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LA SÉPTIMA DÉCADA DEL SIGLO XX
La
Revolución cubana influyó en todo el mundo.
Las artes plásticas reinterpretaron lo mejor de la
imagen internacional y la gráfica, el diseño
editorial y el cartel se encargaron de transmitir nuevos
mensajes, y hacerlo de otra manera, alcanzando los más
altos niveles estáticos de su historia.
Moraima
Clavijo Colom |
La Habana
Fotos: Diego
El museo nacional de
Bellas Artes se ha propuesto evocar una década. El reto
es complejo porque en el pasado siglo cada una estuvo
marcada por un signo distintivo.
Sin ánimo de
edulcorarla ―porque la vivimos sin ser consientes de su
trascendencia― los 60 influyeron decisivamente en gran
parte de los nacidos en la primera mitad del siglo XX y
aun en los que lo hicieron muchos años después. Las
ansias de libertad y de justicia, de rebeldía e
inconformismo, de amor y de paz, se mezclaron en
nuestras conciencias de forma decisiva y por fortuna aún
nos acompañan.
La exposición ha
pretendido recordar ―pensándolo― los aquellos mal
llamados dorados, porque poco tenían de frívolos u
ostentosos. Por esto, se incluyen todas las
manifestaciones artísticas que constituyeron el ámbito
cultural de entonces, con genialidades, aciertos e
inevitables cursilerías que no resisten la mirada
crítica cuatro décadas después.
Si la entonces
Revolución cubana influyó en todo el mundo, en nuestro
caso determinó nuestras vidas y su reflejo en la cultura
fue inmediato. El teatro, la danza, la música y el cine
fueron ya otros, y estuvieron por primera vez al alcance
de casi todos los públicos. Las artes plásticas
reinterpretaron lo mejor de la imagen internacional y
la gráfica, el diseño editorial y el cartel se
encargaron de transmitir nuevos mensajes, y hacerlo de
otra manera, alcanzando los más altos niveles estáticos
de su historia. Las fotos que trascendieron su época,
testimoniaron como pocas veces aquel nuevo universo.
La televisión, la
moda y hasta la gestualidad sufrieron cambios. La mujer
ocupó otro papel definitivamente y sus comportamientos y
actitudes fueron otros.
Un poco de todo esto,
tratando de evitar sumatoria y ante el riesgo que impone
poder lograr una coherencia del “espíritu” de esa
década, es la exposición que hoy presentamos,
trascendiendo la curaduría tradicional y adoptando la
multidisciplinariedad literalmente espectacularidad,
que caracteriza con frecuencia las grandes exposiciones
contemporáneas que realizan museos y centros culturales
en distintas partes del mundo.
Hacer coincidir esta
muestra con el verano, permitirá además a nuestro
público acercarse a algunos protagonistas de literatura
y la crítica de unos años contradictorios y convulsos,
releer o abrir por primera vez aquellos libros; conocer
los proyectos arquitectónicos más representativos que se
hicieron en realidad en nuestras ciudades, también saber
de otros que quedaron inacabados o no tuvieron una feliz
realización.
Comentario aparte
merece el gran mural de círculos concéntricos en cuyo
empeño trabajaron sin descanso, animados por Lam, gran
número de artistas hoy considerados hombres
imprescindibles de la plástica del pasado siglo y que
con entusiasmo asistieron al Salón de Mayo en La Habana.
La exposición misma
no tendrá actividades colaterales. La presentación de
cada manifestación formará parte del conjunto
museológico, en un todo rodeado de referencias del rico
acontecer de aquellos años, que sin darnos cuenta ya a
casi medio siglo de distancia y del que gran parte de
nuestros espectadores carece de información visual.
Únicamente con la
extraordinaria colaboración del equipo excepcional de
especialistas y estudiosos que nos han ayudado desde sus
distintas ramas del quehacer artístico y cultural, es
que esta muestra ha sido posible. A todos, nuestra más
profunda gratitud.
Evocación tratando de
evitar nostalgia, recordar no es “volver a vivir”, los
años que pasaron dieron paso a otros que también fueron
importantes. Reconozcamos solamente un cierto
privilegio, en poder asociar este rico universo a tantas
vivencias y recuerdos propios.
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