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NORMAN MAILER ESTÁ
MÁS ENFADADO QUE NUNCA
 
A sus 82 años casi no concede entrevistas, pero cuando lo hace, se convierte en una máquina de titulares. “La conciencia moral de América”, como lo definió el crítico literario Harold Bloom, está más enfadada que nunca.
 
Cristina Carrillo de Albornoz| Periodista Digital  


Ha cambiado el whisky por el té, y su espíritu aventurero ya solo lo desarrolla sobre el papel en blanco, pero continúa tan mordaz y polémico como siempre. Sus últimos libros: ¿Por qué estamos en guerra?, un texto muy crítico con la Administración Bush, y El fantasma de Harlot, resultado de 40 años de estudios sobre la CIA. Cuando el escritor Norman Mailer mira hacia atrás, asegura haber tenido mucha suerte. Se hizo famoso y rico con tan solo 25 años cuando en 1948 publicó Los desnudos y los muertos. A partir de ese momento cultivó todos los vicios y algunas virtudes, desde el arte de la provocación hasta las mujeres, la bebida o las drogas. Por si fuera poco, se define como “conservador de izquierdas”. Mailer, amante del boxeo y de Marilyn Monroe, es un hombre con gran sentido del humor que dice “tener ego para ir con eficacia por la vida”.

Tras el 11-S, fue de los primeros en alzar la voz contra el atentado...

Norman Mailer. Odio el terrorismo. Creo en la reencarnación y, por tanto, en que cada uno de nosotros debe enfrentarse a su propia muerte preparado, dispuesto a vivir la próxima existencia. Es horrible que te maten sin previo aviso. La finalidad del terrosismo es hacer de la vida algo absurdo.

España también ha tenido su 11-M.
Lo significativo en España con el 11-M es que la reacción ciudadana ha sido la contraria a la estadounidense tras el 11-S. Entonces, mi país dio un giro a la derecha. España lo ha dado hacia la izquierda. Y me atrevería a sugerir que, sea la izquierda o la derecha la que esté en el Gobierno, la solución al terrorismo no se producirá con una guerra. Para empezar a ser eficaz, se necesitaría un esfuerzo concertado de la Policía de medio mundo. Y eso es algo que encierra dificultades. Los servicios de inteligencia y la Policía no cuentan con muchos antecedentes de colaboración eficaz.

En su libro ¿Por qué estamos en guerra? señala que hay que tolerar ciertas dosis de terror. ¿Se puede vivir así?
Nuestro estado de ánimo sabe que estamos en guerra y nada podemos hacer en esta tesitura. Hay que aprender a vivir con inquietud; las guerras que hemos conocido hasta ahora tenían un fin, pero con el terrorismo no hay final, porque no negocia. Pero tampoco puede ganar. El terrorismo es una esquirla del naufragio espiritual del mundo.

En El fantasma de Harlot aparece por primera vez un Norman Mailer tierno. ¿Es la ternura una emoción fácil para usted?
Es tan importante como la severidad. Creo que es la manera de mirar a los personajes y a la vida. En ese sentido, Tolstoi es para mí una guía de trabajo magnífica. Tiene el poder de albergar una gran compasión hacia los demás, pero a la vez nunca le falta un juicio moral severo. Eso es lo que busco.

En el libro hay también una amplia presencia de la mujer. Usted, que ha criticado la revolución feminista con gran sarcasmo, ha declarado que, tras muchas aventuras y seis matrimonios, comenzaba a saber algo de ellas. ¿Cómo lo logró?
Siempre asumí que las mujeres razonaban como los hombres. Algo totalmente idiota de puro evidente. Pero en los años 70 volví a leer el soliloquio de un personaje mío de los 50, el de Elena, y algo se desactivó. Siempre sabemos mucho más de lo que pensamos, si no, no podríamos ser escritores. En cualquier caso, creo que las mujeres son más responsables.

¿Qué le han enseñado?
Probablemente, más que los hombres. Imagino que se debe a que están más conectadas con el misterio de la creación que nosotros.

Su novela describe una América necesitada de héroes; de apremio para luchar contra el mal y la corrupción, contra un mundo de malos y buenos. ¿Qué paralelos encuentra con el presente?
La situación actual es exacta a la de El fantasma de Harlot. Los agentes de los servicios de inteligencia actúan por diferentes motivos. Algunos son ambiciosos; otros, patriotas; algunos, escrupulosos; otros, salvajes aventureros. Y todos se mueven entre gente que habitualmente suministra información falsa, en un revoltijo de mentiras, corrupción y distorsión. Al final, este revuelto indigesto se les muestra a los políticos. Ellos, a su vez, lo tratarán con los presidentes, los primeros ministros y los ministros de la guerra, que seleccionan y escogen. Todo vuelve de nuevo al servicio de inteligencia, y los más ambiciosos de sus agentes se cuidan de adaptarlo a lo que los líderes desean. Sesgan aún más la información. Al final, el resultado no es más que una manera perspicaz de satisfacer el deseo de un jefe.

El presidente Bush no es precisamente su ideal. Usted dice que últimamente se ha vuelto tolerante, excepto con la estupidez, y que por eso no se sentaría a una mesa con él.
Bush comenzó mal, porque su elección fue cuestionada. Pero lo terrible de él es su visión pobre y simple del mundo, como un lugar en blanco y negro, de buenos y malos. Su patriotismo falso y febril. Su uso del “mal” como un narcótico para la ciudadanía, su ignorancia de los asuntos internacionales, su mística enloquecida de que puede hacer cualquier cosa. Es astuto, pero su orgullo norteamericano, basado en el dinero, el deporte y el despliegue de poderío militar, no conduce más que a una decadencia moral cercana a la del Imperio romano. Y lo más terrible es que en su presidencia los estadounidenses han aceptado un recorte de sus libertades de hasta un 50 % a cambio de más seguridad. Si hay algo que amo es la libertad. Yo he tenido la extraordinaria suerte de ser libre.

¿Cuál es su concepto de libertad?
Ser capaz de decir lo que pienso sin sentir ningún temor al hacerlo.

En el caótico presente, ¿dónde hay esperanza?
Debo decir que la encuentro en el pueblo americano. Porque aunque muchos vean las cosas a través de un charlatán como Bush, el 50 % del pueblo se está dando cuenta de que es un fraude. Y eso es muy de destacar, sobre todo considerando lo habilidoso y manipulador que es. Resulta imposible cazarle en un error. Sabe lo suficiente para evitar tropezar con los hechos reales.

¿Cuál es su actitud ante el imperio de la realidad virtual en el que nos estamos hundiendo?
Creo que la forma más fácil de eliminarla es derrotar al presidente Bush en las próximas elecciones. Es un hombre que vive enteramente en la realidad virtual. Sospecho que ve la vida como si fuera un videojuego. La realidad virtual es tóxica para una política exterior seria. Cuando dice que es “un presidente de guerra”, es como si hubiera elegido ser un concursante de su videojuego.

Hablando de los peligros de la tecnología, afirma: “La tecnología será la única cultura del futuro. La cultura no será importante”. ¿No cree que eso pueda significar el fin de la humanidad?
Es perfectamente posible que la tecnología confirme el fin de la humanidad. La tecnología puede ser mortal para la moralidad; a la larga te aleja de la compasión. Debemos preguntarnos si este será el último siglo antes de que la humanidad toque a su fin. Necesitamos reconciliarnos con los estragos de la tecnología y dominarla, más que lamentarnos.

A sus años, ¿cuáles son sus prioridades y sus mayores placeres?
En esta etapa de mi vida, el trabajo. Tengo nueve hijos a los que amo y una esposa magnífica a la que quiero. Cuando uno llega a mi edad, esos sentimientos se convierten en una parte estable de tu vida. En cambio, la literatura permanece como el ámbito de las aventuras que aún puedes acometer. Y yo soy un aventurero indomable.

Decía que la única insatisfacción de su vida es la de las cosas que nunca ha hecho. ¿Por ejemplo?
He llegado a un punto en que ya no me arrepiento de lo que no pude hacer o tener.

¿Qué hace para mantener la salud física y mental? ¿Lee? ¿Sigue una dieta o algún régimen?
Más o menos. Leo, como con moderación, vivo prudentemente. Gozo de un estado de salud razonable y, como mucha gente de mi edad, padezco toda una serie de aflicciones menores que no merece la pena comentar.

Ha conseguido todo lo que ha deseado y, reconoce, que ha sido mimado por la vida. ¿Cómo puede permitirse ser pesimista?
No me veo como una persona mimada por la vida, sino como alguien estimulado y zarandeado por ella. Lo que sí creo es que he tenido mucha suerte. Pero no me veo como un pesimista, sino más bien realista. La perversidad siempre está lista para influir en la naturaleza humana.

Hablaba de las diferencias entre ricos y pobres. ¿Ser tan rico le ha hecho altruista?
No soy rico. Soy lo que en EE.UU. llaman “pudiente” o “acomodado”, que significa que no me tengo que preocupar por el dinero cada semana, lo que es un gran alivio. Y estoy contento así.

Y la pobreza, ¿no es un absurdo en nuestra época?
Me parece mucho más que un absurdo. Considero la pobreza como algo obsceno. Y creo que la teoría de que el mercado libre se encargará de todo es un absurdo y una obscenidad más. El llamado mercado libre de lo que se preocupa es de enriquecer a las corporaciones más poderosas. Creo que la última tendencia del mercado libre es que los pobres sean aún más pobres.

Tiene fama de poseer un fuerte ego. La fama, que destruye a muchos, a usted no le ha influido.
Un ego fuerte ayuda a desenvolverse eficazmente en la vida. Uno tiene que intentar ser duro, difícil y mantenerse a distancia. Un escritor es como un atleta o un deportista. Tiene que estar en forma para enfrentarse continuamente a grandes competiciones.

Se define como conservador de izquierdas. ¿Qué conserva y qué defiende de la izquierda?
Si uno tiene una familia, un hogar y cree en el trabajo y el sentido del deber; si tiene fe en un Creador, no le queda más opción que ser conservador. Pero hay ciertos valores de la izquierda que se deben mantener. Tampoco podría ser liberal; el liberalismo se basa en una visión optimista del hombre, y el siglo XX no ha confirmado precisamente esa noción.
 

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