciones y organización
culturales del país. Sin negar importancia a ninguna de
ellas, me parece justo significar el papel que desde muy
pronto empezó a jugar la Asociación Hermanos Saíz (AHS),
que desde su creación, tiene entre sus objetivos de
trabajo la atención
a
proyectos artísticos jóvenes de
elocuente calidad, que por diversas razones no son
fácilmente asimilados por otras entidades, como fue el
caso del rap.
La AHS
ha brindado y brinda el mayor apoyo a lo que ya se puede
llamar, el movimiento rapero cubano, respetando siempre
la voluntad de expresión de sus protagonistas, que desde
hace varios años han sido capaces de incorporar a sus
piezas referentes de los más importantes géneros de la
música cubana que los anteceden. Durante este período se
ha operado también una evolución trascendente de los
argumentos de sus canciones, que son explícitamente más
concernientes a nuestra realidad nacional, y al mismo
tiempo se ocupan de las más acuciantes problemáticas
universales de hoy, como es el peligro inminente de las
guerras desatadas, o por desatar, por interés del gobierno
norteamericano.
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A partir
del quinto festival se eliminó el carácter competitivo, y
en su séptima edición, que ya no es coordinada por Grupo
Uno,
se
establece
un comité organizador de mayor
amplitud, con la participación esencial de integrantes
de los más reconocidos grupos.
Es cuando
la celebración desborda
los lindes de Alamar. Esto fue y en alguna medida es
todavía, la preocupación de muchos alamareños,
quienes
consideraron el hecho como
la
voluntad
de despojarles de una criatura que habían hecho crecer
en su entorno.
En mi
opinión, es muy importante que esa comunidad mantenga su
condición de sede por excelencia de este acontecimiento
y, también, que los más diversos puntos de la capital sean
invadidos por los raperos. Esto ha sucedido en las
últimas ediciones, siempre con el apoyo de la AHS y las
direcciones de cultura de los diferentes territorios.
Otro hecho positivo a partir del séptimo festival, es
la
convergencia de los conciertos con otras actividades
que dan una dimensión más amplia de la cultura del Hip
Hop. Muestras de cine y video, exposiciones de artes
plásticas y un coloquio a partir de ponencias
previamente presentadas, que ya es reconocido por su
alto nivel teórico.
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La gente goza en
Alamar |
El X
Festival de Rap Habana Hip Hop, se produce cuando ya los
raperos tienen una agencia para proyectar su trabajo,
tanto en Cuba como en el extranjero. Poseen una revista
que les promociona y les brinda información
especializada, lo cual es de particular importancia,
tomando en cuenta que hace mucho rato el rap ha dejado
de ser un fenómeno capitalino. Junto a los principales
grupos de Ciudad de La Habana, a este evento concurren
diez agrupaciones del resto del país. Si a ello se suma
el anuncio de
conjuntos
de quince países, es lógico esperar una celebración de
gran repercusión.

Telmaris, rapera de ley |
Para el rap en Cuba han quedado atrás los tiempos de
incomprensiones e intolerancias esenciales, aunque
todavía quede un trecho de camino por recorrer en ese
sentido. Por la autenticidad de su trabajo y las
instituciones que les apoyan, han logrado una presencia
cada vez más grande en los escenarios de todas las
provincias, así como en la radio y la televisión.
Creo que la aparición de Orishas en nuestros medios y su
propia actuación en el patio, contribuyó al incremento
de esa aceptación.
Por cierto,
hablando de medios de divulgación, es ya un acto
recurrente que varios periódicos y revistas extranjeros,
casi desde el principio, se hayan interesado en
asistir a las presentaciones de rap, con marcada
intención de destacar el desencuentro entre los raperos
y la Revolución. Sus corresponsales suelen tomar para
sus crónicas, frases de sus canciones, que tomadas fuera
de contexto, dan la impresión de que lo único que les
interesa a estos jóvenes músicos es demostrarse al
margen, cuando en realidad en su conjunto transparentan
un amplio sentido de pertenencia con los mayores logros
y las inmensas aspiraciones nuestras. Y lo más
importante, aún cuando sus críticas no lleguen a ser lo
suficientemente certeras, o sean mal comprendidas,
cantan en plazas públicas y no son ni espiritual, ni
materialmente reprimidos.
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Grupo de rap TNT de
Santiago de Cuba
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Sin
embargo, ahora se imponen otros retos a nuestro rap. No
dejarse seducir por proposiciones de grosero
mercantilismo y cuidar con mucho celo un discurso
radical, que se ha ganado el derecho de expresar su
desacuerdo con todo lo que a escala individual o
colectiva le afecta. Es el único modo de mantenerse en
la vanguardia de nuestra música, e incluso,
de influir en
otras zonas de nuestra cultura, por su vocación de
expresar las más importantes necesidades de los
humildes. Y es también la razón más valiosa, por la cual
nuestro rap es respetado en los países de la región y
especialmente por músicos de EE.UU., que reconocen a
nuestro país
―la
Isla de las utopías, como afirma con emoción Alpidio
Alonso, presidente de la Asociación Hermanos Saíz―
como el escenario más propicio para esta manifestación
de la cultura, que es ahora mismo una de las armas
artísticas de más contundencia reivindicativa, a nivel
universal.
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