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UNA NOCHE COMO ESTA
Guille
Vilar |
La Habana
Las ansias que
tenemos los cubanos de compartir un gran concierto con
Silvio Rodríguez nos llevó a muchos a la Plaza de la
Revolución en el homenaje al Día de la Rebeldía
Nacional.
En tal sentido, el
espectáculo ofrecido por Silvio junto a Leo Brouwer, la
Orquesta Sinfónica Nacional y un coro gigantesco el
pasado 22 en la capitalina Plaza, se convirtió en una
emotiva velada con implicaciones diversas. Ya la
histórica Plaza ha sido en otras oportunidades el
escenario que por derecho propio se merece un artista
del rango de Silvio por su arraigo ente los cubanos.
Recordamos el alborozo de una Plaza repleta de voces
conocedoras de sus canciones en el concierto de clausura
de su Gira por la Patria hace dos décadas atrás. Pero en
el evento al que hacemos referencia, dedicado por Silvio
a la memoria de Antonio Gades, la expresividad fue
dirigida hacia nuestro interior profundo para una
reflexiva introspección. De hecho, la esencia misma de
la música sinfónica es el cauce natural de semejantes
sensaciones, como ocurre con las orquestaciones
realizadas para la ocasión por Brouwer a las canciones
del trovador, además de otras dos que hizo Silvio para
incluir en su disco Expedición, piezas que sin dejar de
ser las mismas, asumen una envestidura diferente. Pero
el simbolismo mayor que define la trascendencia de esta
celebración es la presencia de quien dirigiera las
acciones armadas de aquel 26 de julio, nuestro
Comandante en Jefe Fidel Castro.
Escuchar junto a
Fidel , la imponente cantata oratorio Carmina Burana de
Carl Orff interpretada en este particular escenario por
nuestra Sinfónica y una reunión de diferentes coros,
bajo la dirección del maestro Brouwer, nos impresiona
todavía más en su monumentalidad al percibirla con
similar dimensión épica del significado de esta fecha en
nuestra historia. Después de esta apertura, la
presentación de Brouwer con Silvio mantiene la sobriedad
del espectáculo. Amigos desde la época del Grupo de
Experimentación Sonora del ICAIC donde Leo abre al
trovador la multiplicidad de los caminos en el arte,
ambos representan cúspides de la cultura universal que
repletan auditorios a donde quiera que se les convoque.
Sin embargo, la humildad y naturalidad que distingue a
ambos creadores, los lleva a seleccionar un pequeño
grupo de canciones de entre las tantas composiciones
de Silvio para alcanzar con los arreglos sinfónicos, una
atmósfera muy especial.
La magia de la noche
en la Plaza, con una hermosa medio luna en el firmamento
y el respetuoso silencio entre los miles de espectadores
bajo la mirada insomne de Martí, estuvo en la mesura de
las orquestaciones y en el mensaje de esperanza en la
humanidad de las canciones de Silvio como Rabo de Nube y
La Vida, culto de amor refrendado por su máximo impulsor
en nuestro país, Fidel.
Una noche como esta, es de esos momentos para
interiorizar el alcance del significado de la frase del
Jefe de la Revolución en lo relativo a que lo primero
que se debe de salvar es la cultura. |