|
SANTA FE IV: LA NUEVA GUERRA FRÍA
Miguel
Bonasso |
Argentina
Hace 21 años, el Comité de Santa Fe guiaba la mano de
Ronald Reagan y su vicepresidente, George Bush padre. El
"think tank" ultraconservador vuelve ahora al poder de
la mano de Bush hijo y, en su cuarto documento, describe
un mundo lleno de "peligros".
Al calor del conservadurismo texano de George W. Bush,
regresó a la escena pública el influyente Comité de
Santa Fe, que propició una política exterior ultra dura
en tiempos de Ronald Reagan y George Bush padre. Ahora,
en el Documento de Santa Fe número 4, estos
intelectuales orgánicos del complejo militar-industrial
aconsejan enterrar las políticas "permisivas" y
"liberales" de Bill Clinton, a quien consideran casi un
"camarada de ruta" de los viejos y nuevos enemigos de
Washington. Entre los nuevos flagelos destacan los
chinos, la mafia rusa, el "narcoterrorismo" y, a nivel
continental, el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, a
quien etiquetan como "dictador castrista". Lo
inquietante de estas definiciones es que el "think tank"
de Santa Fe está integrado por militares, espías,
empresarios, diplomáticos y académicos estadounidenses
que han vivido y trabajado en Centro y Sudamérica y
tienen peso político.
Empezando por su líder, el general retirado Gordon
Sumner Jr., que presidió la Junta Interamericana de
Defensa, el Santa Fe I, de 1980, calificó al gobierno
del general Omar Torrijos como "dictadura nacionalista
de extrema izquierda" y el líder panameño perdió la
vida, poco después, en un accidente aéreo que nunca fue
investigado. Otro "marcado" por el Santa Fe I, el primer
mandatario de Ecuador Jaime Roldós, también se estrelló
con el avión presidencial. En el Santa Fe II (de 1988)
se decía textualmente: "El problema de Panamá deberá
estar resuelto antes de 1990". Lo estuvo: la invasión
norteamericana se produjo en diciembre de 1989. El Santa
Fe IV, que hoy adelanta Página/12, será presentado
dentro de pocos días en Buenos Aires, en un trabajo
crítico realizado por dos investigadores vinculados al
Polo Social del padre Luis Farinello: Beba Balvé y
Carlos Suárez.
Los desbordes diplomáticos de George W. Bush en su
reciente cónclave con los europeos demuestran que ha
leído bien el Santa Fe IV y se apresta a cambiar
drásticamente el estilo de su antecesor: "La presidencia
de Clinton deja un entorno de inestabilidad y
desestabilización potencial –en América latina y en el
mundo en general– que incidirá en la capacidad de
gobernar de la próxima presidencia norteamericana". Y no
sería descabellado imaginar que Bush coincida con Santa
Fe IV en la necesidad de tener siempre por delante un
buen enemigo externo. El Documento expresa esta
peligrosa vocación por revivir la guerra fría con todas
las letras: "...la amenaza soviética ha desaparecido. No
sólo nuestras fuerzas armadas se ven comprometidas por
este cambio radical, también nuestra imagen de nosotros
mismos. (...) Ahora que se ha superado la amenaza
soviética, tenemos que reconstruir la nación. Pero sin
ese peligro externo, nos puede faltar la identificación
necesaria para salir adelante".
Por eso, en su curiosa introducción al Documento, James
P. Lucier, director de staff del Comité de Relaciones
Exteriores del Senado de los Estados Unidos, dice
también sin ambages: "Aunque los días en que debimos
defender la independencia de las repúblicas de Sur
América parecen haber pasado, aún persiste el hecho de
que aquella seguridad y libertad, tanto de los Estados
Unidos como de las repúblicas sudamericanas están
inextricablemente unidas. Como deja claramente expuesto
Santa Fe IV, la soberanía y la integridad de un cierto
número de países se hallan en riesgo, no por otra nación
sino por organizaciones criminales internacionales tan
poderosas que le están denegando a los pueblos de Sur
América su herencia de libertad".
Lucier mismo, con inesperada ternura, describe a los
autores de Santa Fe IV como hombres que han "vivido un
romance de toda la vida con América del Sur y Central".
Otra apelación a las relaciones carnales de quienes
vivieron en nuestra región "en el campo de los negocios
privados, el periodismo, los más altos rangos del
servicio militar estadounidense, los servicios de
inteligencia y el cuerpo diplomático". Profesiones,
todas ellas, de alto contenido "amoroso".
Ya no está en el Santa Fe IV aquel Roger Fontaine que
pontificaba: "América Latina y el Sur de Asia son
escenarios de refriegas de la tercera fase de la Tercera
Guerra Mundial. Las primeras dos fases –contención y
distensión– han sido continuadas por la estrategia
soviética de doble envolvimiento: interdicción del
petróleo y minerales de Occidente y por el cerco de la
República Popular China". (República esta última, que ha
pasado a ser el malo principal de la nueva película.)
Pero hay entre los redactores del IV varios veteranos
del primero, como el ya citado general Gordon Sumner Jr.;
el diplomático e historiador Lewis Arthur Tambs,
profesor como varios "santafesinos" de la Arizona State
University, o el ex embajador norteamericano en Perú,
David Jordan. Amén de un calificado grupo de asesores y
especialistas nucleados en el Center for Hemispheric
Studies del American Enterprise Institute, que según el
trabajo preliminar de Carlos Suárez y Beba Balvé, "han
estado vinculados a los grupos contrarrevolucionarios
cubanos y a las organizaciones paramilitares de
Guatemala y El Salvador". Discípulos además del profesor
Nicholas J. Spykman, quien en su libro Estados Unidos
frente al mundo escribió: "La guerra es la situación
normal en las relaciones internacionales y la paz es
sólo un armisticio entre la guerra que pasó y la que
viene".
¿Cuál viene? ¿Dónde? En lo que a nuestra desdichada
región respecta, los autores del Santa Fe IV identifican
–con cierta tendencia al ritualismo cabalístico– algunos
problemas y desafíos que encajonan en lo que llaman "las
nueve D" que merecen la mayúscula: Defensa, Drogas,
Demografía, Democracia Populista, Desestabilización,
Deforestación y Declinación de Estados Unidos. (Esta
última por culpa del "abandono" de América Latina que se
operó durante la Administración Clinton, que privilegió
las relaciones con Europa y China.)
Cada "D" permite ubicar los problemas, pero también
subrayar la supuesta potencia de los nuevos enemigos que
desafiarían la hegemonía estadounidense: después de la
estratégica China, "los capitanes de la droga de América
del Sur, especialmente las FARC y el ELN de Colombia
(sic) (...) el castrista Chávez de Venezuela" y "el
surgimiento de un militarismo izquierdista en los países
andinos que finalmente está obteniendo un poco de
atención por parte de los medios, en la medida en que el
‘bolivarismo’ se convierte en un grito de ataque de los
comunistas y socialistas".
La visión conspirativa del nuevo Comité de Santa Fe
introduce un toque muy sabroso al vincular a los
competidores europeos con el delito: "Los bancos
españoles, supuestamente financiados por los
narcodólares de la mafia rusa, cubrieron el continente
en lo que se llegó a conocer como ‘la reconquista de las
Américas’". (Es divertido recordar que el inicio del
conflicto entre el Station Chief de la CIA en Argentina,
Ross Newland, y el ex jefe de la SIDE, Fernando de
Santibañes, se debió a que el banquero –vinculado en su
momento al Banco Francés, que pertenece al español Banco
de Bilbao Vizcaya– no estuvo a la altura de los
requerimientos norteamericanos de apoyo para investigar
en Argentina a la mafia rusa.)
Según Suárez y Balvé, la nueva evaluación del Comité de
Santa Fe ya tiene principio de ejecución en la política
exterior que empieza a aplicar Bush, no sin algún
tropiezo importante como la caída del avión espía en
territorio chino. Santa Fe IV recomienda: "No deben
ignorarse los pronunciamientos chinos de guerra
asimétrica. Las democracias frágiles del hemisferio son
especialmente vulnerables a esta amenaza (...) A
continuación se plantean los principales elementos
geoestratégicos que siguen siendo importantes para la
seguridad nacional de Estados Unidos:
1) Control de los Estrechos Atlánticos.
2) Uso del Canal de Panamá (que fue "devuelto" a fin de
1999 al pequeño país donde fue trazado, pero que según
los "santafesinos" estaría siendo operado por compañías
de cobertura de los chinos).
3) Una ruta sureña, segura, alrededor del Cabo de
Hornos.
4) Seguridad de que los países del hemisferio no son
hostiles a nuestras preocupaciones de seguridad
nacional. Además, que los recursos naturales del
hemisferio están disponibles para responder a nuestras
prioridades nacionales. Una Doctrina Monroe, si
quieren".
|